La cuarta edición de Manifesta, la Bienal europea de arte contemporáneo, se realiza del 25 de mayo al 25 de agosto en la ciudad de Frankfurt, después de haber ocurrido en Rotterdam en 1996, en Luxemburgo en 1998, y en Lubliana en el 2000. La estructura de la bienal es nómade y dinámica: más que una bienal convencional es una plataforma abierta que en cada edición cambia de ciudad y de curadores. Este año, el grupo de curadores estuvo compuesto por Iara Boubnova, Nura Enguita Mayo y Stephanie Moisdon Trembley, de las ciudades de Sofía, Barcelona y París respectivamente.
En su cuarta edición Manifesta tuvo la suerte y la desgracia de ocurrir simultáneamente y muy cerca de Kassel, donde se está llevando a cabo la Documenta XI; una coincidencia que desvió a Frankfurt un público internacional (especialmente público no europeo) que en otras circunstancias tal vez no hubiera asistido al evento. Este es, por ejemplo, mi caso. Y lo que en un sentido es una coincidencia positiva, en otro sentido quizás no lo haya sido, porque el público que venía de Kassel se encontró con que Manifesta, en comparación con la ambiciosa y compleja Documenta XI, aparece como un evento relativamente débil a nivel curatorial, y si bien también es un emprendimiento complejo en el modo en que conjuga obras de artistas emergentes de toda Europa, con un aire indudablemente escolar.

Los artistas que participan en Manifesta son en general artistas jóvenes provenientes de toda Europa, o más bien de una Europa extendida que incluye no sólo los países y ciudades del Euro cada vez más poderoso (como es, casualmente, Frankfurt) sino también artistas provenientes de esa periferia europea que son los países del Este. A esto se refieren los organizadores de la bienal cuando se refieren pomposamente a la “misión pan-europeísta” del evento. Pero a pesar de que las condiciones estaban dadas, en esta Manifesta hubo poca frescura. La tendencia a la politización, a la interdisciplinariedad, a la profesionalización de las prácticas artísticas, a los artistas ofreciendo servicios varios a las instituciones (diseño gráfico, diseño expositivo, colección de publicaciones, o producción intelectual de eventos) y la tendencia a la crítica institucional, aparecieron como las estrategias preponderantes de la muestra, pero funcionaron menos como maneras alternativas de pensar en el arte y su contexto socio-político o como estrategias para producir fricciones y aperturas, que como fórmulas inacabadas y hasta ingenuas, ya que en general los artistas no logran resolver el problema de la legibilidad de sus proyectos (y a veces ni siquiera el problema de la más básica visibilidad de los mismos). Lo que quiero decir es que los que parecen proyectos interesantes en las gacetillas de prensa, cuando se buscan en el espacio concreto de la exposición son invisibles o aparecen “desactivados”, provocando un comprensible escepticismo en el espectador. El proyecto del español Daniel García Andujar, que consistió en diseñar y poner en funcionamiento e-manifesta.org, un espacio virtual y físico para la discusión libre de cuestiones propuestas por artistas y curadores, fue de los más exitosos en este sentido, así como el generoso proyecto del grupo Revólver, que presentó un kiosco en el que se exhibía una vasta colección de publicaciones independientes de arte contemporáneo que el grupo viene adquiriendo desde hace unos años.

Entre los proyectos que aspiraban a democratizar el proceso y el espacio expositivo de la bienal, Luchezar Boyadjiev ofrecía retratar a los habitantes anónimos de la ciudad de Frankfurt por una modesta tarifa, el grupo Finger produjo una vidriera-exposición, la gente del Instituto de antropología cultural y etnología europea realizó carteles contando la historia de diversos puntos de la ciudad, Mathieu Mercier diseñó un espacio de exposición para los archivos de Manifesta 4, y Sal Randolph creó el concepto de una Free Biennial, un espacio abierto para cualquier artista que quisiera exponer en Manifesta.
Además de estas intervenciones, la exposición fue enfáticamente anti-objetual. Las obras se distribuyeron entre cuatro instituciones (Frankensteiner Hof, Portikus, Frankfurter Kunstverein, y Städelsches Kunstinstitut) y en una serie de espacios alternativos que abarcan desde la estación de tren al aeropuerto, de las riberas del río a una isla; puntos todos bastante difíciles de encontrar para el asoleado visitante novato, a pesar de que “la imagen” institucional de esta Manifesta consistía en una serie de flechas señalizadoras rojas de distintos formatos, que aparecen en el catálogo, en mapas varios, y que también funcionan como señalización en los distintos lugares de la ciudad en los que había obras.

Las obras más interesantes de esta Manifesta fueron entonces videos, películas y documentales. Una de las obras más simples e inteligentes que trata el problema de la diáspora es el video de Jun Yang, artista nacido en China en 1975, que emigró con su familia a Viena siendo niño. El video es una breve, cómica historia de los avatares que sufre el nombre del artista en occidente, en donde se lo escribe mal, se lo confunde con un nombre femenino (por ejemplo “Miss June Young”) o se lo invierte. El enigmático y de algún modo tétrico video Trembling Time de la israelí Yael Bartana expone en distintas velocidades y ritmos recesivos el silencioso detenimiento del tráfico nocturno en una carretera de Tel Aviv durante una “sirena nacional.” El francés Olivier Bardin invitó a un grupo de mujeres extranjeras que viven en Frankfurt a encontrarse frente a su cámara, en un set publicitario. El video es una composición extremadamente sutil en la que voz en off e imagen van enhebrando la compleja dinámica de representación social y comunicación entre un grupo de mujeres que no hablan el mismo idioma. El delirante video Why it’s time for Imperial...again de Gerard Byrne es una reactuación de una conversación entre Frank Sinatra y Lee Iacocca acerca del auto norteamericano ideal que originalmente salió publicada en un aviso de Chrysler en 1980. La obra plantea una visión paródica de la cultura norteamericana a través de las fantasías de dos de sus íconos más paradigmáticos, interpretados aquí por dos actores desconocidos. Los autos y motos parecen ser también protagonistas de las breves historias incompletas que la artista Jeanne Faust filmó con un grupo de habitantes de una nueva zona residencial en el suburbio alemán de New-Allermohe. Otra serie de videos que comentan el espacio social de los proyectos habitacionales, es el par de documentales en los que la artista Pia Ronicke analiza, como enfoque didáctico-antropológico, la realidad cotidiana de un complejo urbanístico modernista a través de visitas guiadas al sitio y testimonios de la gente que vive o vivió en dicho proyecto.
Los curadores de la muestra fueron: Iara Boubnova, Directora y Fundadora del Instituto de Arte Contemporáneo, Bulgaria; Nuria Enguita Mayo, Curadora en Jefe de la Fundación Tàpies en Barcelona, España; Stéphanie Moisdon Trembley, curadora independiente y co-fundadora de bvd (bureau des videos), París, Francia.
INÉS KATZENSTEIN

