José Dávila (Guadalajara, Jalisco, 1974) se ha convertido en un nombre importante en la escena de jóvenes artistas mexicanos en la que ha participado activamente desde hace varios años. Primero lo hizo de manera colectiva junto con otros colegas que también han repuntado como artistas, formando en 1997 un grupo conocido como Los Incidentales, conformado por Gonzalo Lebrija, Javier Dueñas, Hugo Cervantes, Cheneque, Foit, Diego Quiñones, Francisco Ugarte y el mismo José Dávila. Éstos participaron en las dos últimas ediciones de la Feria Internacional de Galerías en Guadalajara, Expoarte Guadalajara, presentando una de las propuestas emergentes y más frescas de la misma. Hicieron exposiciones paralelas a dichas ferias además de tener stands. Los Incidentales empezaron a experimentar con espacios, conceptos y formas de arte. Dávila, a su vez, comenzó a trabajar en intervenciones, instalación, fotografía y video, desde donde se puede trazar su principal preocupación actual relacionada con el espacio en sus diferentes maneras de representarlo, subvertirlo, mutarlo, etc. Los Incidentales se dedicaron a realizar proyectos de intervención urbana en sitios peculiares trabajando con la noción de inserción en el contexto, entre otras cosas, siempre en un diálogo con el lugar y su función. Hicieron proyectos en diversos espacios en Guadalajara, como el último piso del edificio más alto, unas canchas públicas de squash, una casa abandonada en la zona residencial más cara, un estudio de televisión y una oficina de arquitectura. Este grupo dejó de funcionar y operar en septiembre de 2000.
Dávila habla de esta experiencia como “algo muy importante en mi formación como artista, ya que fue donde empecé a ligar a la arquitectura con el arte en mi práctica personal y en donde pude poner a experimentación muchas estrategias de aproximación a un proyecto. Fue importante porque en parte fue donde empecé a trabajar como artista desde mi práctica como arquitecto”.
José Dávila ha dejado ver en su obra gran influencia de su formación como arquitecto, ejemplificada magistralmente en sus más recientes muestras. En la residencia y posterior exposición en Camden Arts Centre de Londres en 2001, titulada Temporality is a question of survival, aprovechó la construcción que se hacía paralelamente en las salas de exposición para construir, en el exterior de las galerías, un espacio interior. Este interés por revertir el adentro y el afuera es un punto clave de la investigación actual de Dávila.

Para su (primera) exposición individual en la Galería Enrique Guerrero, Dávila intervino el espacio de una manera sutil pero contundente, presentando una muestra en tres partes: cambio de color de la fachada del espacio con inserción de cédula, dibujo esquemático de la calle donde se ubica la galería y tres obras enmarcadas tituladas Plástico plástico I, II y III.
Originalmente, la fachada de la Galería Enrique Guerrero era de colores rosa, amarillo y azul, reminiscentes de la arquitectura de Luis Barragán y Ricardo Legorreta, que han quedado en el imaginario colectivo como indiscutiblemente mexicanos. Al pintarla de blanco e insertar la cédula Fachada, 2002, pintura sobre muro, Dávila logró el efecto de neutralizar y anular con el cambio la memoria de la misma, eliminando su rasgo distintivo. Al entrar al espacio, en el muro más largo de la sala principal pintó con trazos simples y esquemáticos el levantamiento de la calle completa donde se ubica la galería, sintetizando las líneas, uniformando todo en blanco y negro, eliminando profundidad al sólo mostrar el primer plano y olvidando el contexto y los rasgos característicos como el color y la textura. Por lo tanto, la fachada —ahora también blanca— se convierte en su propio paralelo “ideal y neutro” mostrado en el interior de la galería.
Completan la muestra Plástico plástico I, II y III, tres marcos de gran formato de aproximadamente dos metros de alto que contienen —cada uno protegido por vidrio— plásticos que habían servido en repetidas ocasiones para proteger los pisos al pintar de blanco las paredes de la galería entre exposiciones. Estos plásticos sirvieron hasta antes de la apropiación de Dávila, tanto metafórica como realmente, para anular la memoria entre exposición y exposición regresando los muros a la neutralidad. Cada gota en los plásticos equivale a una gota a la cual le ganó la gravedad impidiéndole llegar a su meta (el muro), encontrando albergue en el plástico protector y previsor de tal accidente. Formalmente, estos tres enormes "plásticos protectores anti-derrame en el piso" han tenido mejor destino gracias al rescate de Dávila, quien encontró en ellos la belleza que enmarcada y protegida es indiscutible y que, gracias a Duchamp y a su gran aportación del ready made, se han convertido en obras formales abstractas evidentemente referenciales a Pollock, Tàpies, Richter, etcétera. Para Dávila, estas pinturas son representación de la huella de un proceso mecánico y no compositivo.
Revertir espacios, anular la memoria, el color blanco y mostrar la neutralidad son los hilos conductores de esta exposición con la que José Dávila va dando pasos certeros con los que demuestra que además de tener fuertes y claros principios conceptuales, mantiene también calidad técnica y belleza inminente.
FRANCISCA RIVERO LAKE
