Exposición Individualoct 2002 - dic 2002· Por Nelson Herrera Ysla

Jorge Caunedo

Plaza de la Catedral

En tres salas contiguas (a la espera de su restauración) de un edificio colonial importante situado en uno de los extremos de la Plaza de La Catedral (la antigua Casa del marqués de Arcos en el Centro Histórico de La Habana Vieja), el joven artista autodidacta Jorge Caunedo exhibió diversas obras en las que alternaba pintura, impresos, objetos y esculturas agrupadas en tres áreas correspondientes al hombre, la insularidad y el entorno inmediato, bajo el título de Área semi-restringida, en abril y mayo de 2002.

Por primera vez, Caunedo se lanzaba (apoyándose quizás en su formación como arquitecto) a intervenir espacios, en este caso en mal estado (muy poco favorables para la exhibición convencional de obras de arte), con total desprejuicio y muchos deseos de confrontar un público heterogéneo familiarizado, en su mayoría, con lugares legitimados e institucionalizados que se han dedicado a promover el arte cubano tanto en la capital del país como en el interior. Uno de sus propósitos, precisamente, fue el de mostrar varias obras y el propio espacio como elementos de un mismo conjunto, un todo, a riesgo de aparentar una exposición inacabada, inconclusa, aunque dispuesta a deparar no pocas sorpresas al espectador.

Lo que uno recordaba de estos espacios es que albergaron durante años al Taller Experimental de Gráfica de La Habana y luego fueron abandonados: sobre esos restos de humedad, pisos quebrados, ventanas a medio destruir, puertas ausentes, ladrillo y piedras a la vista, el artista organizó su propio montaje y “limpió” algunas de las “evidencias” arqueológicas que el tiempo erosionó, para complementar sus ideas en torno a los tópicos enunciados. Así, por un lado actuó a la manera de Robinson Crusoe, construyendo todo desde el inicio (sin recursos ni financiamiento externos), y por otro, desarrolló su propia concepción en cuanto a la viabilidad de alternativas a la exhibición de obras fuera del esquema general de las instituciones dedicadas al arte en Cuba, como un modo de medir capacidades, la vulnerabilidad de ciertos límites y su espíritu de resistencia frente a cualquier adversidad.

Trató, además, de relacionar arte y arquitectura en niveles de sensación espacial y esfuerzo humano como no se había visto aquí en La Habana (sin contar la experiencia de Espacio Aglutinador, desarrollada por Sandra Ceballos y Ezequiel Suárez a principios de la década de 1990), y dirigir el talento hacía varias direcciones: fotografía, dibujo, pintura, collage, objetos, escultura, grabado, técnicas mixtas, en esta su cuarta exposición personal. Caunedo es atrevido, audaz, hasta límites insospechados, y logra salir airoso de la prueba en que yuxtapone el drama de los homeless, la emigración, la guerra, las dificultades económicas.

Exposición Individual: Jorge Caunedo — imagen 1
Jorge Caunedo. Cartas de familia, 2002. Collage.120 x 60 x 45 cm. (47 1/5 x 23 1/2 x 17 3/4 pulgadas).

Las obras están hilvanadas en su poder de síntesis y por la economía de medios empleados, que les otorga un aura mucho más cercana a la cartelística que a la pintura u otra expresión. En ellas no aparece el más mínimo asomo de complacencia, ni enseñan sus garras las concesiones coyunturales que el mercado del arte ha traído a la delicada situación económica que vive el país, pues su interés no radica en legitimar nada de lo establecido o sancionado. Hay, eso sí, elementos yuxtapuestos de afectividad y emociones, ya que la mayoría de los temas son realmente sensibles en el imaginario colectivo de una sociedad que mantiene una lucha permanente con ellos.

El uso de materiales tan diversos como harina, aceite, huevo, fuego, polímeros, alambre, acrílico, hilo, bolsas de plástico y papel, baldosas, papel timbrado y sobres de cartas, postales de correos, periódicos, tickets, animales disecados, le confieren un especial sentido de precariedad, por un lado, y urgencia, por otro, a la vez que resultan cálido homenaje a una cultura del reciclaje que emerge en países cuyas situaciones económicas están sujetas constantemente a períodos de crisis. Pero en su caso no es una elección, sino una necesidad incuestionable, el uso de estos materiales, ya que Caunedo no es de esos artistas de solvencia económica que tienen resuelta la producción de sus obras sin grandes dificultades (como hay ya tantos en Cuba), sino que recuerda más bien a otros que en España se conocen como “espontáneos” en la lidia de toros; es decir, los que se lanzan al ruedo y la arena sin que nadie los haya invitado, sin previo aviso, listos para desarrollar faena frente a un público enardecido que no deja de aplaudir tan extraordinarios gestos llenos de peligrosidad, entereza y valentía.

De ahí el humor que corroe el propio título de la muestra porque él está “semirrestringido” en el uso de ciertos materiales y tal vez de ciertos espacios... y no lo oculta.

Sus mejores piezas se encuentran en el campo de la técnica mixta y el objeto, y en el manejo muy hábil del dibujo sobre la base de elementos no tradicionales (como el empleo del alambre para delimitar las figuras y su posterior impresión en seco sobre cartulinas.) Se perfila como artista, artesano y espacialista, con evidentes dominios en cada uno de los niveles. Pese a traer de nuevo a colación el tema de la insularidad, lo hace desde una perspectiva diferente por cuanto acentúa la dualidad social y psicológica, la disyuntiva a que estamos constantemente sometidos, y que hace bien evidente en el título de una de las piezas más notables de la exposición: Cuba doble.

El resto de los temas que le atraen son tratados desde una postura lírica, sin estridencias acusadas, sino tratando de pulsar otra cuerda que no ha sonado hasta hoy en el panorama de las artes visuales en Cuba, lo cual es una tarea difícil, por cierto. Caunedo lo logra con un perfil bajo y desde una modestia conceptual diferente de la habitual en nuestro medio. Esperamos con sumo interés sus nuevas incursiones por los bordes de lo institucional.

NELSON HERRERA YSLA

Jorge Caunedo, por Nelson Herrera Ysla | artnexus