La piel, nuestro órgano más grande, ocupa aproximadamente 18 pies cuadrados de la superficie del total del cuerpo de un hombre adulto1. Funciona como barrera protectora, contenedor y regulador de los fluidos y temperatura corporales. El órgano percibe distintos niveles sensoriales, registra dolor y placer, responde al frío y al calor, transmite estados emocionales y físicos y conlleva las terminaciones nerviosas que proveen del sentido del tacto. Es una membrana que se autorreconstituye, que está tanto viva, como muerta: el último estrato es continuamente desechado y renovado en un ciclo sin fin. De todos modos, esta habilidad regeneradora tiene sus límites: la piel registra el proceso de envejecimiento, perdiendo elasticidad con el tiempo, exhibe finas líneas, arrugas y piel floja, que el cuerpo ha ganado a través del tiempo.
En Por Piel, una exposición organizada por el curador invitado Enrique Faria, 11 artistas fueron reunidos de acuerdo con asociaciones visuales y conceptuales relacionadas con este tema. Desde alusiones a réplicas genéticas, ingeniería de tejidos e identidad racial, hasta la sugerencia de una piel social como una barrera protectora, el tema mantuvo un rol tanto literal como metafórico. Un foco importante de la exposición se concentró en el cuerpo y los modos en los que la forma humana puede ser artificialmente manufacturada, alterada y abstraída mediante la utilización de tecnología contemporánea. Este aspecto fue ampliamente representado por medio de la fotografía y de imágenes digitalmente manipuladas, aunque los objetos escultóricos, como la pelota de fútbol de color de piel humana cubierta por pezones artificiales que fueron introducidos por la artista Nicola Costantino, fueron inclusiones placenteras y atractivas.
La modificación visual del cuerpo humano acarreó nuevos avances en la biotecnología y en la medicina regenerativa. La clonación humana fue sugerida por el trabajo del artista Anthony Goicolea, quien expuso varias escenografías que incorporan varios autorretratos, alter egos en excéntricas fantasías eróticas. Trabajos como el de Margi Geerlinks, Gepetto I, que representa un paternal sastre dibujando la piel de un joven preadolescente por medio de una máquina de coser, nos recuerdan que la concepción de la vida humana puede tener lugar fuera del cuerpo. Las fotografías digitales de Geerlink descalifican la capacidad técnica para la reproducción artificial de miembros y seres humanos: incluso como alternativa para la representación de herramientas biotecnológicas, el artista retoma la concepción a través de formas de trabajo mucho más tradicionales: tejido, crochet y costura.

La alusión al incremento de utilización de tecnología sobre el cuerpo se encuentra presente en la serie de Interiors, de Asís y Cucher, que transforman la piel arquitectónica pública en un espacio privado cargado psicológicamente de sentido. Inclinando las paredes, pisos y techos de estos ambientes con tejido epidérmico, completado con flequillos, poros y folículos capilares, los artistas fusionan el espacio exterior e interior provocativamente, creando un híbrido del cuerpo humano con la arquitectura que éste habita.
Una mirada más tradicional, pero no menos interesante sobre la piel humana, fue representada por las fotografías de Mahais Kessler y Sandra Bermúdez. Creando abstracciones formales, utilizando los cuerpos retorcidos y semisumergidos de sus corpulentos modelos, Kessler continúa la tradición de fotógrafos modernistas como Edward Weston e Irving Penn2. Sumergiendo a sus personajes en una batea de líquido opaco, formas esculturales emergen del fluido generando en la formación de un paisaje abstracto y voluminoso de carnes. De un modo similar, las imágenes que Bermúdez obtuvo de sus propios labios en primerísimos planos mientras que pronunciaba frases comunes como “te extraño”, de alto componente erótico, sugieren al mismo tiempo tanto sus labios como sus genitales femeninos.
El tema de la raza, una conexión obvia con la piel, fue retomado por Andrés Serrano en White Nigger- Negro- Blanco3. Mientras que el título de esta fotografía es muy perturbador, típico del valor por el shock por el cual Serrano es conocido, la imagen en sí es fascinante por la habilidad para ilustrar cómo la producción de la melanina de la piel, el cabello y los ojos puede de hecho cambiar nuestros prejuicios sobre la historia personal y circunstancias de un individuo.
Otros trabajos de la exposición tratan el tema de un modo más abstracto. Ne-uter 2 de Ana Adarve, se refiere al desarrollo de una piel social generada para escudar a los habitantes urbanos del entorno externo. Las fotos de Adarve de calles desoladas y descuidadas de Bogotá que se supone deben funcionar como lugares neutrales sugiriendo nuestra propia actitud desinteresada hacia los extraños en las grandes urbes. Según la artista, el trabajo reflexiona directamente sobre la vida cotidiana de los residentes de Bogotá, cuya falta de interacción con otros habitantes anónimos de la ciudad sirve como un modo de supervivencia.

El provocativo título de la muestra (for skin, foreskin4) un inteligente juego de palabras que sugiere el prepucio masculino, capta la cualidad fetichista de la exposición a través de variadas alusiones al cuerpo, a las revistas de piel y la moda. Con el reciente surgimiento de la cirugía plástica con fines cosméticos, fue sorprendente que no fueran incluidas las obras de arte que tratan más directamente el tema del envejecimiento y las tecnologías desarrolladas para contrarrestar sus efectos, ya que éste parece un marco perfecto para el tema. El diseño digital y arquitectónico es otra área que ha sido omitida en el proyecto; de todos modos, dada la pequeña escala de la exposición, sería imposible incluir todo. Un hecho interesante para observar es que a pesar de que la muestra pone el acento en la idea de la piel, el tema parece ser interpretado de forma superficial: muchas veces es difícil diferenciar entre las capas superficiales del cuerpo del cuerpo y el cuerpo mismo. Dónde comienza y termina la "piel", y a qué está haciendo referencia exactamente a través de la obra de arte, es un punto de debate.
Al final, lo que parece claro es que la tecnología y la transformación médica desempeñan un rol fundamental en el futuro de nuestros cuerpos, tanto en lo que se refiere a adquirir beneficios cosméticos, como en lo referente a modos de prolongar y mejorar nuestras vidas. Ya sea biológica, industrial o estética, la ingeniería de la piel da cuenta de lo inadecuado de nuestra piel natural, haciéndonos cada vez más dependientes de lo artificial. Lo más interesante acerca de este fenómeno se encuentra en los modos en los que nuestra percepción del espacio interior y exterior es necesariamente alterada, como en nuestra habilidad para distinguir entre las porosas fronteras de nuestros cuerpos, y el entorno que los rodean se vuelve cada vez más amorfo5.
NOTAS
1.167 cm2.
2. Las imágenes no convencionales y formalistas de los desnudos femeninos del artista Irving Penn fueron presentadas recientemente en la exposición Earthly Bodies: Irving Penn Nudes, 1949-50 (Cuerpos terrenales: Desnudos de Irving Penn, 1949-1950) en el Museo Metropolitano de Arte en enero de 2002. Las fotografías de Penn representan las masas voluptuosas de carnes humanas retorciéndose y doblegándose en imágenes que contienen reminiscencias de las esculturas neolíticas de la fertilidad.
3. Nigger: en inglés, despectivamente, persona de raza negra.
4. Foreskin: prepucio.
5. En Megalópolis, de Celeste Olalquiaga, la autora describe el fenómeno de la psicastenia, donde el sujeto es incapaz de distinguir entre las fronteras de su propio cuerpo y el mundo exterior, perdiéndose en las experiencias mediáticas y simuladas que lo rodean.
CHARMAINE PICARD

