Exposición Individualoct 2002 - dic 2002· Por María José Ramírez

Danilo Dueñas

Galería Diners

El desafío a los límites del espacio físico y conceptual es contundente en la obra de Danilo Dueñas. No es fácil para el espectador determinar con exactitud en dónde comienza o termina cada obra. Al entrar en la sala se busca recorrerla en desorden tratando de encontrar puntos focales que permitan establecer formatos y significados. Pero sus obras sugieren una multiplicidad de lecturas en cuanto al borde como contenedor y a la vez como espacio contenido. En esa dualidad de percepciones se encuentra el sentido del Espacio liminal, que da título a la exposición.

Dueñas compone pictóricamente utilizando materiales como el metal, y los aglomerados de madera. Grandes paneles de fórmica —en ocasiones no necesariamente parte del montaje— hacen contraste con pequeños ensamblajes de palos quebrados, clavos metálicos, ángulos de cartón y trazos de pintura. Entre ellos, encontramos pequeños formatos rectangulares con líneas en blanco, que se funden con la pared, y en negro, que demarcan límites al color. Como vistas aéreas o mapas de zonas parceladas, esas composiciones creadas con materiales en bruto son cuadros que no requieren del lienzo ni del pincel.

Las paredes de la sala de exposición son como una partitura en blanco que el artista va llenando azarosamente aunque con un nivel de conciencia que establece ritmos y relaciones entre una obra y otra. Para ello, hace incisiones sobre la madera, perforaciones entre las líneas de la composición y eventuales alusiones tridimensionales. Marcos de madera que parecen ventanas dejan entrever trazos de pintura que se asemejan a las imágenes corridas que percibe el ojo cuando hay movimiento. Las tonalidades verdosas y rojizas de esos trazos se repiten en otras obras ubicadas en diferentes espacios de la sala. El orden lo determina el espectador al establecer esas relaciones subjetivas entre un elemento y otro.

Entre las obras expuestas, se destaca un panel de formica brillante en negro sobre el cual el artista ha organizado por tamaños, una serie de palos rotos, pintados de blanco. La pieza llama la atención por el contraste entre el negro y el blanco y por la comparación entre la superficie lisa reflectiva y la rugosidad de la madera opaca que muestra capas de corteza. De lejos, parece una colección de huesos dispuestos a la manera de quien realiza un estudio minucioso de disección. Sin necesidad de aludir a lo figurativo, el artista ha dejado un rastro de su pensamiento lógico al ordenar lo inordenable, pero al mismo tiempo ha dejado la puerta abierta para la interpretación del espectador.

Otra pieza para destacar es la “brújula” ubicada en el piso. Varios volúmenes de madera pintada de negro, ubicados sobre la superficie blanca y acompañados de un puñado de clavos doblados en una esquina, permiten pensar en esos instrumentos de navegación improvisados creados con agujas magnetizadas sobre el agua. De forma metafórica, el artista le proporciona sutiles herramientas al espectador para que se ubique en el espacio.

Viendo los aglomerados quebrados, los metales oxidados y los puntillones a medio clavar, nos preguntamos si el artista planificó primero un boceto de lo que quería hacer y luego buscó los materiales precisos, o si fueron éstos los que le dictaron intuitivamente cómo proceder con las composiciones. A esto, el artista responde haciendo énfasis en la idea de la libertad y del movimiento. Plantea que existen ciertas condiciones en el momento de crear mientras que se carece de otras: “experimentar con lo que está presente es lo que permite que uno pueda trabajar siempre. Es la obra la que crea las condiciones en su momento y las concepciones subjetivas sobre la misma son las que determinan nuestra manera de relacionarnos con el mundo”.

Exposición Individual: Danilo Dueñas — imagen 1
Danilo Dueñas. Composición 6, 2001. Madera pintada y fórmica sobre madera. 69 x 33 x 31 cm. (27 1/5 x 12 3/4 x 12 1/5 pulgadas).

Uno de los elementos curiosos de la exposición es un panel de madera sin pintar que hacía parte del guacal  para transportar la obra de Dueñas y que fue colocado en la parte superior de una de las paredes como fondo de una obra. Es posible leer el nombre y dirección del artista escrito sobre el panel y se ha dejado al descubierto como si fuera una firma de la enorme obra que es toda esta muestra. Se entiende como una apropiación por parte del artista sobre su obra y sobre el espacio y refleja el sentido móvil de la muestra por lo obvio del contenedor transportable. Irónicamente, la obra que corresponde a ese guacal no hace parte de esta exposición, pero delata el hilo conductor de una producción consecuente desde 1995 hasta 2002.

Encontramos en la muestra una pieza singular hecha con una enorme viga de madera pintada de negro y blanco que, colocada entre dos paredes de la sala, hace línea recta para crear un triángulo virtual. Una vez más, contiene ese espacio triangular y establece límites efímeros entre los bordes creados. Además la parte blanca de la viga se funde con la pared del fondo creando la ilusión óptica de que hay sólo una franja negra flotando en el espacio. Al mismo tiempo, esa franja negra tiene cortes que siguen un patrón rítmico. Entre los cortes hay punzadas, agujeros y puntillones.

El manejo de mundos micro dentro de universos macro es también un ingrediente interesante de este trabajo. Varias obras tienen a su derecha un pequeño punto rojo de papel pegado sobre la pared, como si se representara el final de un párrafo que hace parte de otro escrito mayor.

Hacia el fondo de la sala, está lo que parece ser una pared blanca desocupada. Al acercarnos vemos que la pared está cubierta con paneles de fórmica blanca unidos entre sí, develando la intervención del artista en el espacio. La fórmica permite ver el reflejo de las obras colgadas a los lados y del espectador mismo como si fuera parte de la obra. Esa zona particular deja sentado el precedente de que cualquier acción, por insignificante que pueda parecer, afecta el espacio y su concepción en conjunto; de que cada momento tiene contenidos únicos y de múltiples interpretaciones.

Finalmente, es necesario hablar del tiempo como factor presente en la exposición y como herramienta para dilucidar la intervención del artista en el espacio y sobre los objetos. Los claros signos de que cada elemento ha tenido una historia, y de que se le ha recontextualizado una y otra vez, son pruebas suficientes de la movilidad de las ideas.

El movimiento como concepto y como factor físico es muy importante en el trabajo de Dueñas. Plantea que no hay ideas estáticas y que, de no ser por el constante cambio de las mismas, no existiría un universo activo al que todo el mundo puede acceder. Dueñas, como artista creador, no quiere imponer su criterio para definir su obra y “apela a la ética” al permitir que el espectador se mueva con libertad entre sus obras sin previas valoraciones ni juicios para entenderla. En esa experiencia estética, el espectador acaba por entender que no hay razón para buscarle significados puntuales y que la esencia de la misma se encuentra en sentir que tiene pensamiento propio.

MARÍA JOSÉ RAMÍREZ

Danilo Dueñas, por María José Ramírez | artnexus