ArteBA 2002

Leonel Luna. La conquista del desierto, 2002. Impresión sobre vinilo en bastidor. 360 x 180 cm. (142 x 71 pulgadas). Luisa Pedrouzo.

Feriaoct 2002 - dic 2002· Por Mercedes Casanegra

ArteBA 2002

En el peor año de la historia socio-política-económica de Argentina, hasta donde se extiende nuestra memoria, la Feria ArteBA 2002 abrió sus puertas el 12 de julio pasado y las cerró después de nueve días, con resultados sorprendentes. Con lemas como “resistencia cultural” y “con los artistas como siempre” en su 11a edición, la feria logró nuevos objetivos. Uno de ellos fue ser más fieles a la producción real y amplia de arte, más allá de lo esperado en términos de una feria orientada hacia el mercado y el gran público. La caída de barreras entre disciplinas, especialmente acaecida en el arte occidental a partir de la década de 1960, y que ha tenido un nuevo énfasis en los últimos años, ha sido hasta ahora más conocida por el público que frecuenta el arte de manera habitual. Así, se vieron convivir en la feria naturalmente los nuevos medios, como el arte digital, la fotografía, el videoarte, con las otras artes, como la pintura, en versiones tanto tradicionales como renovadas. Además, este panorama ampliado abarca también el diseño de objetos tanto decorativos como de uso personal, que también estuvo allí presente.

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Oscar Serra. Pared maravillosa, 2002. Instalación urbana itinerante para depositar los deseos. Hierro. 8,66 x 2 x 0,20 mt. (28 1/2 x 6 1/2 x 3/4 pies). Alvaro Castagnino.

La confirmación de la presencia de galerías extranjeras en ArteBA 2002 fue presa hasta instantes antes de la inauguración de la difusión periodística en el exterior de los acontecimientos político-económicos nacionales. No obstante, el apoyo a la Feria fue incondicional. La representación más numerosa fue la de Chile. Isabel Aninat, Cecilia Palma, Ana María Matthei y Praxis Chile, fueron las enviadas desde allí. Los acentos más fuertes por la excelente selección de obras estuvieron marcadas por Thomas Cohn de Brasil, la única de ese país, y por Sur, de Uruguay. Se sumaron, además, Cecilia Torres de Nueva York, Estampa de Madrid, Forma de El Salvador, y Villa Sonja de Suiza, una novedad para la feria. A la hora del balance no son sólo las ventas son las que cuentan sino la posibilidad de promoción de artistas y de intercambio cultural. Ivo Bowman de Holanda con ese objetivo presentó al artista cordobés Raúl Díaz.

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Marcos López. Asado criollo, 2001. Copia a color retocada a mano. Braga Menéndez Schuster Arte Contemporáneo.

Convivencia

Desde el punto de vista del observador informado, afirmamos atractiva la posibilidad de palpar la convivencia entre lo tradicional y “lo nuevo”. La feria recibía al visitante con Chacareros, monumental obra de Berni de 1936, u ofrecía en el recorrido El sueño del argelino, 1932, del mismo autor en su etapa surrealista, o Torres-García, Xul Solar, Deira, Macció, Aizenberg, entre otros muy consagrados. Se trataba en muchos casos de obras dignas de museos. Por otra parte, la multiplicidad de lo contemporáneo, difícilmente catalogable en tendencias, constituía una presencia no sólo contundente, sino que “saltaba a la vista”, como lo definió la prensa.

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Antonio Berni. Ramona. Collage sobre tabla. 65 x 50 cm. (25 1/2 x 19 1/2 pulgadas). Daniel Maman Fine Art.

Dos años atrás la presencia de nuevas expresiones de arte era mínima en relación con el panorama total. En este sentido, Ruth Benzacar fue siempre pionera. Entre otros, tenía a los dos argentinos invitados a la Documenta 11a: Víctor Grippo y Fabián Marcaccio. Luego siguen en la línea fuerte de lo más contemporáneo: Luisa Pedrouzo, Delinfinito Arte, Dabbah-Torrejón y Braga Menéndez-Schuster, con vertientes diversas.

Paralelamente, este año la iniciativa de atraer a estas nuevas expresiones como también a los lugares alternativos diseminados por Buenos Aires o del interior del país partió desde la misma Fundación ArteBA a través de un sistema de presentación espontánea y selección de un comité. Así se cubrieron 10 espacios específicos, además de las galerías contemporáneas ya nombradas.

El diseño estaba representado por Bettina West, arte para usar, y por el espacio Oda, con objetos de artistas.

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Humberto Rivas. Ken, 1995. Fotografia. 46 x 37 cm. (18 x 14 1/2 pulgadas). Fundación Federico Jorge Klemm.

Video y fotografía

Por primera vez, ArteBA tuvo la preocupación de consagrar un espacio especialmente destinado a videoinstalaciones. Esto tuvo cabida en parte del lugar ocupado por la Generalitat Valenciana. Bajo el título Una visión de lo humano exhibieron sus obras Silvia Rivas, Charly Nijensohn y Carlos Trilnick. Desde aproximaciones diversas, los tres artistas abordaron imágenes y temáticas de definido corte existencial. Los límites, el tiempo, la conquista del medio natural y la finalidad del arte son algunos de los temas sugeridos en estas instalaciones en forma de tríptico que compartieron una misma ambientación.

La fotografía cuenta con enorme auge en Buenos Aires en la actualidad, como en el resto del mundo. Sin embargo, con algunos hitos de excelencia, en la feria su presencia fue menos numerosa, comparada con la cantidad de obras de otra índole. A través de ella el espectador tenía dos recorridos principales: el histórico y el contemporáneo. La fundación Proa exhibió en colaboración con la Fundación Antorchas las fotografías de Christiano Junior, Un país en transición, de la Argentina del siglo XIX.

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Alejandra Seeber. Sin título, 2002. Óleo sobre tela montada en capitoné. 210 x 270 cm. (82 1/2 x 106 1/3 pulgadas). Galería Dabbah Torrejón.

El stand de la Secretaría de Cultura de la Ciudad mostró una pequeña colección de fotos de época, especialmente de principios del siglo XX, y otra de autores célebres como Annemarie Heinrich y Sameer Makarius de retratos de actrices, actores y artistas plásticos, pertenecientes al acervo de museos metropolitanos. Coronaba la serie un homenaje a Oscar Bony con el díptico Culpable-inocente, una pieza ya histórica. En esta línea se contaba también con presencias paradigmáticas para la fotografía argentina, como la serie de la Bauhaus de Grete Stern en Principium o un tríptico de Humberto Rivas en Klemm. También, dos obras del consagrado Aldo Sessa se podían ver en la parte externa del stand de Daniel Maman.

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Silvia Rivas, Charlie Nijensohn, Carlos Trilnick. Una visión de lo humano, 2002. Videoinstalación. Generalitat Valenciana.

Entre los contemporáneos, lo más destacado fueron los aportes de Gabriel Valansi con su serie Zeitgeist, fotografías sobre material lenticular, una de las cuales pasó a formar parte a través de Chandon de la colección del Museo E. Caraffa de Córdoba, y de Leonel Luna, con sus intervenciones sobre obras históricas de la pintura nacional, con registros periodísticos de la realidad social nacional. Se sumaba también una obra de Marcos López en Braga Menéndez-Schuster. Pilar Vigil, Laura Messing, Carola Rousso y Carlos Furman completaban el recorrido.

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José Gurvich. Forma en blanco y negro, 1959. Óleo sobre tabla. 79,5 x 98 cm. (31 1/4 x 38 5/8 pulgadas). Cecilia de Torres.

Cálido y frío

Dentro de lo irreductible a tendencias de todo el panorama contemporáneo llamó la atención la cantidad de adscripciones a una línea cool o fría. Como contrapartida, se notaron mínimas referencias al contexto social y político del presente, dado lo convulsionado del entorno. Las miradas de muchos artistas sobre la realidad actual traslucen críticas, desencantos, ironías, finalmente, cuestionamientos sobre el sentido. Aquí fueron minoría. Privó la autorreferencialidad. No era el caso de los citados Luna, Valansi, o Daniel Santoro, quien a través de las escenas de mitologías peronistas hacía referencia al partido gobernante actual, o la serie de serigrafías de Fernando Bedoya, cuyos “enanitos de jardín” apelaban a la identidad de nuestros presidentes a partir de 1966.

La obra que abría la Feria, ubicada en el vestíbulo de entrada, era Pared maravillosa de Oscar Serra, una cita del artista a su homónimo norteamericano Richard Serra, pero con otro signo. Su pared itinerante, realizada en chapa de hierro, acogía los deseos escritos de los transeúntes. Su signo cálido proponía una necesaria catarsis para el imaginario colectivo. El tema de la autonomía del arte presenta aún su juego.

MERCEDES CASANEGRA

Escritora e investigadora de arte. Presidente de la Asociación Argentina de Críticos de Arte/AICA.

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