Después de los eventos del 11-S el mundo en general y el circuito del arte en particular han estado a la expectativa de lo que pueda ocurrir, sobre todo económicamente. Desde el otoño hacia acá, se ha venido especulando con el estado del mercado del arte y de alguna manera todo el mundo se ha estado preparando para lo peor. Pero aunque lo peor no ha llegado, la situación sigue siendo cuando menos ambigua. Esta reserva, que se había notado ya en otras ferias, también tocó a su manera la última edición de Art Basel: se evitaron las piezas más grandilocuentes y se repitieron bastantes obras que ya se habían podido ver el año pasado, esto es, nada de riesgos innecesarios. Ello de ninguna manera afectó al nivel de calidad general de la feria, que una vez más estuvo a la altura de las expectativas.

Una de las diferencias principales con la edición del año pasado fue la eliminación de la sección Basel Photography dedicada exclusivamente a la fotografía. Esto parece lógico en una feria en la que el soporte fotográfico ocupaba ya por lo menos la tercera parte de la obra en exhibición. La eliminación de esta sección también es claro síntoma de la necesidad de revisar en otros campos del sistema artístico algunas de las categorías bajo las que se sigue clasificando el arte más contemporáneo. Dentro de no mucho tiempo habrá también que cuestionar la pertinencia o por lo menos los términos de la viabilidad de una sección como Basel Edition, dedicada en exclusiva a la edición y la obra gráfica, pero en la que este año se presentaron pocas novedades. Queda abierto el debate sobre la naturaleza del objeto múltiple, no como subproducto de la obra original, sino como objeto independiente y con valores propios. El hecho de que sean las propias galerías las que manejan las ediciones como objetos de igual valor que las piezas únicas mientras que son los editores de múltiples los que producen subproductos de obras originales (es decir, “miniaturas” y piezas “baratas”) da qué pensar.


Igualmente, si aceptamos que Art Basel es el termómetro de la situación del arte contemporáneo, el lugar privilegiado en el que se puede hacer una lectura del estado del arte, habrá que prestar atención a la transformación que por su parte ha sufrido la categoría de “arte latinoamericano” dentro de este panorama que ya no puede considerarse, sin más, exclusivamente occidental. Hoy por hoy, entre las más de 200 galerías presentes en Art Basel hay representados, un numeroso conjunto de artistas latinoamericanos tanto clásicos como contemporáneos. Este dato es significativo si tenemos en cuenta que la presencia de galerías latinoamericanas es sensiblemente inferior (apenas seis: Brito Cimino, Fortes Vilaça, Luisa Strina, Nina Menocal, OMR, Diana Lowenstein). Ello demuestra que los artistas latinoamericanos ocupan ya un lugar significativo dentro del desarrollo del arte contemporáneo y además son rentables. Habrá que pensar que si no hay más galerías latinoamericanas presentes en la feria ello se debe, primero, al altísimo nivel de exigencia en la selección de participantes, pero también a la difícil situación social, política y económica por la que pasa en estos momentos el continente americano. Como ya es habitual, la presencia de las galerías brasileñas ha sido de primera calidad. En Fortes Vilaça destacaba el trabajo de Rivane Neuenschwander, quien también presentaba con Stephen Friedman su Found Alphabet. También resultaron muy interesantes las portadas de catálogos de subastas intervenidas por Nelson Leirner, que se exhibían en el stand de Brito Cimino, galería que además proponía en el Art Unlimited el Rotterdan Lounge de Ana María Tavares, una enorme escalera hecha de acero que llevaba a ninguna parte. En lo alto de un muro, Luisa Strina presentaba un “comenubes” de Marepe.


Por otra parte, las participaciones de la OMR y de Nina Menocal aunadas al numeroso contingente de artistas mexicanos representados en estas y otras galerías demostraron la vitalidad y el gradual reconocimiento del que está gozando el arte que se produce en México: en la OMR se pudo ver más ampliamente la serie de fotografías intervenidas de Laureana Toledo, así como una instalación en toda forma de Félix Curto además de algunas de las mejores piezas que ha realizado Pablo Vargas Lugo y las impresionantes fotografías de la ciudad de México de Melanie Smith, entre muchos otros artistas de su catálogo. Por su parte Nina Menocal llevó a la sección Art Statements, dedicada a la presentación de proyectos individuales dentro de la feria, la reciente intervención de Gustavo Artigas en el Museo Carrillo Gil, Emergency Exit. En Diana Lowenstein pudieron verse, entre otras cosas, las foto-instalaciones de Laura Lamiel además de las fotografías arquitectónicas de Aitor Ortiz.


Si bien la representación general de las galerías latinoamericanas era más que digna, había que ir detectando atentamente las numerosas obras de artistas latinoamericanos que como ya indicaba, se insertaba dentro de las propuestas de galerías de todo el mundo. Éstos iban desde un artista tan paradigmático e integrado en el sistema como Alfredo Jaar en Art & Public y en Lelong hasta aquellos que en los últimos años se han ido insertando exitosamente dentro de las grandes ligas que representa Art Basel: Carlos Amorales en Szwajcer, Miguel Calderón en Andrea Rosen, Jorge Pardo en Petzel o Francis Alÿs en Lisson, Kilchmann e Yvon Lambert, además de presentar en Art Unlimited la sugestiva y hermosísima video instalación Cantos patrióticos.


De entre el resto de artistas era notoria la extensiva presencia de las desdibujadas obras de Thomas Hirschorn: instalaciones, maquetas o impresos hechos con materiales de desecho, fotocopias, fragmentos de plástico y periódicos. La insistente presencia de un artista que se caracteriza por sus propuestas reflexivas y considerablemente politizadas confirma de alguna manera el renovado interés del arte contemporáneo por cuestiones que tocan lo social y lo político, y que contrasta, por otro lado, con un cierto énfasis formalista en lo que se refiere a soportes más tradicionales como la pintura e incluso la fotografía de gran formato, tal y como se ha venido desarrollando hasta ahora. El desgarbado trabajo de Hirschorn disperso por los pasillos de Basel contrasta, y mucho, con los brillantes y plastificados acabados de la fotografía imperante en la pasada edición. Pareciera que el mundo del arte como tema de las obras de arte va perdiendo fuerza en favor de una refrescante y necesaria inmersión en contenidos y situaciones externas al propio sistema. Ello era particularmente visible en la cada vez más lograda sección Art Unlimited, el espacio dedicado a la exposición de proyectos que por sus dimensiones no tienen cabida dentro de los pasillos de la feria tradicional. En esta sección, en la que primaban el video y la escultura de grandes dimensiones, también había una importante presencia latinoamericana: las obras de los citados Alÿs o Tavares, pero también el video a tres pantallas No me busques... no me encuentras de Miguel Ángel Ríos, la bellísima pieza Fío (Thread) de Cildo Meireles o la impresionante instalación Lucido Nigredo et son ombre de Tunga.


Esta edición particular de Art Unlimited incluyó, a mi juicio, algunas de las piezas más interesantes realizadas en los últimos años: en su video Lasso la finlandesa Salla Tykkä nos narra una extraña historia de amor imposible entre una gélida voyeuse y un fanático del rodeo. En Der tag nach der Kiesgrube, los suizos Gerda Steiner y Jörg Lenzlinger construyen un increíble mundo fantástico a partir de cristales, rocas, fósiles, pedazos de envases plásticos, luces y material higiénico del que en cualquier momento podrían desprenderse una infinidad de diminutos seres fantásticos. Para Petunia, la estadounidense Beverly Semmes ha construido un inmenso vestido rosa que sirve de alfombra, cobijo, casa y cama a una inamovible mujer que enfundada en metros y metros de suave tul se nos aparece como una visión. Por su parte, Tatsuo Miyajima desarticula físicamente el tiempo en Floating Time (marine blue) y Zoe Leonard convoca a un siniestro ejército de muñecas (Mouth open, teeth showing) qué nos confronta de manera amenazadora El satírico humor de Rodney Graham se hace patente en su video City Self / Country Self, en el que el personaje central, desdoblado en sus dos personalidades, se persigue infinitamente en medio de una pequeña ciudad decimonónica sospechosamente aséptica. En la videoinstalación Kasparov, Nabakov and the enchanted hunters, Slater Bradley nos sumerge en el mundo interior de un jovencísimo jugador de ajedrez, para proponernos una reflexión intensa sobre el sentido de la vida.


Todas estas piezas parecen ofrecer una alternativa al recurrente discurso del arte como crítica de la institución, esto es, del arte como metalenguaje o, en los peores casos, como chiste local. Parece inminente una vuelta a la búsqueda de la relación entre el arte y la vida, en algunos casos a partir del trabajo con el contexto social y político pero también desde una perspectiva que oscila entre lo lúdico y lo contemplativo. Sirvan de ejemplo dos piezas clave y sólo para iniciados: para Untitled, la francesa Céleste Boursier-Mougenot instaló cuatro pequeñas piscinas azules de plástico inflable. Dentro de cada una de ellas flotaba una variedad de piezas de cristal y porcelana —platos, copas, pocillos y vasos— que fluían impulsados por el movimiento circular que provocaba en el agua un pequeño motor y que los hacía chocar suavemente y tintinear para producir algo muy parecido a una música celestial. En torno a cada una de estas piscinas se encontraban un par de sillas en las que era posible sentarse a presenciar el fortuito y absolutamente mágico concierto. Por su parte, el artista polaco Jan Baracz suspendió del altísimo techo de la nave que alojaba al Art Unlimited un columpio en el que podía balancearse cualquiera que lo deseara. El título: Life is short.
Una razón nada desdeñable para salir al soleado patio central que rodea la feria y darse un respiro.
ISSA MARÍA BENÍTEZ DUEÑAS
Historiadora de arte, especialista en arte contemporáneo y teoría del arte. Actualmente cursa el doctorado en la Universidad Carlos III de Madrid.

