Alirio Palacios

Hombre en el paisaje (Estudio sobre Mantegna), 1998. Pigmentos sobre madera. Foto: Julie Barsley.

Monografíaoct 2002 - dic 2002· Por Susana Benko

Alirio Palacios

Del Delta del Orinoco a Caracas, un recorrido por la fortaleza creadora del artista

Pese al sentido eminentemente figurativo que lo caracteriza, Alirio Palacios va cediendo a algunas soluciones formales más abstractas. Expresa tanto la fuerza de la naturaleza como de su mundo interior mediante rasgos marcadamente expresivos y contundentes, como una forma de dejar grabado el poder de su mundo ancestral.

Apreciar la obra de Alirio Palacios es una de las experiencias más significativas que un espectador puede vivenciar. Por varias razones. La primera de ellas es que siendo un excelente pintor, su experiencia proviene del grabado. Esta percepción la tuvo el artista Alejandro Otero, quien, en una intervención pública realizada en 1971 en el Ateneo de Caracas, señaló que su sensibilidad la resolvía en el grabado y no directamente en la tela o en el dibujo. No se equivocó. Alirio Palacios integra elementos de la gráfica a estos medios, cualidad que lo ha destacado a lo largo de su trayectoria.

La imagen proveniente del grabado es concebida en la plancha en sentido inverso al resultado posterior a la estampación. El grabado a la manière noire propio de la mezzotinta busca la luz a partir de la oscuridad absoluta. De manera similar sucede en su pintura: ella procede “a la inversa”, pues las figuras se van conformando a partir del negro y el encuentro con la luz. Del negro y sus difuminados es como aparece su universo onírico. Si establecemos un paralelismo con Reverón, encontramos que mientras éste es el maestro de las atmósferas lumínicas, Alirio Palacios lo es de las penumbras. Ambos, como señala el poeta Eugenio Montejo, sostienen una relación particular con el paisaje. El primero con las playas de Macuto; el segundo con la humedad del Delta.

La formación académica de Palacios es una de las más completas y disciplinadas que artista venezolano alguno haya obtenido. Sin embargo, su obra se nutre de sus imágenes más primigenias. Su figuración, por tanto, se sostiene de los recuerdos de su infancia y de los fantasmas que aún persisten de su pasado en el Delta. Ni la Academia ni el dominio técnico en la variedad de medios con que trabaja, se han impuesto sobre la espontaneidad y la capacidad evocativa que tienen estas imágenes propias de la vigilia y de la imaginación.

En momento alguno, ha tomado el camino que muchos artistas venezolanos han escogido tomar: ir a París. Muchos de éstos optaron por el cinetismo o la abstracción geométrica. Otros han seguido su camino a México, buscando expresiones figurativas más acordes con la esencia latinoamericana y de compromiso social. Sin embargo, Alirio Palacios, luego de una importante etapa formativa en Caracas, fue a Roma y, encontrándose con la misma rutina académica del modelo y del yeso, renunció a la beca para continuar sus búsquedas solo. Viajó a Hungría donde participó activamente en el Partido Comunista y, pasando por Rusia, decidió estudiar en China, país donde el rigor y la disciplina terminaron de perfilar su personalidad. Apenas era el inicio de una vida plena de experiencias y de persistente voluntad de creación y de aprendizaje.

Monografía: Alirio Palacios — imagen 1
Caballo en el paisaje (Versión 2), 2001. Pigmentos naturales, carbón, hojilla de oro. 160 x 170 cm. (63 x 67 pulgadas). Foto: Anaxímenes Vera.

Etapa formativa: El Delta—Caracas

Todo comenzó en el Delta. En la Escuela Mene Grande Oil Company en San Tomé de Guayana. Un niño, sin mucho interés por los estudios teóricos, no podía contener su pasión por el dibujo que constantemente dejaba en la pizarra del aula de clase. La directiva terminó por dejarle salir de la normativa académica para que se dedicara a pintar. Ésta fue su primera escuela porque de allí creció su pasión por el arte.

Una vez en Caracas, continuó sus estudios. Este período duró de 1954 a 1960. De día estudió en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas, teniendo como maestros a artistas de la talla de Alejandro Otero, Juan Vicente Fabbiani, Rafael Ramón González y Clara Diament de Sujo. A todos los recuerda con sincera estima y admiración. De noche estudió diseño gráfico, otra de las actividades a las que Alirio dedicó muchos años. En particular, recuerda a Gerd Leufert, de quien aprendió y concibió lo que él denomina “la tridimensionalidad del color” que se produce cuando se agrega un tono a un color. Esto lo varía y lo redimensiona creándose transparencias por medio de una superposición de planos de color. Constató que este recurso sólo es posible en la gráfica y no en la pintura.

China: 1961-1966

Luego de renunciar a la beca de estudios en Roma y de trabajar como ilustrador para el periódico Juventud Comunista en Budapest, decidió estudiar en China. Era 1961. La Revolución Cultural ya se había iniciado. Ingresó a la Escuela de Xilografía de la Universidad de Bellas Artes de Pekín, teniendo como maestros a Li Hua y Li Co Yan, entre otros. Con ellos trabajó grabado tradicional y corte de madera e impresión, a la vez que profundizó en el dibujo y la pintura.

Según la enseñanza china, un artista debe ser integral, tanto en el manejo de medios y de técnicas como también consigo mismo. Por eso, estimula la vivencia armónica con su propio ser y con la naturaleza. Siguiendo este camino, dejó de tener para él sentido la ansiedad por los cambios producto de las modas occidentales, porque en China, la esencia primera y primordial del artista consiste en saber vivir en comunión con lo natural y con los contenidos individuales de su ser. De allí la connotación tan espiritual de los paisajes de Alirio Palacios y la significación tan profunda que otorga al negro, aspecto esencial en la tradición milenaria de esa cultura. “Dame el color, dame el negro”, recuerda Alirio Palacios que le decía su maestro.

Además del rigor académico, buscó la sabiduría popular del hombre del campo. Convivió con ellos y aprendió su manera de tallar las maderas. Ello fortaleció de una manera determinante su técnica en xilografía, por lo que hoy, 40 años después, desafía y revoluciona el grabado mediante el uso de grandes formatos y la experimentación con diversos materiales y pigmentos. Desde Pekín, ya se inclinaba por estos grandes formatos.

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De la serie Versiones No. 1, 1999. Plancha de madera grabada. 184 x 152 cm. (72 1/2 x 60 pulgadas). Foto: Anaxímenes Vera

Caracas: 1966-1968

Con los chinos, también aprendió a apreciar la riqueza de las diversas calidades de papel. Por eso, al regresar a Caracas en 1966, no pudo hacer grabado sino que dedicó su tiempo al dibujo y a la pintura. Sólo en Nueva York, años después en la década de 1980, volvió a realizar xilografía al descubrir que en el Barrio Chino se consiguen los materiales adecuados, tanto papeles como pigmentos naturales.

Caracas le produjo un choque cultural. Curiosamente, sintió más afinidad entre el Delta y China, que con la urbe cosmopolita caraqueña. Aquellos lugares son proclives a los mitos, esencial para un artista como él, creador de mitos. Al volver a la pintura, se definió aún más como un artista profundamente humanista y decidió indagar sobre imágenes nuevas, siempre con un sentido claramente figurativo. Admira aún hoy a Morandi por ser un artista acucioso y persistente con sus mismos motivos pictóricos: las botellas, las naturalezas muertas. Le recuerda un precepto aprendido de la educación china: aprender de la “paciencia de ver y esperar”. Por eso, al llegar a Venezuela tuvo un fuerte impacto cuando los cinéticos proclamaban la sentencia a muerte de la pintura. Esto no encajaba con la enseñanza china que consiste en dejar a un lado el ego personal para dedicarse a profundizar en una misma imagen. 

Varsovia: 1968-1970

En Varsovia encontró la manera de poner en relación dos mundos que conviven en su interior: el Delta y China. Paralelamente entró en pugna con un contexto impregnado de ideas de progreso y la publicidad. Se interesó en el afiche, medio al que dedicó varios años de su vida como diseñador gráfico. En Polonia cambió su manera de concebir el cartel. Dejó a un lado el soporte fotográfico para crear un cartel por medio del dibujo. Éste fue el mayor legado de los polacos.

Mientras tanto, su figuración en el campo de la plástica se reafirmaba en la fuerza de lo humano. Dice el artista, recordando esta etapa: “Los cinco primeros meses fueron de adaptación, lapso durante el cual no pude hacer nada en mi trabajo plástico y me limité a la observación visual e intelectual del ambiente. Fui a Francia y Holanda, regresé y me integré a la Academia de Bellas Artes. Aquí, mientras recibía una enseñanza teórica muy interesante, revisaba sin mucho interés las galerías. En la academia fui a trabajar con el profesor Henryk Tomaszewski en la facultad de gráfica publicitaria. Sus trabajos eran demasiado buenos, y me llevó a otra facultad, la gráfica de litografías y aguafuertes, donde me quedé y comencé a trabajar con gran fuerza durante ocho meses.”

Un mundo de vigilias y de sueños hizo aparición. Obsesiones, recuerdos, fantasmas y una “fauna de penumbras” poblaron sus grabados, los cuales, a su vez, conformaron la estructura esencial de su pintura y dibujo.

Una vez de vuelta a Caracas se dedicó a la pintura y al diseño. Dejar el grabado por haber grabado mucho, es su justificación. Este período tuvo dos años de duración, constituyéndose en una etapa de transición y de búsquedas, enriquecida por la actividad docente que realizó en el Instituto Neumann. Luego volvió a Europa para continuar sus estudios en otras técnicas de estampación.

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Segundo estudio en negro sobre Remington, 1999. Carbón, pigmentos y estuco sobre papel Okawara sobre seda. 186 x 102 cm. (73 1/3 x 40 pulgadas). Foto: Anaxímenes Vera.

Ginebra y Cracovia: 1972-1975

En el transcurso de tres años, Alirio Palacios vivió en Suiza donde estudió y trabajó en el Centre Genevois de Gravure Contemporaine. En la Universidad de Arte de Ginebra dio clases de mezzotinta, técnica a la que Palacios es un verdadero maestro, muy apropiada para la indagación de las formas a partir del negro. Esta técnica la profundizó aún más en la Universidad de Cracovia, terminando sus estudios en 1975. Fue un año decisivo: sintió que ya no le hacía falta aprender más, que era tiempo de trabajar con una óptica profesional. Más que nunca su obra se pobló de atmósferas densas y dramáticas. Las figuras son apariciones huidizas y desesperadas que expresan la ansiedad de saberse perseguido por la fuerza de la naturaleza en medio de la oscuridad. Porque vivir en el Delta es estar sujeto a la incertidumbre de los cambios naturales: crecidas desproporcionadas de los ríos, lluvia y un exilio constante. Ello ocurre precisamente en la oscuridad de la noche, en el negro más intenso.

Caracas: 1975-1985

Por un largo período decidió no viajar. En Caracas formó parte del equipo gráfico del Consejo Nacional de la Cultura y tuvo a su cargo la dirección artística de la Revista Nacional de Cultura. Su labor como diseñador gráfico fue intensa, así como las exposiciones y las premiaciones recibidas como artista. Marta Traba le escribe las siguientes líneas: “Las obras de Alirio Palacios tienen un clima onírico poderoso. Realmente poderoso. Retrabaja los significados de las cosas tejiéndolas entre sí, de tal modo que es el tejido y no las cosas concretas, las que constituyen los cuadros. Tenue y agudamente poética, más visión que realidad, más dislocación que materia, la obra reclama una dedicación particular.”

Con ello, Marta Traba quiso señalar la condición inmaterial de las pinturas de Alirio Palacios, condición común a la gráfica y al dibujo. En esa inmaterialidad, o espiritualidad, como la ha calificado el mismo artista, no existe un tiempo determinado. Se trata de una pintura de atmósferas y de suspensión temporal. En efecto, más de visiones que de realidades. El pasado del Delta convive en el artista. Esa naturaleza está interiorizada en su obra y aparece constantemente. Basta ir al taller de Carrizales, en el estado Miranda, para apreciar el inmenso jardín-taller, lugar donde las tablas y las concretografías (grabado en planchas de concreto armado) tienen su espacio determinado. Este ambiente forma parte del contexto vital que, intuyo, requiere el artista.

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Retrato, 2002. Técnica mixta sobre papel Okawara entelado. 175 x 155 cm. (69 x 61 pulgadas).

Nueva York y Caracas: 1985 en adelante

A raíz de su nombramiento como asesor cultural del Consulado de Venezuela en Nueva York, instaló su taller en Soho. Fue el primer paso hacia su internacionalización definitiva. A la vez, fue el contacto estrecho y permanente con el amplio panorama cultural que ofrece esa ciudad. En Nueva York reencontró las condiciones para volver al grabado, con los materiales propios de la China —que encontró en el Barrio Chino— y una integración de técnicas y temas provenientes de su visión occidental y personalizada. A partir de este momento trabaja el grabado indistintamente en Caracas como en Nueva York, al igual que el dibujo y la pintura.

Desde 1985, en Nueva York, graba en tablas de gran formato impresas a base de agua y pigmentos naturales y tintas de China. Esta técnica la sigue en su taller de Carrizales. Una vez impresas, conformando una serie, estas xilografías son intervenidas individualmente, cobrando cada una autonomía entre sí. Los materiales son de importancia extrema. Las maderas, según su tipo, determinan los medios que utiliza. Cuando es grabado, trabaja la imagen sobre la madera que servirá de plancha, respetando sus accidentes. Cuando es pintura, la interviene directamente aprovechando la riqueza de las vetas y la conformación misma de la madera. “Tengo tablas para mi pintura, otras para el grabado. Las utilizo con relieve, con diferentes texturas. Quito, pego, raspo, tallo y recreo así la obra con los cortes. Tienen distintos colores según el tipo de árbol. Hago mis pinturas con las tablas que vienen de Malasia, del Amazonas, de Indonesia”.

Para estos trabajos, retomó una imagen que le obsesiona desde su época en China: el caballo de Lin Ku Lin, pintado 600 años atrás. Este caballo fue el tema para su tesis en Pekín, razón por la que lo estudió minuciosamente. Realizó 12 grabados en gran formato (150 x 200 cm) para poderse graduar. La línea pura de Ku Lin le conmovió profundamente. Esta línea pura también la graba Palacios actualmente con un simple clavo sobre la madera. Utiliza la misma matriz y papel de arroz de grandes hojas. A veces agrega color y otros personajes: un diablo-mapurite, un perro, un diablo-rabipelado, etc. No le interesa tampoco cualquier caballo. Sólo los que tienen un pasado glorioso, una historia. Caballos partícipes de una guerra en defensa del Emperador. Otro gran tema, el río, sigue presente. La imponencia del Orinoco, por un lado, y sus ancestros y conocidos que están en el agua, por el otro. Junto a ellos, los mitos: el manatí, el crecimiento de un árbol, un aparecido o el que crea recordando a un ser querido.

La naturaleza del Delta, lejos de ser un paraje tranquilo, se expresa con toda su pulsión agresiva. Ella está en permanente transformación. Alirio Palacios la ha descrito como “una poderosa concentración natural de espacios y de vida”. Estas imágenes son de una “negrura sombría”: aquí una culebra se traga una vaca entera, un caimán se lleva a un niño, los caribes devoran las vacas. Es la naturaleza salvaje, exuberante, natural. Por eso, “las vivencias de este mundo, dice el artista, no pueden ser dichas sin el negro”.

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Herejes y caballo, 1988. Pigmentos sobre cartón. 180 x 170 cm. (70 3/4 x 67 pulgadas). Foto: Mary Kent.

Poseer un mundo espiritual tan pleno, lo ha protegido de la invasión cultural proveniente de las modas e imposiciones del mercado. Más en un mundo tan globalizado como el que vivimos. El Delta es su punto de partida y el eje que lo sostiene. Viajar a otros países le ha servido para adquirir mayor soltura, disciplina y sistematización en las técnicas y medios expresivos que le permiten, a fin de cuentas, representar su lugar de origen. Más que un lugar, es una condición de su ser.

No obstante, Alirio Palacios gusta de la experimentación. Artista de su época, indaga en los nuevos medios de estampación: la imagen digital. Estas obras, de reciente realización, desafían a su vez los límites de este medio. Imágenes impresas que pueden medir hasta 180 cm son logradas mediante diversos “escaneos” en el que una versión posterior va mejorando la anterior. Realizados con tecnología avanzada a muy alta resolución, los grabados resultantes son imágenes de excelente calidad. Personajes inspirados en la Edad Media y en el Renacimiento, así como de la pintura de artistas como Vermeer, Mantegna o Goya, son trabajados mediante este novedoso recurso, que mantiene la vitalidad de los colores como la presencia de las vetas de la madera que tiene la tabla pintada que funciona a modo de “plancha original”.

Desde la década de 1980, Alirio Palacios alterna su espacio creativo entre Caracas y Nueva York. En Venezuela tiene dos lugares de trabajo. Para obra gráfica de pequeño formato, su taller en Las Acacias; para gran formato, en Carrizales. En este último, realiza las llamadas “concretografías”, que comenzó a partir de 1994. Este término, acuñado por Eugenio Montejo, gran amigo del artista, consiste en la realización de grabados mediante planchas de concreto armado, de gran tamaño, que “talla” antes de fraguar. Estas planchas son hechas mediante una estructura de hierro y cabillas soldadas a las que se les vacía cemento mezclado con arena, tierra y otros elementos. La técnica se basa en aprovechar los altorrelieves que quedan impresos en el papel, difiriendo del grabado tradicional en que en lugar de entintar la plancha de cemento, lo que se entinta es el papel previamente adherido con cola a la plancha que penetra en sus bajorrelieves. Con motas de tela o un rodillo se entinta, por lo que quedan impresas las imágenes que están en altorrelieve. El resultado son figuraciones muy gestuales y expresivas que se liberan a partir del trazo lineal antes realizado sobre el cemento fresco. Guerreros, paisajes, bodegones, alusiones a Goya o a Vermeer, entre otros, son los temas que trabaja en las concretografías.

En Caracas, con la colaboración del Taller de Artistas Gráficos (TAGA), realiza xilografías con base de aceite. Son obras de gran formato, por lo general conformadas por cuatro grandes pliegos de papel. Cada pliego es un fragmento del motivo a estampar: una zona de un paisaje o un fragmento de un caballo que luego se componen y conforman la obra. Se realizan mediante planchas de madera contraenchapadas y su procedimiento parte del principio tradicional de la xilografía, diferenciándose de aquélla en el diluyente utilizado. Sobre la base negra, se van estampando las zonas de luz y de color.

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Sobre una reina, 1987. Xilografía sobre papel de arroz. Foto: Mary Kent.

De lo figurativo a lo abstracto. De lo particular a lo universal

Pese al sentido eminentemente figurativo que lo caracteriza, Alirio Palacios va cediendo a algunas soluciones formales más abstractas. Expresa tanto la fuerza de la naturaleza como de su mundo interior mediante rasgos marcadamente expresivos y contundentes, como una forma de dejar grabado el poder de su mundo ancestral. Las figuras, en las obras actuales, se han vuelto más sintéticas y son reconocibles mediante el tratamiento de planos de color. Un trazo rotundo, firme, dice todo sobre la firmeza de la naturaleza cuando se encuentra en transformación. Este gesto deja sentada la voluptuosidad del Delta.

La relación del medio ambiente y las figuras que en él conviven son parte del mundo imaginario de Alirio Palacios. Sus fantasmas, los animales, las lluvias, los árboles, las aves, todos conforman su universo mítico por el cual este mundo particular, tan propio del artista, trasciende a la universalidad. Por eso, congenió con tanta armonía con el temperamento chino. A esto se agrega el placer por tratar temas propiamente universales como los caballos, los guerreros y los personajes de la historia.

Alirio Palacios es un artista integral. Esta cualidad denota su trascendencia y voluntad creativa que lo hacen definitivamente un artista universal.

SUSANA BENKO

Investigadora de arte. Gerente de Investigación y Museografía del Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Díez. Coordinadora editorial en Caracas de la revista ArtNexus.

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