La exposición de 12 esculturas y 12 dibujos del escultor afrocubano Agustín Cárdenas ha sido en Nueva York un punto vital para público y especialistas, dado que este maestro de la escultura manifiesta la vigencia de la modernidad irrevocablemente presente, y la fuerza de las herencias africanas.
América Latina y Europa han compartido con Agustín Cárdenas (Cuba, 1927-2001), uno de los magnos escultores del siglo XX. En Cuba, trabaja la talla directa desde la adolescencia. Becado por el gobierno de su país, viaja a París en 1955; allí expande la elegancia y síntesis escultóricas ya iniciadas en Cuba, a través de las formas femeninas exuberantes, la pareja y la maternidad.
Estos temas enfocados en madera, yeso, piedra, terracota e hierro, y posteriormente en mármol y bronce, lo acompañarán a lo largo de su prolífica vida.
Los dibujos presentados son vigorosos, están cuidadosamente tratados no sólo como bocetos de esculturas, sino como obras independientes. Cárdenas trabajaba constantemente, dibujaba con la misma asiduidad. Estas 12 obras bidimensionales son todas sin título, están muy bien conservadas y están fechadas entre 1975 y 1983, casi todas sobre papel hecho a mano, y los materiales que alternan son tinta, pluma, lápiz y acuarela. Las redondeces, las cadencias rítmicas y la estilización están presentes tanto en la escultura como en el dibujo aunque en el plano, la línea y la forma orgánica convocan una lectura más abstracta, en el terreno de la mancha y de la mancha conformada.

La obra de Agustín Cárdenas manifiesta una simbiosis de tres áreas: afro, latinoamericana y europea, Naissance, de 1975 manifiesta los temas de la máscara, los senos, la concavidad, la maternidad, los alargados cuerpos y su símil fálico. En las esculturas, sean tallas directas o piezas vaciadas en bronce, nada es obvio, hay muy pocas referencias figurativas y el predominio de la forma constituye un sello personal. Hay una relación de admiración con los maestros que le antecedieron y con sus contemporáneos, quienes a su vez no ignoran las fuentes africanas, la organicidad y lo óseo. Las formas alargadas alternan con las volumétricas esferas en un diálogo sensual de falos, senos y caderas. Es indiscutible la presencia de la voluptuosidad y los ritmos caribeño y africano. El predominio de los acabados pulidos es un lenguaje europeo que el artista incorpora ajustadamente. En las composiciones de vasos comunicantes con núcleos, la obra de Cárdenas puede recordar las representaciones moleculares y ciertas estructuras atómico espaciales, como en Le coq, de 1974; en Science and Family y en Le repos.
Heredero de la poderosa raza negra, Cárdenas manifiesta en su obra el poder de esa cultura que lo engendró, de la latinoamericana que lo vio nacer, y de la francesa que lo vio desarrollarse. Conceptualizado lo visual, una de las constantes en sus composiciones se basa en tres elementos: la esfera, el triángulo y el óvalo siendo éste como una derivación elástica del encuentro de las dos primeras formas. Como se puede observar en Iroco, “tensión”es el término que se ajusta para describir el alcance de sus composiciones. Las formas que se asocian rápidamente son la idea del arco expandido por la flecha, de la estela erguida, de la masa solitaria y poderosa de la roca...
No se observan formas blandas, ni en las tersas superficies ni en las piezas diminutas ni en los dibujos. Continuando el análisis compositivo, no puede dejar de mencionarse el tema de los orificios y las masas de material, los que se compenetran unos con otros en una continuidad y sinuosidad incesantes, señalando uno de los elementos artísticos que caracteriza la obra de este artista.
Cárdenas estuvo interesado en los materiales locales: —tuvo oportunidad de ponerlo en práctica al hacer escultura al aire libre. Sus tallas en madera constituyen un conjunto de obra con características propias por el uso del fuego y del color, como se observa en My Shadow After Midnight, de 1963. Los quemados de ciertas zonas así como los acabados logrados de esa manera remiten y acentúan la relación con lo primitivo. En cuanto a las texturas, es también la madera quien se lo permite y lo incita, cómo se percibe en Engraved Butterfly de 1989. Exposiciones como ésta, en que se presenta un maestro del arte moderno, cumplen una función educativa, establecen parámetros técnicos y creativos para las nuevas generaciones, informan de lo ya realizado y abren las puertas a los coleccionistas de la modernidad clásica.
GRACIELA KARTOFEL
