Exposición Individualjul 2002 - sept 2002· Por Ana Elena Mallet

Rubén Ortiz Torres y Eduardo Abaroa

Galería OMR


Las constantes migraciones e intercambios que han sucedido y suceden entre la ciudad de México y Los Ángeles, Oriente y Los Ángeles, han dado origen a una cultura sui generis en la que la combinación de elementos cultos y populares han generado no sólo una nueva iconografía, sino una nueva manera de enfrentarse a la vida cotidiana a través de los filtros de la cultura mediática. Así, las principales referencias cotidianas en los barrios populares y de inmigrantes de Los Ángeles, los nuevos héroes y santos a venerar, son los personajes que aparecen en la televisión: artistas, cómicos, deportistas, superhéroes en dibujos animados, etc.

Exposición Individual: Rubén Ortiz Torres y Eduardo Abaroa — imagen 1
Rubén Ortiz y Eduardo Abaroa. Buda esotérico en inspección secundaria, 2002. Resina acrílica con laca. 60 x 60 x 27 cm. (23 1/2 x 23 1/2 x 10 1/2 pulgadas).

Abaroa y Ortiz Torres se han servido de esta realidad para conformar un discurso estético y colocar una serie de reflexiones sobre la mesa: la influencia de los medios en la vida cotidiana, la transgresión de las fronteras y la hibridación de las culturas y los espacios geográficos. Abaroa y Ortiz Torres formulan una arqueología del presente a partir de la cual exponen las maneras en que conviven y se entrecruzan ciertos elementos característicos del espacio y la imaginería urbana; así, en la muestra suceden al mismo tiempo acumulaciones de objetos, apropiaciones y resignificaciones de materiales, tal y como suceden en la vida diaria de las grandes urbes que se distinguen por su marcado multiculturalismo y sus afanes de cosmopolitismo y globalización.

La exposición muestra un total de 12 piezas en distintos medios: seis realizadas en colaboración con Eduardo Abaroa, tres realizadas por Ortiz Torres para Art Pace en San Antonio, Texas y tres fotografías de su serie Historia verdadera de la conquista de la Nueva América, que habían sido previamente exhibidas en el Centro de la Imagen en la ciudad de México.

Sin duda, de las seis piezas realizadas en conjunto, el video Bodhistava, 2002, puede considerarse el corazón de la exposición. En esta pieza se articula un discurso integral y se perciben los intereses de ambos artistas. El video utilizando una tecnología parecida a aquella con las que nos sorprendió Michael Jackson en su video Black or White de 1993 muestra la morfosis de una serie de figuras de cerámica como las que pudiéramos encontrar en las tiendas de baratijas del barrio chino o las que se ganan en la feria después de haber jugado a las canicas; cada una de ellas representa a un personaje diferente, todos extraídos de esta nueva cultura mediática de Occidente y de la cultura popular de oriente: los looney tunes se funden con el Pájaro Loco; se transforman en Hulk, luego en un ninja, de ahí en las chicas superpoderosas, en un indio apache, en una chiva rayada del Guadalajara y, finalmente, en ET, el extraterrestre.

Este video exhibe de manera clara la morfosis entre las diferentes culturas que convergen en una ciudad como Los Ángeles: Oriente y Occidente se entremezclan, México y Estados Unidos se funden dando luz a un nuevo híbrido que trasciende sus orígenes y se instala en el territorio norteamericano como una nueva forma de sobrellevar la vida cotidiana. Al mismo tiempo, Abaroa y Ortiz Torres proponen, utilizando estas efigies populares, un nuevo Olimpo, una nueva constelación de dioses que merecen ser escuchados, venerados y conservados en la memoria.

Chupabuda con vergüenza, 2002, es el resultado de la cruza de Buda con el Chupacabras, un mito fronterizo. No se sabe si viene de un proceso natural de copulación, metáfora del proceso de hibridación de las culturas, o más bien se debe a un proceso transgénico. La pequeña figura tapa sus partes desnudas con sus manos, y una hilera de prendas de vestir de distintas tallas y modelos sugieren que al descubrirse no sólo desnuda sino "víctima" del mestizaje, busca ropa con la que ocultar su verdad. Un circuito cerrado de televisión apunta hacia el espectador, y un monitor, justo al lado del Chupabudas, obliga al visitante a mirarse a sí mismo mirando la pieza. Finalmente, todos somos espectadores de estos procesos transgénicos que terminan por mezclar lo que ya antes estuvo mezclado. Sólo nos queda observar, pacientemente, las consecuencias.

Ironizando con la frase popular "aquí y en China" (que bien podría significar que aquí y en China, Valenzuela sigue siendo un grande), Abaroa y Ortiz Torres crean en la pieza Fernando Valenzuela aquí y en China, 2002, un dragón chino de múltiples cabezas, un "híbrido" o especie de "minotauro" que, en lugar de completarse con cabezas de dragón, presenta aquella del beisbolista Fernando Valenzuela, figura estelar del equipo los Dodgers de Los Ángeles y tal vez el beisbolista más importante en la historia mexicana de este deporte. La relación es clara y directa: una vez más, la mezcla de efigies culturalmente codificadas y asociadas con los sectores populares de la sociedad —el dragón chino utilizado en las festividades religiosas y Fernando Valenzuela, el deportistas idolatrado— no es sino el resultado de la mezcla de dos culturas que al fusionarse generan una tercera que ahora sí... llegó para quedarse...

ANA ELENA MALLET

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