Exposición Individualjul 2002 - sept 2002· Por Marta Rodríguez

Óscar Muñoz

Galería Santa Fe, Planetario Distrital

Óscar Muñoz, junto con Miguel Ángel Rojas, es uno de los artistas más representativos de la generación que surgió en la década de 1970, un grupo de artistas jóvenes que afianzó la práctica del dibujo como un lenguaje autónomo a través del cual se podía expresar una nueva sensibilidad que surgía en el arte colombiano. Una sensibilidad que, por una parte, miraba con atención el entorno urbano inmediato, la realidad cotidiana que se vive en las pequeñas y grandes ciudades de un país como el nuestro, fuertemente marcado por diferencias de orden socioeconómico, en el que el barrio de clase media determinaba una forma de vida y unos hábitos de comportamiento; una sociedad cuyos valores y creencias se vieron afectados por los ecos revolucionarios provenientes de las juventudes europeas y norteamericanas; y por otra, compartiendo las preocupaciones del arte internacional, pusieron especial atención en la producción de los medios de masas, revistas, cine, televisión y fotografía, imágenes de la "baja cultura" que se convirtieron en una fuente importante para la producción de diversas series de dibujos monocromos, trabajados con una técnica minuciosa y cuya apariencia recordaba las intenciones del fotorrealismo; estos artistas comenzaron a marcar una pauta, un lenguaje distintivo que introdujo las preocupaciones y la realidad del mundo cotidiano, al ámbito de las exposiciones individuales y de los Salones Nacionales.

Exposición Individual: Óscar Muñoz — imagen 1
Óscar Muñoz. Eclipse, 2002. Imagen monocroma, espejos cóncavos. Dimensiones variables.

Óscar Muñoz, desde entonces, ha proseguido con su mirada de dibujante pero llevando las condiciones de este medio a un alto nivel de reflexión y conceptualización, actuando con gran sensibilidad e inteligencia, siguiendo un ritmo constante y progresivo, de manera que su trabajo, sin pretensiones forzosas, ha ido evolucionando a tono con las distintas problemáticas del arte contemporáneo que, entre otras cosas, busca una participación más activa del público, que además de su mirada involucra la presencia del cuerpo, así como incorpora características de orden formal o histórica, del espacio particular en el que se presenta, y que propicia obras de carácter efímero.

Dentro de este marco de ideas se inscribe la instalación titulada Eclipse, presentada en la Galería Santa Fe en el Planetario Distrital durante el mes de febrero. En esta se proponía una apropiación del espacio de la sala y un recorrido activo y atento por parte del espectador.

La galería se oscureció totalmente, de manera que quien entraba, en primera instancia se enfrentaba a un espacio vacío, completamente en penumbra al que se ingresaba con algo de incertidumbre, pero a medida que el ojo se adaptaba a las mínimas condiciones de luz, se percibía en la pared cóncava del frente que delimita el espacio, una especie de medialunas radiantes y plateadas cuya imagen de inmediato remitía a las fases del eclipse de la Luna o del Sol, tema muy pertinente para esta sala situada en el Planetario Distrital. Una vez que el espectador se acercaba a cada una de estas fases, se encontraba con una imagen monocroma de formato redondo, en movimiento, al principio no muy precisa pero que podía recordar los valores lumínicos de la fotografía, blancos, grises y unos negros no muy profundos.

A medida que se iba recorriendo la sala, entre una y otra se percibían pequeñas y muy sutiles variaciones y finalmente el espectador comprende que la imagen, en un principio percibida como algo abstracto, como una combinación de blancos y grises, es una imagen figurativa, una imagen invertida de la Carrera Séptima, y que el movimiento proviene de los árboles que mecidos por el viento circundan al Planetario, y de los automóviles que circulan por una de las avenidas más importantes de la ciudad. Para la producción de estas imágenes se utilizaron doce espejos cóncavos que, como decíamos, captan imágenes provenientes del exterior de la galería, que se filtran a través de una serie de pequeños orificios.

Estos orificios hacen recordar al visitante las características formales que posee este espacio, que tiene una larga historia, pues durante un tiempo fue la sede provisional del Museo de Arte Moderno de Bogotá y luego se convirtió en una sala importante de exposiciones donde se celebran salones colectivos, muchos de ellos de arte joven, y eventos nacionales de primer orden, como el premio Luis Caballero. En un comienzo, esta sala presentaba grandes dificultades para la exhibición de obras, pues la pared principal estaba constituida por un enorme ventanal que daba sobre la citada Carrera Séptima; con el tiempo, esta pared se cubrió con un enorme panel que respetó la forma cóncava del espacio, de manera que la sala se adaptó mucho mejor a su función. Es así como estos pequeños orificios nos recuerdan la presencia de los ventanales que dan sobre la calle, y la imagen que ellos dejan pasar parece sintetizar la preocupación de Óscar Muñoz por una imagen monocroma, cercana a la fotografía, pero como dijo el artista, estas son "fotografías amnésicas, sin memoria". Lo que se ve a través de ellas es solo el presente, "no existe el pasado". Son imágenes íntimamente ligadas al medio urbano inmediato, como lo fueron sus Inquilinatos; imágenes de la ciudad que se presentan con la magia propia de sus cortinas de baño, con el misterio de sus Narcisos y con la magia de sus dibujos con vaho que conformaron su obra Aliento; también son imágenes efímeras porque solo con encender las luces de la galería, la ciudad, los automóviles y los transeúntes desaparecen.

Imágenes que se colocan ante nuestros ojos para que las experimentemos, pensemos y descifremos.

MARTA RODRÍGUEZ

Óscar Muñoz, por Marta Rodríguez | artnexus