Exposición Individualjul 2002 - sept 2002· Por Bélgica Rodríguez

Onofre Frías

Galería Blasini

Desde hace mucho tiempo la obra de un artista como Onofre Frías (Venezuela, 1953), se ha hecho conocer en el medio de la plástica venezolana a partir de exposiciones personales que presenta cada año. Prolífico y serio, su trabajo ha buscado las raíces de una temática en la que explora razones muy intrínsecas a la condición caribeña y el carácter telúrico del ser latinoamericano. Nació en un pedazo de tierra que aún guarda los jirones de varias culturas, siendo la más importante la africana ligada a una franja de vida que bordea el azul imposible del mar Caribe. No es de extrañar, entonces, que la música y la exquisitez y magnificencia de una flora majestuosa y vibrante sean los componentes temáticos que le han llamado la atención para realizar una pintura amorosa y combativa, aunque suene incoherente.

Exposición Individual: Onofre Frías — imagen 1
Onofre Frías. De la serie Constructo, 2001. Ensamblaje. 120 x 120 cm. (47 1/5 x 47 1/5 pulgadas). Foto: Onofre Frias.

Conectado con quehaceres de mago, con sonido de tambores y guaruras, con formas y colores que expresan la vida intensa del hombre que habita las profundidades de aquel azul infinito, Frías en conexión espiritual y oculta se ubica en creencias y rituales que le son propios. Su trabajo plástico es un ritual en sí mismo que se expresa en la pintura y en la instalación.

Flores y más flores, se convierten en caminos para exorcizar la angustia de sentirse arraigado en una tierra, en una cultura mestiza a la que coloca en el altar del sentimiento, las querencias y los recuerdos. Los títulos de sus exposiciones son elocuentes de este quehacer: Flores del alma, Altares del sur, Ensoñaciones, Injertos del alma y Constructos, la última que presentó recientemente, siempre han estado cargadas de aquella temática de las flores que se convierten en flores a partir de la mancha inédita y la variación de la línea.

En Constructos, serie realizada en los últimos dos años, se observa la síntesis de lo hecho anteriormente. No es banal que su trabajo se hilvane en series continuas, siempre privilegiando una escritura plástica inédita. Aquí hurga en técnicas y significados para experimentar con materiales no convencionales en el medio pictórico. El collage, la instalación, el dibujo, la obra gráfica, abren compuertas expresivas, y como él mismo dice, como "recursos inmensos convenientes en función de mi idea, de formulación de un espacio cultural y artístico".

Frías trata la superficie de la tela en dos direcciones estructurales en donde la estética se basa en la riqueza cromática y la arbitrariedad creativa. Una de estas direcciones es lo gestual amoroso y sensual de la mancha y el nerviosismo de la línea, y la otra le corresponde a un sistema constructivo que alberga los caracteres dramáticos de aquella hermosa mancha pictórica que como masa compacta flota en el primer plano. No se trata aquí del soporte simple que aloja las formas. Al artista le interesa bucear en las transparencias que puede lograr a partir del no color, de la no línea. Por ello, la tela la cubre de una malla-tul, que poco a poco, en el proceso de realización, va develando como interioridades emotivas y plásticas, creando un diferente espacio al pictórico mismo. Tampoco se trata del collage sencillo. Aquí la imperceptibilidad del añadido desafía la mano del artista. Hay algo por descubrir, un misterio que se devela a la mirada a partir de un recorrido lento, el que se ha hecho más complejo a partir de las mallas que como pentagrama se sitúan en un plano casi exterior a la superficie misma.

Onofre Frías trabaja basándose en una larga experiencia y una sensibilidad creativa, toma el espacio geográfico como iconografía (puesto que no se trata de la representación vulgar de una flor), para realizar una pintura, como él la llama con resonancia nacional, sin ser local ni manifestarse con ambigüedades nacionalistas.

BÉLGICA RODRÍGUEZ

Onofre Frías, por Bélgica Rodríguez | artnexus