Desde hace años que el verde más verde identifica la obra de Nicolás García Uriburu y es el tono dominante de Víctimas y victimarios, la muestra que exhibe en la recientemente inaugurada Galería Daniel Maman Fine Art. El artista presenta 22 objetos "mayormente muebles intervenidos", 17 fotografías "digitalizadas y trabajadas con técnica mixta" y diez óleos. Esta exposición es "una protesta esperanzada", en donde García Uriburu desarrolla a fondo una serie comenzada en 1996, y rescata "la memoria (...) de la silla que añora ser árbol o los muebles que quisieran ser bosque".

Precursor, desde 1968, Uriburu (Buenos Aires, 1937) realiza intervenciones en la naturaleza contra la contaminación, fruto de la desidia, la avaricia y la corrupción. Desde ese año, cuando coloreó de verde, con sodio fluorescente que carece de toxicidad, las aguas del Gran Canal en Venecia, en coincidencia con la bienal internacional, realizó más de 30 acciones vinculadas con la preocupación ambiental: plantación de 7.000 robles en Kassel, como parte de la 7ª Documenta, en Alemania; instalación de más de 50.000 árboles en las décadas de 1880 y 1990 en las calles de Buenos Aires y de Montevideo. El East River en Nueva York (1970), la fuente de Trocadero en París (1972), la fuente de Trafalgar en Londres (1974), el río Rin, en colaboración con Joseph Beuys (1981), la fuente de la Plaza de los dos Congresos (1983) y el río en Puerto Madero (1992), en Buenos Aires, coloreados de verde, son algunos de los escenarios en donde mostró su preocupación como ciudadano y como artista por los problemas de la relación del hombre con su entorno.
La muestra actual, curada por el artista Joaquín Molina, confirma, una vez más, que García Uriburu cree en la posibilidad movilizadora del arte y que la ecología "junto a los mitos porteños y la unión de América Latina" es el interés central en su extensa trayectoria. El artista renueva su apuesta de "pasar de la estética a la ética y la solidaridad" y despliega una serie de buenos muebles (quizá demasiados, ¿es que se sintió obligado a poblar totalmente la amplia sala principal?) que se presentan heridos, incómodos. Todos se hallan pintados de verde con óleo fluorescente, mientras que algunos de exquisito diseño delatan una noble pertenencia. Estos objetos preexistentes "sillas, mesas, cómodas con cajones, mesitas de luz, estanterías, escritorios, tablas de lavar", a los que les han crecido gruesas púas, se muestran agredidos por serruchos, hachas, sierras y otros objetos cortantes. Así, dice el artista: "el hombre cobra su tributo verde destrozando bosques enteros, convirtiéndolos en muebles".
Intercaladas en contraste con los objetos, se exhiben 17 fotografías digitalizadas y trabajadas con técnica mixta. Ésta es una provocadora propuesta gráfica que encuentra su mayor atractivo, desafío y eficacia visual en su intimidad y falta de espectacularidad.
En las salas superiores, se exponen cuatro pinturas que confrontan al espectador con una visión de la Amazonia, con la generosa naturaleza dañada irremediablemente por la llamada civilización y la rapiña de intereses poderosos. Entre las restantes imágenes, sobresalen las más abstractas que aparecen como una celebración del verde y las estaciones. Especialmente, se destaca una poética y delicada versión del Invierno.
En una muestra de 1999, "Empresas contaminantes auspician", en el Centro Cultural Español, ICI, García Uriburu denunciaba con nombre y apellido a las empresas "curtiembres, frigoríficos, pinturerías" que arrojaban desechos líquidos al río de la Plata sin ser tratados adecuadamente. Eran grandes fotografías documentales, luego intervenidas por el artista, que se constituyeron en un notable alegato contra el envenenamiento de las aguas. Éste es un ejemplo reciente de cómo, desde hace tiempo, quedó establecido que García Uriburu está dispuesto a llevar su pensamiento militante a su arte. Sin embargo, parece un poco forzada la actual presentación de dos obras de contenido "ecológico-político (...) las sillas del juez y el político corrupto". Su clamor por la triste y exasperante situación por la que atraviesa Argentina se muestra un tanto parcial, parece haberse olvidado de señalar a los directivos del sector financiero y ejecutivos de las empresas privadas, copartícipes del desastre nacional.
Feliz con su muestra, Nicolás García Uriburu también festeja porque acaba de darse a conocer Uriburu, utopía del Sur, un extenso libro que escribió el crítico francés Pierre Restany sobre los trabajos y los días del artista, una figura insoslayable en el panorama artístico local e importante cultor del Land Art, también en el plano internacional.
VICTORIA VERLICHAK
