Exposición Individualjul 2002 - sept 2002· Por Marianne De Tolentino

Milton Becerra

Carmen Rita Pérez - Arte Actual

Una galería prometedora inauguró, en Santo Domingo, sus espacios al mismo tiempo que la IV Bienal del Caribe. Su directora, Carmen Rita Pérez le dio su nombre, acompañado por "Arte actual". Precedida por una trayectoria personal en el circuito dominicano de la pintura, ella se ha rodeado de un personal joven y experto. Aquí nada de intuición medagalanaria.

Los primeros meses de actividades infunden optimismo, por la hermosura simple, cómoda y flexible de las salas, por la calidad de las exposiciones, por una programación que incluye conversatorios, talleres para niños y seminarios de arte. Una comunicación constante con el Museo de Arte Moderno, las demás galerías, los artistas, los críticos y el medio internacional, augura una labor abierta y concitadora.

Exposición Individual: Milton Becerra — imagen 1
Milton Becerra. América, homenaje a Torres-García, 2000. Fibra de algodón. 53 x 60 cm. (20 3/4 x 23 1/2 pulgadas).

Milton Becerra es el primer expositor individual de Carmen Rita Pérez - Arte Actual. Aunque reside y trabaja en París desde la década de 1980, mantiene un vínculo permanente con su país de origen, Venezuela, expone en Europa y América Latina, es figura de importantes eventos internacionales. Conocimos al artista lustros atrás, admiramos su período de las armas, las cerámicas, las piedras, y, pese a tener su dirección en París, no reanudamos el contacto... hasta la presente exposición en Santo Domingo.

Pero las circunstancias borran "el tiempo perdido", y redescubrimos a Milton Becerra en lenguajes, signos, materias, imágenes, obras... casi impredecibles décadas atrás. Sin embargo, el carácter polivalente de la creación, una curiosidad insaciable y una sinceridad total, manifestados desde los inicios de la carrera, no sólo siguen vigentes, sino que han "tejido" esta "Alfombra mágica".

De hecho, son más de 20 alfombras mágicas, ni horizontales ni voladoras... Pertenecen a otra magia. Cuanto más contemplamos estas piezas transparentes, de diferentes tamaños, tramadas en hilos obsesivamente anudados, discretas en sus colores cremosos o azul oscuro, mayor fascinación sentimos, multiplicando lecturas y reflexiones.

La primera reflexión nace del apego de Milton Becerra a las raíces ancestrales e indígenas, produciendo un arte contemporáneo que permanece ligado al pasado, un legado que evocamos "y buscamos" en las sucesivas etapas, desde procesos y oficio artesanales hasta las mitologías del ave, la serpiente y el jaguar. Así, el artista, volcado hacia sus ascendentes nativos y la antigua cultura chibcha, creó máscaras, pectorales, collares, armas, cerámica, y se ha apasionado por un arte del tejido.

Esas esculturas textiles pudieron ser otrora una gigantesca escultura, desplegada en el espacio y especie de "hamaca" mítica, e instalaciones colgantes: hay aquí una leve connotación sacramental. Culminaron en estas alfombras mágicas: suspendidas en el aire, desde el techo ofrendan una grácil seducción, inmaterial e insidiosa a la vez. Si las miramos de frente, son redes abiertas, esquemas vivos y figuras del pensamiento, pero de perfil se minimalizan en una estricta línea vertical. No basta con este contraste: las obras duplican sus efectos visuales y formales, por el poder de sus sombras en la pared.

Ahora bien, Milton Becerra no se limita a resucitar los viejos mitos de ídolos ceremoniales y animales sagrados: ave y jaguar. Hombre de hoy, los mitos y los sucesos de la actualidad marcan su obra. Así, a manera de símbolo y cuestionamiento de la cultura global, la efigie de Mickey Mouse cristaliza el nuevo mito "inevitable", que se desborda desde el mundo infantil hacia toda una sociedad universal y todos los productos, ¡incluido el arte!

Si el "Miki"(¡!) sorprende pues a la primera mirada, pronto lo acogemos y nos dejamos llevar por esta imagen que menos representa que recrea, gracias a la concepción y técnica de ejecución. El ingrediente lúdico provoca en el espectador simpatía risueña y juego contemplativo. No hay desmitificación o "desmikificación"... sino una referencia epocal y un divertimento, increíblemente susceptible de alcanzar la calidad del mejor arte. Algo como un "¿por qué no Miki?"... Ello forma parte de la gran libertad de inspiración, de ese disfrute interior que fundamenta la obra de Milton Becerra, como él mismo lo expresa y sostiene.

Asistimos a la perennización del personaje imaginario, magnificado en la obra Happy Birthday, mientras las torres gemelas, pequeñitas a su lado, desaparecieron como objeto real y físico, volviéndose memorial estremecedor. Dos símbolos de una misma civilización tuvieron suertes distintas: el primero continúa la comedia, las segundas perecieron trágicamente.

Otra imponente obra —molesta emplear la palabra alfombra o tapiz— se llama Estatua de La Libertad, de particular inteligencia y riqueza de lectura. Esta vez, las dos torres ocupan casi todo el espacio, flanqueadas a ambos lados, de dos avioncitos "¡que parecen de juguete!" y la estatua de La Libertad. Buscamos otra figura que "signifique" el título... Luego, cuando encontramos, muy abajo, el pequeño signo estatuario, (cor)relacionamos el título con el atentado terrorista y una metaforización de la "estatua de La Libertad". Además, las proporciones respectivas son plausibles, y en escala... Es una pieza contundente, cuya fragilidad matérica sugiere la vulnerabilidad de monumentos vistos como inexpugnables.

Prácticamente todas las alfombras ameritarían un análisis. No queremos dejar de mencionar aquella América al revés del Homenaje a Torres-García —que remite al conocido dibujo del 36 del maestro uruguayo—, y una obra extraordinaria, Símbolo Mado-fedi, formalmente abstracta y puro ejemplo de la llamada geometría sensible latinoamericana. La Mesa de cristales, única en su género, establece una coincidencia entre mueble, cuadro y obra maestra, verdadero "misterio" que nos hace preguntar lo que se esconde debajo de una organizada maraña de hilo...

Milton Becerra goza manipulando, combinando, acordonando, amarrando, anudando, y respondemos disfrutando. Predominan los hilos de fibras naturales, en la tradición textil nativa. Cuando los hay acrílicos —así para la Puerta a las estrellas y la figura de cosmonauta—, esos materiales de síntesis poseen una connotación de tiempos y espacios tecnológicos.

Las obras no bloquean el espacio real ni la luz, los absorben, se incorporan a ellos. Los planos son virtuales, pero la materialidad-inmaterialidad cambia según el grosor de las hebras, susceptibles de adelgazar hasta un hilo de coser. Otra solución consiste en la superposición de dos capas: la primera, simple cuadrícula, y una segunda, portadora del diseño, afianzan la construcción del cuadro y sus ritmos interiores. Variaciones no faltan.

Milton Becerra recuerda que fue discípulo de Carlos Cruz-Diez y ha trabajado con él. Ciertamente, al lado del gran maestro venezolano, el artista ha desarrollado su talento y temperamento, fundamentado en otra geometría emotiva y en efectos ópticos propios, en la economía del color —aquí "reveroniano"—, en una actitud ante la gente y la obra, llena de generosidad, de respeto y de ilusiones.

Santo Domingo ha adoptado a Milton Becerra, y éste a Santo Domingo: después de ARCO, él volvió aquí, para sorpresa y satisfacción de todos.

MARIANNE DE TOLENTINO

Milton Becerra, por Marianne De Tolentino | artnexus