Exposición Individualjul 2002 - sept 2002· Por Marianne De Tolentino

Marcos Lora Read

­Carmen Rita Pérez - Arte Actual

Kid Kapicúa, la muestra de Marcos Lora Read en Carmen Rita - Arte Actual, intriga desde su título, y también el tema único, el boxeo, sorprende. Un fenómeno de descubrimiento progresivo empieza con el Púgil, retrato heroico en blanco y negro, ¿evocador de "Joe Louis"? Así es: en doce rounds — doce obras y multimedias —, un artista dominicano rinde homenaje a una leyenda norteamericana del ring, su lote de triunfos y desventuras.

A Marcos Lora Read le gusta el boxeo, pero las motivaciones llegan mucho más allá de una afición personal. Si él aborda, como casi todos los artistas, las referencias autobiográficas, existenciales e intelectuales, su facultad de introspección se proyecta hacia el otro y la colectividad, los episodios de la historia y las coyunturas de la sociedad. Formas risueñas, extrañas, fascinantes siempre, hacen un llamado a la conciencia humana.

Exposición Individual: Marcos Lora Read — imagen 1
Marcos Lora Read. Kid Kapicúa, 2002. Caja de luz. 25 x 20 x 10 cm. (9 3/4 ×7 3/4 × 3 3/4 pulgadas).

En esa primera individual en una galería privada dominicana, Marcos Lora reitera el compromiso que expresó años atrás: (...) "de acuerdo a mi voluntad de zafarme de los puzzles de la historia, una historia escrita por los vencedores que son aún quienes siguen escribiéndola, (...) no soy más que un cronista de mi tiempo, un tiempo al que me enfrento con actualidad y la debida responsabilidad".

Continuando su saga de la colonización, la trata de negros y el tráfico ominoso de esclavos, él evoca a otro tipo de esclavo, negro también, explotado también, usado y abusado por su fuerza descomunal, víctima del racismo y la injusticia. Marcos Lora Read saca a Joe Louis, nombre que "pegaba" mejor que el estado civil de Joseph Louis Barrow, de los arcanos de la historia del boxeo, los prejuicios y las persecuciones. Él lo resucita.

Pocas exposiciones se distinguen por tanta coherencia y manejo de la metáfora. Marcos Lora es un pintor figurativo expresionista que no ha olvidado el realismo. Contemporáneo a rajatablas, se siente libre de conservar otras estéticas. Lo sellaron como escultor e instalador, él obliga a ampliar criterios: le encanta la pintura —ha expuesto telas anteriormente— y mostrar que todavía una cierta academia conserva eficacia dentro de la contemporaneidad...

En cuatro acrílicas de buen tamaño, él plasma ofensiva y defensiva, golpes y contragolpes, tirando ganchos con una pincelada seca sobre la tela. Su lienzo es una lona, atada con cuerdas al marco: ¡un cuadro de ring! Lo que inicialmente parecía casi tradicional y testimonial, va adquiriendo relevancia. Aquí no falta el bien conocido guiño de Lora Read.

El cuadro más impactante, Peatón cruzando al paso de cebra —título a leer después, sino ocurriría más desconcierto aun...— presenta, en primer plano, un ave enorme, casi una lámina; en segundo plano, los boxeadores, bocetados. Es que los pájaros vuelven en la obra de Marcos Lora, derribados, enjaulados, presas de la agresión imbécil y cruel. No obstante, nunca el ave ocupó tanto espacio, cobró tanto simbolismo, cual testigo fugaz o víctima agredida... como los boxeadores para el goce del espectáculo y de las apuestas. Resulta difícil desprenderse de la obra.

Marcos Lora reitera su pasión por los objetos, que no se limita a una colocación duchampista. Tampoco quiere mitificar el objeto ni alterarlo: él lo interviene o lo reinventa para comunicarle mayor contundencia. Aquí están la parafernalia y vestigios arqueológicos del boxeador: la cuerda (una pieza exquisita), el protector de mandíbulas (magnificado y ensangrentado), la toalla (¿tirada?).

Dos construcciones de mucho nivel señalan al escultor. Una silla de láminas de cristal —única obra ya exhibida— materializa el clímax de la seducción y la vulnerabilidad. Y la pieza estelar de la exposición, un punching-ball en caoba, impecablemente labrado, cabizbajo, con dos ojitos abiertos, surge de la pared. Aquí el humor cede ante el drama.

En una cantidad modesta de obras, de formatos pequeños y moderados, Marcos Lora Read, que hizo obras monumentales como La calimba en La Habana y El puente colgante en Barcelona, consigue proyectar vertientes principales de su producción: dibujo, pintura, escultura, ensamblaje, objeto, instalación. Esta discreción, acorde a los espacios ofrecidos, permite saborear cada pieza de la exposición.

María Lluïsa Borràs veía en la obra de Lora Read "un arte que, en definitiva, se dirige al hombre de hoy, con sus ilusiones, aspiraciones, frustraciones, su dolor y su nostalgia". Hoy, seguimos confrontando esa propuesta ontológica y social, y no estaría fuera de concepto percibir, en el boxeador, triunfante y vapuleado, maltratado aunque vencedor y obligado a no perder, una metáfora de la condición del artista, sus vicisitudes e incertidumbre ante el futuro. Marcos Lora cristaliza la historia de su clase, de sus retos, de sus riesgos, a través del pugilista.

Éxitos, honores, favores del mercado, dejan al artista expuesto a incomprensión y prejuicios, a los dardos críticos y a su propia decadencia, al igual que el peso pesado Joe Louis, ¡que, sin embargo, defendió su título de campeón del mundo hasta el anuncio de su retiro, durante casi 12 años y 25 combates! Resistir a 25 grandes exposiciones significa también una hazaña para el pintor. La lectura de Kid Kapicúa es abierta: Marcos Lora Read invita a mirar, pensar y recordar.

MARIANNE DE TOLENTINO