La materia en este caso es, sin duda, la protagonista principal de su trabajo reciente. Se trata de pintura de manera franca y llana; sus telas poseen una carga enorme y de tales dimensiones exagerada, que las piezas rebasan los 5 centímetros de espesor. Sin embargo, no reside ahí el atractivo de estas obras aunque sea una de las características que más atraen la atención de quienes han seguido la trayectoria de este creador, sino su postura conceptual resuelta de modo atractivo, amén de su peculiar actitud ante la vetusta discusión que pone en duda la existencia o desaparición de la pintura como forma expresiva prototípica.

Los cuestionamientos que plantea Lamoyi sobre este tema viajan lejos cuando al ver su trabajo se descubre en él una obra que existe en el límite entre lo escultórico/objetual y lo meramente pictórico. El título de la exposición es en sí mismo, como evocador de un sonido, una manera de presentar en palabras la sensación que produce enfrentarse a su obra cargada fuertemente, y de manera atípica, de óleo.
Su trabajo ha venido debatiéndose entre el abstracto fotográfico, provocado y estructurado basándose en escenografías realizadas para el caso, y el pictórico en la ruta de un abstracto matérico, cromatizado muchas veces a partir del color que sale del tubo (incluso conservando el grosor del cilindro de dónde ha salido), otras más resultado de una mezcla que no omite en su grosor la huella del paso de una paleta violenta pero precisa a la vez, huella que resalta más por las dimensiones reducidas de estas piezas.
Su secado es largo. Varios meses deben pasar antes de que estas obras puedan ser enderezadas y llegar a habitar la verticalidad de algún muro. El peso de la pintura es enorme y su consistencia haría que se derramara sobre el suelo si este proceso de secado no ha llegado a su fin. Esta precisa disposición para su observación es también parte de la propuesta de Lamoyi en tanto que es su deseo que no permanezcan sólo como objetos que vivan sobre el suelo, una base, una mesa o cualquier otro soporte, sino que al situarse en muro subsista la vieja tradición de colgar los cuadros en la pared, acto reivindicatorio de un uso revertido ya hace décadas y ahora vuelto a ser ejercido como parte de su propuesta conceptual.
Su trabajo es un cuestionamiento importante al viejo tema de la pertinencia de la pintura. Se ubica en la frontera entre el objeto creado y la factura accidental. Es una suerte de colaboración conjunta medio-autor. Ambos ponen su parte y el resultado en una pregunta importante que incide sobre el tema de lo artístico y sus múltiples maneras expresivas para llegar hasta nosotros, ya como objeto, ya como idea.
Lamoyi ha desarrollado para estas obras una estructura interna difícil de lograr en piezas de pequeño formato que además han sido realizadas a la manera de obras de mayores dimensiones. A punto de ser vencido por las peculiaridades expresivas propias del medio, Lamoyi encuentra junto con un enorme gusto por la forma y su color, el balance entre su propuesta personal y la libertad significativa del material.
Queda esta muestra como importante testimonio de una búsqueda que conceptualmente salda una cuenta con la contemporaneidad de la pintura y su posición dentro del arte actual.
NOTA
*Pablo Goebel, representante de Marco Tulio Lamoyi, colaboró con el artista para seleccionar y reunir la obra que compone esta exposición.
SANTIAGO ESPINOSA DE LOS MONTEROS
