Exposición Individualjul 2002 - sept 2002· Por Bélgica Rodríguez

Karem Arrieta

Galería Medicci

La nostalgia de la infancia ha sido un tema recurrente en las artes. En la plástica lo encontramos fundamentalmente en la pintura, hasta en las más innovadoras instalaciones que han invadido la contemporaneidad. La memoria, los recuerdos, siempre guiados por un sentimiento humano muy particular, se proyectan hacia la búsqueda de una pérdida que deviene en paraíso, ya como conciencia adulta. La muestra de Karem Arrieta (Venezuela, 1964), titulada Paradiso, fue un conjunto de pinturas en las que el tema fundamentalmente se aferraba a las meditaciones y las nostalgias de un período de la vida que pasa indefectiblemente y sólo queda en la memoria. Según Arrieta, la infancia se reconstruye como una etapa feliz, pero ese "paraíso no es perdido, sino que existe como una creación y selección de momentos que decidimos guardar, olvidando o escondiéndonos a nosotros y a los otros, un pasado idílico que en realidad nadie ha vivido".

Exposición Individual: Karem Arrieta — imagen 1
Karem Arrieta. Los Chinos, 2000. Óleo sobre tela. 200 x 150 cm. (78 3/4 x 59 pulgadas). Foto: Renato Donzelli.

El tema central de esta pintura está centrado en el retrato de niños como paradigmas de la inocencia. Niños envueltos en la magia infantil de los juguetes, situados en ambientes donde las referencias a ese universo parecen reflejar el aparente caos de la no conciencia sobre el entorno. Estos retratos se presentan como imágenes anónimas, para hacerse representaciones de un colectivo: es la infancia universal con vestidito de marinero. Curiosamente puede parecer impactante la fragilidad del tema, trajinado por grandes creadores universales, por ejemplo, Picasso, Pessoa y Proust, en tres direcciones diferentes. Sin embargo, las imágenes recortadas sobre un fondo cuadriculado en el que aparecen repeticiones de una misma figura, un caballo, un perro, contrastan con la extraordinaria gelidez de las figuras de los niños y de lo que los rodea, una mecedora, una bicicleta, un balón. Niños que no reflejan sus emociones, niños en fotografías antiguas estacionadas en atmósferas de ausencia que los envuelven en un clima emocional de baja temperatura. No es extraño, entonces, percibir un carácter enigmático e inquietante que oscila entre lo perverso y lo angelical, entre lo inocente y lo maligno. Como los personajes púberes de un pintor como Balthus, los de Arrieta son niños con historias, con pasado, pero indescifrables, puesto que lo proyectan de manera abstracta, sólo para ser percibido por el espectador de acuerdo con su propia conveniencia.

Desde el punto de vista de sus propuestas plásticas, la artista explora dos planos pictóricos, el de los personajes que compiten con el de fondo, que lo empuja hacia el exterior. Imaginación y realidad son volcadas en la representación de imágenes con una fuerza plástica radicada en una preocupación por el dibujo perfecto y en la impresión de colores que otorgan a la superficie un valor simbólico. Formas contenedoras de color ordenan el espacio pictórico, asentando con propiedad la estructura de la superficie. Aquí es importante el valor individual de cada una de ellas, mientras que en magia visual actúan como un todo estructural.

Karem Arrieta es una artista joven, quien después de muchos años en Venezuela, y especialmente en Maracaibo, su ciudad natal, decidió radicarse en París, donde actualmente vive y trabaja. Desde sus años de aprendizaje, trajinados en las diferentes escuelas y academias de arte donde ha cursado estudios, ha continuado con mucha constancia un interés por la pintura-pintura como expresión de un alfabeto visual en el que los elementos formales conocidos, forma, color, dibujo y composición, por ejemplo, responden a lo más apropiado de la modalidad. Sin estridencias ni alaridos, neovanguardista hasta ahora, pareciera empecinarse en continuar la más pura tradición de la buena pintura sin dejar de experimentar y transgredir los recursos plásticos de los que hace uso. Su juventud, el hecho de ya poseer un lenguaje plástico muy propio y la certeza de saber lo que quiere, le conceden la posibilidad de seguir seriamente una vocación situada en la pintura.

BÉLGICA RODRÍGUEZ

Karem Arrieta, por Bélgica Rodríguez | artnexus