Desde su apertura hace menos de un año, la Galería Garaje Regium bajo la dirección de Damián Casado ha venido realizando una labor consistente con jóvenes artistas que hasta ahora habían trabajado principalmente dentro del circuito artístico de la ciudad de Barcelona. Ello le ha dado a la galería un carácter particular, además de que ha llenado en parte un hueco que ya acusaba el circuito madrileño, esto es, la falta de exposiciones de artistas no españoles.
Dentro de este esquema y después de otras exitosas exposiciones, ahora presenta la serie de fotografías En ninguna parte, del cubano Juan Pablo Ballester, residente en Barcelona. El título no deja de ser irónico pues las fotografías han sido tomadas todas dentro de su propia casa a la que ha invitado a posar con sus perros a varios jóvenes de su barrio. Se trata de imágenes que evidencian la tensión provocada por la intrusión de un cuerpo extraño en un entorno determinado. Curiosamente, no hay nada de agresivo en los modelos, ni siquiera en sus perros, por lo menos no de entrada. Lo que causa cierto desconcierto es la evidente sensación de que se encuentran en un lugar que no es el suyo, de ahí las poses algo forzadas y el contraste con la evidente intimidad del sitio en el que son fotografiados.

A primera vista, las imágenes pueden incluso semejar anuncios publicitarios de exclusivas marcas de ropa deportiva; la mirada frontal de los modelos, la vestimenta llena de marcas y logotipos e incluso el claro cuidado del que gozan los perros nos permiten imaginar estas mismas imágenes entre las páginas de cualquier revista contemporánea dedicada a la moda y al estilo de vida. Una mirada más atenta nos revela, sin embargo, que se trata de gente común y corriente, aunque está claro que el artista no ha buscado disimular las referencias a los códigos de la moda callejera en uso. Esto es interesante en la medida en que en algunas de las imágenes esos tres ámbitos; la moda, la calle y el arte, se encuentran inevitablemente ligados.
Un elemento de tensión es precisamente el entorno: en la serie se puede apreciar desde la escalera del edificio hasta la puerta de la casa, pintada de dorado y con una placa en la puerta en la que se lee "en ninguna parte", para llegar a lugares más íntimos como la mesa de trabajo o la propia habitación. Aquí es donde encontramos el elemento de contraste más visible: al fondo de la habitación, detrás de una cama grande cubierta con una piel de cebra, se encuentra un enorme mural de una playa con una gigantesca palmera. Como ironizando sobre las mascotas con las que retrata a sus personajes, en un acercamiento de la cama, Ballester ha colocado a su propio par de periquitos. El juego de la representación se torna complejo, pues se trata de un escenario dentro de otro, un pedacito del trópico en pleno barrio de Barcelona, las intrusiones se multiplican y con ellas el sentido de las piezas se desdobla. En una especie de voyeurismo al revés, Ballester ha desestabilizado las nociones de adentro y afuera, del invadido y el invasor, al que ha invitado a entrar por la puerta delantera.
ISSA MARÍA BENÍTEZ DUEÑAS
