Marcos considera que lo suyo es un ejercicio vitalicio por lograr la excelencia técnica, pero en el camino entrega una obra figurativa de gran riqueza imaginativa, reflejando su amplia cultura y sus conocimientos de historia del arte. Además, incorpora un mordaz sentido del humor y una sugerente sexualidad en la mayoría de sus trabajos, a través de los cuales sigue su búsqueda porque, a pesar de su madurez pictórica, aún se siente como aprendiz. Es hábil en la aplicación del color, el manejo del pincel, logrando una depuración que sólo llega con la experiencia. Sabe dibujar, esa habilidad que tanto se ignora en el arte actual, dominio que contribuye al aire antiguo, hasta clásico, de su obra. De hecho, rechaza las expresiones de gran parte del arte de hoy, por considerar que sufren de una penosa superficialidad, de un deseo de gratificación instantánea y de una esclavitud frente al mercado.

La colección de más de 30 obras mostró múltiples aspectos de la personalidad artística de Juan Carlos Marcos. El observador no puede dejar de sentirse intrigado por la ambigüedad temática, el extremo realismo en los detalles y los personajes misteriosos y seductores de imágenes que, sin duda reflejan una conexión con el surrealismo europeo. Valgan como ejemplo los tres óleos con imágenes de un saco "prenda de vestir masculina por excelencia", en los que la presencia del hombre se percibe sólo en las manos realistas que se asoman de las mangas. Esas manos, ejecutadas con admirable detalle, sombra y color, hacen que la ausencia del hombre se sienta aún más intensamente. En el óleo sobre papel La chaqueta 1, un saco de lana gris cuelga de una percha sostenida por un hilo tenue que se doblega ante el peso del símbolo varonil, constituyendo uno de los mejores trabajos en la muestra. En el óleo titulado Camp David aparece un saco militar antiguo de azul intenso con charreteras y botones dorados, colgado del respaldar de una silla, dentro de un espacio enigmático que sugiere piso y pared, pero que a la vez es sólo un plano. En el diseño del tapiz de fondo hace falta una fleur-de-lis que deja un espacio blanco en forma de paloma de la paz, cuya sombra yace entre pétalos caídos debajo de la silla, incitando reflexiones sobre el título de la obra.
Hay reminiscencias de maestros como Paul Delvaux en obras como Jaque a la dama, en la que tres hombres de saco, corbata y sombrero bombín rodean a una maravillosa mujer desnuda, ocupando espacios dentro de un ambiente que asemeja un tablero de ajedrez tridimensional. En ese mundo en el cual cada persona tiene su cubículo, Marcos presenta a los hombres como figuras grises, "de negocios", y a la mujer como un ente puro y misterioso: calva, de cabeza ovoide, tez clara y luminosa, labios y orejas sonrojadas. Con la ambigüedad que caracteriza al artista, esta mujer es más real que todo lo que la rodea, sin dejar de ser absolutamente etérea, casi fantasmal.
La interpretación de la mujer en el trabajo de Marcos podría ser tema de todo un ensayo. En esta muestra, presentó una serie de obras en las que aparece una niña pequeña como una muñeca vestida en ropa antigua, de pie sobre una silla de estilo Thonet, citando lo que parece una fotografía decimonónica. En otro grupo de óleos grandes de caras femeninas ejecutadas en grises y negros, presenta mujeres de manera frontal, en retratos fuertes y retadores. En la obra titulada ...Y fijó la mirada aparece, coronada con un gran sombrero de lazo negro, la cara atractiva de una mujer surgida de algún recuerdo. Toma un instante, un segundo vistazo, percatarse de que en lugar de los ojos hay tuercas hexagonales, pintadas con un realismo impresionante, con los reflejos fríos que deja la luz sobre el metal, como si detrás de esa cara blanca hubiera sólo vacío. En Blue Eyes, los ojos están representados por lo que parecen hoyos de disparos, que dejaron su huella en los dobleces de una piel de latón. Finalmente, en Smile, en lugar de la boca de la mujer, vemos una plaquita de bronce, perfecta, rectangular, pulida y brillosa, en la que está inscrita la palabra SMILE.
El uso de la placa de bronce se dio, con menos éxito, en el óleo titulado Mail, una composición poco interesante de una gallina con ilusiones de paloma mensajera, que llena casi todo el plano pictórico y en cuyo costado vemos una ranura de bronce de las que se usan para el correo. En ella aparece escrito "mail" y "www.com", haciendo referencia al mundo de la globalización e Internet, y a la crisis del correo en nuestros días. Sin embargo, el mensaje se pierde en la menos lograda de las obras presentadas.
Las burlas de imágenes populares de modernidad o belleza en la obra de Marcos surgen en parte del mundo de la publicidad, al que este creador dedicó varias décadas de su vida. Además, en los óleos recientes encontramos reflexiones sobre figuras públicas e históricas, así como referencias a periódicos, noticias, y al mundo de la política. En Saturno democrático, el artista presenta una gran boca abierta que está a punto de devorar múltiples figuritas de hombres de papel, en una cita obvia, pero modernizada, del famoso Saturno del gran Francisco Goya. En Prensa libre grita otra boca en una cara de mujer cuyos brazos desmembrados y completamente desfasados con el cuerpo no son más que formas de extremidades en papel de periódico roto, aparentemente sostenidas contra el lienzo por dos más de los tornillos hiperreales que Marcos se deleita en pintar. Un recorte aparece en italiano y el otro en español, en el que se llega a leer "verso, perla, plu...", frase de un poema de Rubén Darío. Los extremos oscuros de una línea vertical y otra horizontal insinúan la crucifixión de la libertad de prensa, tema crítico en Panamá y el resto del mundo, en una obra que no deja de lograr un sentido estético.
La historia política provee la fuente para un doble retrato de Sacco y Vanzetti, los anarquistas italianos que fueron víctimas del famoso "y tan injusto" juicio de la década de 1920 en Estados Unidos, que causó una protesta mundial. Marcos los pinta sobre un fondo blanco compuesto de lo que parecen paneles clavados. Aparecen con ojos oscuros que se asoman bajo sombreros, en caras de contornos incompletos. Las bocas no son más que una insinuación en los retratos de estos hombres que fueron permanentemente silenciados por la silla eléctrica, en un acto que fue reconocido décadas después como un gran error del sistema judicial norteamericano.
La suerte y la justicia también constituyen el trasfondo del óleo titulado ¿Quién es Giuseppe Rinaldeschi?, sin duda uno de los óleos más impactantes en la muestra. En una gran composición de fondo blanco dividida en 20 recuadros, Marcos presenta rostros masculinos en tonos de gris, negro y un tenue rosado que reflejan contemplación, distorsión emotiva y hasta gritos desesperados. En un gesto típico de este artista quien constantemente nos recuerda que toda la ilusión no es más que un lienzo, aparecen cinco dados pintados, que parecen reales, arrojando sombras sobre la superficie del cuadro, entendido como mesa de juego. El título hace referencia a la historia de Rinaldeschi, un italiano del siglo XVI quien, después de perder dinero y ropa en un juego de azar en una taberna florentina, sale a la plaza en la que se encuentra con una imagen de la Virgen María a la que, en su furia, lanza excremento de caballo que recoge de la calle. Rinaldeschi fue rechazado por sus conciudadanos, perseguido por las autoridades, enviado a prisión y posteriormente ahorcado por su delito. Como en la obra de Sacco y Vanzetti, Marcos emplea una anécdota histórica como parábola para comentar sobre el hombre, las situaciones que crea y la manera en que se maneja la justicia. Sin embargo, aun sin conocer el trasfondo, el óleo incita una sensación de conmiseración y un mensaje de humanidad inconfundible, por la manera en que las caras ¿y hasta un aparente autorretrato¿ nos confrontan.
A pesar del fascinante análisis temático al que invitan los óleos, siguen destacándose en la producción de este artista los momentos en los que ofrece demostraciones de puro placer pictórico. La serie de obras tituladas Superficie muestran detalles de "muros" con texturas, en los que Marcos inserta hojetes y lazos, tuercas y tornillos, hasta huecos imaginarios donde parece que hubo tornillos. En la enorme urna del Jarrón de Oviedo, vemos los cordones de un corset de mujer que "sostienen" el mármol. El artista engaña el ojo con ejercicios de trompe l'oeil en composiciones ambiguas que nos hacen dudar de la realidad que creemos entender, mientras transmite ideas sobre valores humanos, logrando incorporar humor e insinuación sexual hasta en la piedra y el metal.
MÓNICA KUPFER
