Exposición Individualjul 2002 - sept 2002· Por Mary Schneider Enríquez

Iñigo Manglano-Ovalle

­Rose Art Museum, Brandeis University

Las tres videoinstalaciones de Iñigo Manglano-Ovalle atraían al espectador a los sobrios espacios modernistas de la arquitectura de Mies van der Rohe mientras exploraban la dinámica social del mundo contemporáneo. Manglano-Ovalle, quien nació en España, se crió en Bogotá y ahora reside en Chicago, empezó a trabajar en video en 1997. Le Baiser (El Beso), 1999, la primera videoinstalación de la exposición, se centra en la casa de paredes de vidrio hecha por Mies (1941-1945) en Plano, Illinois, llamada Farnsworth House. El video se proyectó sobre una pantalla rectangular de dos caras suspendida del cielo raso, con espacios semejantes a cuartos marcados a cada lado por tiras de aluminio que colgaban horizontalmente a la altura de la cintura. El espectador podía entrar en uno de estos espacios delineados, como si estuviera caminando dentro de la arquitectura modernista explorada en el video. En el lado opuesto de la pantalla, similar a la secuencia del video, uno podía mirar hacia adentro pero no pasar por las paredes transparentes de la arquitectura.

Exposición Individual: Iñigo Manglano-Ovalle — imagen 1
Iñigo Manglano-Ovalle. El beso, 1999. Videoinstalación. Cortesía: RoseArt Museum.

El video Le Baiser (El Beso) presenta al artista, vestido como lavador de ventanas, mientras enjabona y restriega con una escobilla de caucho las ventanas frontales de esta asombrosa estructura de vidrio. Una mujer que está dentro de la casa y lleva audífonos puestos aparece de pie frente a él y se bambolea suavemente al compás de la música que parece estar escuchando en una emisora de DJ. Sólo ventanas de vidrio y una puerta separan a los dos jóvenes, de modo que el efecto se asemeja a las divisiones espaciales creadas en un escenario. Cada uno ignora deliberadamente al otro, aunque la cámara escudriña su proximidad geográfica, la línea visual y la actividad en la cual cada cual centra su atención. Los oídos del espectador se llenaban de los sonidos constantes del agua, la escobilla sobre el vidrio y el intermitente y suave soplo del viento, el remolino de las hojas del exterior y la música electrónica que surgía cuando el video presentaba una toma interior. En general, la obra sirve de comentario sobre la vida contemporánea. A pesar de que en la actualidad las diferencias dentro de las sociedades son menos marcadas debido al globalismo, sin embargo, como en los transparentes espacios abiertos de la arquitectura de Mies, hay "muros" que todavía separan a los grupos dentro de la sociedad.

Una segunda instalación de video, Climate, 2000, incorpora los famosos rascacielos gemelos de Mies en Chicago como el sitio para las tres inquietantes narrativas fílmicas de Manglano-Ovalle. Tres pantallas de dos caras están suspendidas dentro de tres espacios ligados definidos por tiras de marcos de aluminio colgantes que hacen referencia a los marcos de acero de puertas y ventanas que caracterizan la arquitectura de Mies. Los tres videos exploran narrativas divergentes aunque entrelazadas. En uno, dos expertos en climatología que llevan auriculares puestos miran el cielo desde el exterior de los pisos más altos de los edificios; junto a ellos se encuentra un aparato de aspecto siniestro empleado para medir la velocidad y dirección del viento. Las dos figuras tienen perfiles enigmáticos, como si inspeccionaran el cielo en busca de alguna presencia sospechosa, implicación que se hace más interesante debido al acompañamiento de una pista de sonido de un pronóstico del tiempo coreano.

En intercambio con este video hay dos narrativas de trascendencia perturbadora pero misteriosa. Uno presenta, de cerca, a una hombre cuya cabeza no se ve, que está desmantelando, limpiando y armando de nuevo una ametralladora semiautomática, sobre una brillante mesa de vidrio. El segundo sigue los movimientos nerviosos de una joven mujer que espera ansiosa en una silla en el vestíbulo del edificio de apartamentos, mientras el sonido de una canción de cuna interrumpida por estrofas de poesía susurradas llena el salón. El efecto de las tres proyecciones y tres video instalaciones llenaba a los espectadores de una sensación de desazón. La ametralladora, el recelo en el rostro de los actores, la extraña pista de sonido ininteligible y a veces incomprensible inquietaba a los espectadores en forma tal que el título de la obra, Climate, adquiría un significado más amplio que el de clima. Implicaba un mundo globalizado y lleno de incertidumbre.

La obra final de Manglano-Ovalle, Alltagszeit (En tiempo normal), 2000, es una pieza modernista deliberadamente coreografiada cuyo escenario es el imponente y austero vestíbulo de la Neue Nationalgalerie de Mies en Berlín. El artista manipula 12 horas de película combinando lapsos y segmentos de tiempo real, revelando la luz cambiante a través del enorme vestíbulo, desde el radiante amanecer, pasando por las sombras cada vez más largas del atardecer, hasta llegar a la aterciopelada oscuridad de la noche. Individuos solitarios y pequeños grupos de figuras entran, se detienen o se sientan y salen del lugar en el transcurso del día, con movimientos aparentemente casuales y a menudo torpes, como seres mecánicos. El espectador se daba perfecta cuenta de la orquestación de las secuencias del video hecha por el artista. La película presentaba un panorama acelerado de un día e, indirectamente, de la vida, un efecto exagerado por el comportamiento casi robótico de los actores y la música modernista que la acompaña.

Al final, después de haber asimilado las videoinstalaciones de Manglano-Ovalle, al espectador lo consumían los pensamientos. Cada obra motivaba en dos frentes, estética y temáticamente. Los lenguajes que emplea, tanto en los videos como en las instalaciones, nos forzaban a reflexionar sobre el espacio y los ideales visuales del modernismo, mientras los temas sociales que explora nos confrontaban realidades del mundo de hoy.

MARY SCHNEIDER ENRÍQUEZ

Iñigo Manglano-Ovalle, por Mary Schneider Enríquez | artnexus