Exposición Individualjul 2002 - sept 2002· Por Carol Damian

Darío Oleaga

Artspace - Virginia Miller Galleries

El altar callejero ha sido, por mucho tiempo, una parte de las tradiciones de respeto por los muertos en muchas culturas latinoamericanas y caribeñas, y ahora se ha hecho familiar en los Estados Unidos en ambientes urbanos donde grandes poblaciones inmigrantes luchan contra las penurias de la adaptación y las muertes violentas. Después del 11 de septiembre, todos los estadounidenses (y con seguridad el mundo) se han familiarizado con la conmovedora respuesta del altar callejero que apareció por toda la ciudad y en especial en los alrededores del World Trade Center. Como un recién llegado a Nueva York, adonde arribó dos años antes de la tragedia del 11 de septiembre y encontró tales altares en vecindarios de la ciudad, Darío Oleaga se conmovió profundamente con los arreglos de objetos personales, flores y mensajes que documentaban la violencia de la existencia cotidiana. En su nativa República Dominicana el duelo es un período privado y tranquilo para la familia y los amigos, no para compartirlo con extraños en la calle.

Exposición Individual: Darío Oleaga — imagen 1
Darío Oleaga. Naturaleza muerta urbana, 2000. Impresión Flex. Edición de 5.

Durante los dos últimos años Oleaga ha fotografiado altares callejeros a los cuales describe como naturalezas muertas urbanas. Los altares estaban ubicados en su barrio de Washington Heights, y en el corto tiempo que vivió en este vecindario habitado principalmente por inmigrantes, se dio cuenta de que el aumento en el número de altares significaba un aumento en la tasa de mortalidad. También observó que los altares eran pasajeros y desaparecían con el tiempo, y que la misma naturaleza de este efímero recuerdo de mortalidad hacía que fueran aún más angustiantes, y más inmediata la necesidad de documentarlos. De este modo, su obra se convierte en un reflejo de su propio ambiente social, con su sentido de agitación en permanente cambio, así como en un tributo a los caídos y los sobrevivientes. Fascinado con los arreglos de estas ofrendas tan comunes y objetos encontrados, como botellas vacías y juguetes entre velas, figuras sagradas, flores y otros recuerdos personales escritos, empleó su cámara para preservar estas situaciones tan efímeras y rendir tributo a sus vecinos.

La exhibición en Artspace - Virginia Miller incluyó imágenes de su primera exposición individual en Nueva York en 2001, con la adición de una fotografía de un altar dedicado a quienes desaparecieron en el World Trade Center y otra que detalla las velas del altar (Untitled, 2001. Las fotografías captaron las desgarradoras y conmovedoras respuestas de amigos que todavía buscaban a sus seres queridos con mensajes, pinturas, ofrendas y recuerdos personales. Son una plegaria ansiosa para obtener respuestas en el frustrante período de dolor y búsqueda de closure que siguió a la tragedia y afectó a todos en el país. De esta forma, el altar se convierte en un objeto para todo el mundo, cercano y lejano, ya sea que esté o no personalmente involucrado. En la impactante imagen de las velas, un detalle del altar, los objetos más comunes adquieren importancia como obras de arte, así como expresiones espontáneas de pesar que se distorsionan con el tiempo, como sucede con las lágrimas de los angustiados familiares y amigos que atraviesan por las diferentes etapas del duelo. En Sanctuary for Steven, New York, 2000, con su detalle Dedicated to Steven, New York, 2000, el altar presenta galletas, una botella de ron usada como florero, velas y un mensaje escrito sobre cartón que dice: "De todos tus Niggas, de la Dos a la Quinta...". El mensaje es especialmente conmovedor debido a las palabras de sus amigos más leales, empleadas con total desenfado, en su propia lengua.

Las fotografías eran enormes Flex Prints, algunas de ellas de hasta 4 x 8 pies. Su tamaño llevaba al espectador a considerar el altar como una experiencia real en la cual debía participar. Los extraños eran atraídos para acercarse a los objetos, leer las notas y tomar parte en la ofrenda. Para aumentar nuestra participación en ese absorbente acto de contemplación reverente, Oleaga también presentó fotografías que ampliaban detalles particulares de los objetos del altar con el fin de crear otro grupo de imágenes monumentales que complementaban el cúmulo. Estas descripciones de lágrimas de cera de las velas, flores y otros tributos emocionales a los muertos son particularmente hermosas y revelan la preparación de Oleaga como pintor con un profundo conocimiento y apreciación del color y la composición. Su habilidad para concentrarse en el altar como entidad total y como objeto que merece un escrutinio estético sirve para elevar sus fotografías por encima de lo meramente documental y ubicarlas dentro de la tradición del arte de los bodegones. Cada objeto ha sido colocado en el altar como una respuesta espontánea y desaparecerá cuando el altar sea desmontado. Darío Oleaga hace el papel del artista que es capaz de captar la esencia de la humilde importancia del altar con respeto personal y al mismo tiempo preservar cada uno como una valiosa imagen de arte.

CAROL DAMIAN

Darío Oleaga, por Carol Damian | artnexus