Exposición Individualjul 2002 - sept 2002· Por Eva Grinstein

Alfredo Prior

Museo Quinquela Martín

Alfredo Prior (Buenos Aires, 1952) es uno de los últimos grandes pintores surgidos en el circuito argentino, si bien su bagaje es definitivamente conceptual y, en general, el conceptualismo local tiende a la mixtura de disciplinas y técnicas. Desde la década de 1970 y en forma más pública desde la de 1980, Prior es reconocido como pintor y sus cuadros disparan, todavía hoy, esa apelación al recorrido de la mirada que solo los maestros pueden desplegar. Un cuadro de Prior, cualquiera de ellos, se mira con detenimiento y en silencio: su narrativa es tan simbólica y misteriosa que no es posible sustraerse al deseo de buscar claves, huellas, hilos. El observador atento las encuentra pero es improbable que logre desentrañar lo que relatan estas imágenes; parte de su encanto es la huida hacia una región solo habitada por la fantasía del artista.

Exposición Individual: Alfredo Prior — imagen 1
Alfredo Prior. Paraíso, 1988. Acrílico sobre tela, 200 x 194 cm (78 3/4 x 76 1/5 pulgadas).

La exposición que presentó recientemente en el Museo Quinquela Martín brindó una buena oportunidad para redescubrir al primer Prior, el que pronto integraría una generación de pintores-pintores junto a Kuitca, Monzo, Bueno y Pierri, entre otros. Más adelante, alternaría la pintura de gran formato con otras vías de expresión como el dibujo y el collage sobre papel, la performance y la literatura, volcada en textos eruditos y desopilantes que la joven revista Ramona actualmente publica con frecuencia. Sus escritos han constituido para muchos una gratísima sorpresa, en un medio poco acostumbrado a los artistas visuales "de registro amplio". En buena medida, Prior escribe como pinta: convida al lector-espectador un caudal de datos históricos, leyendas arcaicas y escenas mitológicas, debidamente manipuladas y sin dudas cautivantes, como punto de partida para la ficción. Prior es un apologista de la ficción, un admirador de Beuys y Duchamp que recupera la pura cualidad imaginaria y descarta las ostentaciones de ingenio barato popularizadas por centenas de artistas contemporáneos empeñados en lograr efectos.

La cosmogonía de Prior es sutil y extraña, y resiste el análisis estrictamente racional que sólo conseguiría endosarle un rótulo más o menos operativo. Las telas presentan seres zoomórficos y fondos viscosos, personajes minúsculos sorprendidos en medio de instantes "por lo general" épicos, apareciendo en algún rincón, como si ese entorno híbrido los empujara a enrolarse en aventuras que a veces los títulos sugieren. En sus paisajes y retratos "Prior es, a su modo, un clásico" las figuras suelen estar encarnadas en osos, conejos y animales varios que realizan sus acciones con total seriedad, a veces más melancólicos y otras más pensativos. Con respecto a los climas de sus obras, la retrospectiva en el Museo de La Boca fue una buena oportunidad para apreciar cierta evolución "que no implica juicio de valor" de una época más oscura y experimental desde el punto de vista técnico hacia otra más festiva, plena de colores más cálidos y matizada con frecuentes raptos de humor. (Usted no puede saberlo, pero es realmente agradable ver a Prior mirando sus cuadros, riendo como un niño de sus chistes privados, y no revelándolos demasiado).

Como breve digresión, vale apuntar que a pesar de su trayectoria y de su talento "y de haber expuesto en las principales salas de Buenos Aires, Alfredo Prior no posee ningún libro que recopile y reseñe dignamente su trabajo. El dato es apenas un índice del triste panorama de publicaciones sobre arte en Argentina, lamentablemente disociado de la calidad y sometido a las leyes del capricho y a dudosos criterios de interés comercial.


EVA GRINSTEIN