En los últimos años, la Fundación Telefónica ha prestado reiterada atención al arte latinoamericano que se produjo a lo largo de todo el siglo XX. En esta ocasión, la curadora Nelly Perrazo se ha encargado de llevar a cabo la muestra de una selección de obras del artista argentino Alfredo Hlito. Todas las obras presentadas en la exposición pertenecen al período que va del comienzo de la década de 1960 hasta la muerte del artista en 1993. Es decir, se trata de obras posteriores a su participación en el movimiento Arte Concreto-Invención donde colaboró con Tomás Maldonado, Raúl Lozza o Enio Iommi, entre otros.
Dentro de dicho período, la curadora se ha limitado igualmente a presentar obra dentro de tres series significativas en el universo del artista: los Simulacros, las Efigies y las Iconostasis.

Después de su desarrollo como pintor puramente abstracto, faceta por la que probablemente se le conoce más, Hlito da un giro hacia una pintura más colorista y expresiva. Como se recoge en el catálogo: "no era una contestación a la pintura anterior, era un rechazo, se dejaban de lado todo tipo de formas, sean geométricas o naturales. Era 'empleando una metáfora' pintar sin pintar nada...". Esos primeros experimentos tienen ecos formales del cubismo y del impresionismo, sobre todo en la manera de aplicar la pintura con pequeñas pinceladas y sin dibujo previo sino directamente con el pincel. Se trata de composiciones abiertas, lineales y en las que no hay una distinción clara entre línea, forma y color. Tal es el caso de piezas como Forma oscura (1962) o Sin título (1963-1966).
Entre 1963 y 1973, Hlito reside en México; es entonces cuando esas líneas abiertas que formaban apenas estructuras comienzan a convertirse en grandes bloques. Será a partir de este período cuando defina sus "imágenes obsesivas": las Efigies y los Simulacros. Y, en efecto, si en los cuadros de la década de 1960 se aprecian composiciones abiertas y libres, ya en el conjunto de Efigies se impone la presencia de figuras. Se trata de piezas más o menos monumentales, incluso dentro de los formatos limitados que maneja. Estas efigies aparecerán hasta en sus últimos cuadros y se verán constantemente multiplicadas, transformadas, acumuladas o desplegadas. Se trata de un proceso de experimentación pictórica continuada que parte de un solo motivo esencial y que le dará juego al artista durante más de 20 años. Estas pinturas alternan con una serie de rostros, claramente derivados de las primeras construcciones lineales y que le dan un punto de expresividad a una obra que está ya muy alejada del arte concreto. Es particularmente interesante el resultado de estos rostros intercalados con las efigies en una misma pintura Efigie yacente, 1990 o en una composición como Rostros con fondo negro, 1988.
Finalmente, las Iconostasis son el fruto del deseo de Hlito de reunir varias efigies en una sola composición. Su nombre deriva de los biombos o retablos rusos de grandes dimensiones y completamente cubiertos de iconos elaborados en torno a los siglos XIV y XV. En este caso, la presencia imponente de las efigies se convierte en una imagen poderosa a base de la repetición del motivo central.
En esta muestra, Hlito aparece como un pintor obsesionado con sus experimentaciones y sus motivos, un formalista que, sin embargo, encuentra el sentido de la pintura en el acto de pintar, en la manera en que se recrea ampliando o reduciendo sus motivos, variando su paleta o elaborando una composición. Pero también aparece un Alfredo Hlito preocupado por la teoría, por la escritura, y a la búsqueda de una mirada distanciada sobre su propio arte.
ISSA MARÍA BENÍTEZ DUEÑAS
