Exposición Individualabr 2002 - jun 2002· Por Francisca Rivero-Lake

Santiago Sierra

Galería Enrique Guerrero

Dos invidentes de los que suelen pedir limosna en el centro de la ciudad fueron contratados para realizar su trabajo en la galería. Aunque su jornada es mayor, se les contrató para tocar 4 horas diarias durante un mes. Se emplearon seis altavoces para amplificar su sonido. 

Continuando con la serie de acciones que Santiago Sierra (Madrid, 1966) ha desarrollado bajo el esquema de personas remuneradas, su más reciente pieza en la Galería Enrique Guerrero de la ciudad de México se tituló Dos maraqueros, 2002 del 24 de enero al 21 de febrero de 2002, de lunes a viernes, desde las 14:00 hasta las 18:00 horas. 

Exposición Individual: Santiago Sierra — imagen 1
Santiago Sierra. Dos maraqueros, 2001. Fotografía en blanco y negro. 15 x 10 cm. (6 x 4 pulgadas).

La acción se desarrolló de la siguiente manera: desde antes de entrar al espacio que ocupa la galería, se escuchaba un sonido, mezcla de cascabeles con maracas, un tanto alegre pero tedioso por su simple ritmo. El sonido crecía al acceder a la galería, donde la parte central se encontraba llena de bocinas (altavoces) de escala humana, desde los cuales se reproducía el sonido. Estas 6 bocinas estaban colocadas paralelamente y de tal manera que la circulación por el espacio era posible sólo esquivando los enormes equipos. Si la curiosidad por ver qué es lo que hacía el sonido era grande, se podía descubrir tras los aparatos, en un rincón del espacio, a dos ancianos, un hombre invidente y una mujer en silla de ruedas que, delante de micrófonos, agitaban, él, una lata llena de monedas y, ella, una maraca, actividad que realizan mientras se encuentran en la vía pública esperando una caridad. Esta acción se prolongó durante varios días, en horas específicas anunciadas por la galería. 

Como es de esperarse en las acciones de Santiago Sierra, el público siente una mezcla de sentimientos, entre morbo, abuso, conciencia social, banalidad y absurdo, logrando una combinación explosiva que hace que generalmente la gente no se quede en el espacio donde se lleva a cabo la acción sino, en este caso en específico, en el pasillo que da acceso a la galería o en el segundo piso, donde se podían observar 11 documentos en fotografía y texto de pequeño formato de acciones pasadas realizadas anteriormente por el artista. 

Las acciones siempre contundentes de Sierra no pierden nunca el valor estético, y siempre se desarrollan bajo un ambiente donde las personas y los objetos están organizados calculadamente. 

No puedo dejar de pensar en cuál sería la vivencia de los ancianos remunerados que tras el sonido ampliado de sus instrumentos alcanzaban a escuchar las voces de la gente que visitaba la galería, voces que oscilaban entre comentarios de admiración y sorpresa; otros tomaban la inauguración como un evento social, incluso platicando y riendo ampliamente. 

Sierra hace en cada caso un incisivo apunte de las actividades laborales y de la manera en la cual el sistema intercambia tiempo por dinero, y el impacto que estos tienen en los individuos. Qué es lo que pasa cuando a estas personas se les traslada a una galería, amplifica el sonido y se les paga el equivalente a lo que ganarían en la vía pública. Y, así mismo, cuando se convierten en sujetos observados por los entusiastas del mundo del arte, sin juzgar su integridad (en este caso, los maraqueros no están realizando una actividad extraña a la propia, no como otros casos en los que se piden actos como quedarse dentro de una caja o cargar una viga, por nombrar algunos, que resultan más denigrantes ante ciertas miradas), sino observándolos como articulación de un discurso instalado en el presente, donde cada parte del sistema es cuestionado. Estas interrogantes acompañan siempre a Sierra, cuya obra se encuentra indudablemente en el borde del arte. Los documentos, resultado de las acciones, compilan fotografías en blanco y negro, junto con la cédula explicativa de la acción, la cual siempre emplea un cierto tipo de letra y formato especifico, lo que habla de lo estricto que es Sierra con su obra. 

En los últimos dos años, Sierra se ha vuelto un nombre constante en el circuito internacional del arte, participando individualmente en la reciente Bienal de Venecia, Feria de Basel, Kunst Werke, Berlín, P.S.1., Nueva York, Museo Rufino Tamayo de la Ciudad de México y bienal de La Habana, entre otros. Colectivamente en Shelf Life, Gasworks Gallery, Londres, Marking the Territory, Museo Irlandés de Arte Moderno, Dublín, ARS 01-Unfolding Perspectives, Kiasma, Helsinki, Políticas de la Diferencia en Belo Horizonte, Brasil, y Buenos Aires, Barcelona Art Report 2001, Pervirtiendo el minimalismo. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, por nombrar algunos. 

La constancia en su trabajo, el cuidado en cada detalle y la irrebatible carga conceptual y teórica en cada acción hacen que Sierra esté cada día más sólidamente posicionado en el circuito del arte.

FRANCISCA RIVERO LAKE

Santiago Sierra, por Francisca Rivero-Lake | artnexus