Exposición Individualabr 2002 - jun 2002· Por Victoria Verlichak

Magdalena Jitrik

Dabbah Torrejón Arte Contemporáneo

Luego de construir una trayectoria con base en la abstracción geométrica en las trampas visuales de una pintura subjetiva, Magdalena Jitrik (Buenos Aires, 1966) presentó una serie de pequeños retratos figurativos bajo el provocador título de Socialista. Nada inocente, el nombre captó la atención inmediata de la crítica que concurrió casi en peregrinación a la, de todos modos, muy visitada Galería Dabbah Torrejón. Así, Socialista se convirtió en una de las muestras más reseñadas de la temporada, que concluyó en el mes de diciembre justo antes de que estallara este nuevo ciclo de inquietud y violencia política y económica en Argentina. 

Desde una perspectiva, la exposición resultó ser de lo más convencional pintura sobre telas que, en promedio, no superan los 25 x 25 cm, aun cuando mostró a una artista imaginativa y perfectamente conocedora de las técnicas de su oficio. Jitrik propuso una galería de rostros, mayormente inventados, a los que les atribuyó una identidad apócrifa. Hasta ahí nada demasiado nuevo como para armar un revuelo. Finalmente, también a comienzos de la década de 1990, Remo Bianchedi pintó una serie de supuestos profesores de la Bauhaus de apariencia centroeuropea exterminados por los nazis. Más aún, desde hace un tiempo, Víctor Florido viene utilizando los mismos rojos y grises rostros de otros tiempos, cargados de un clima expectante que va más allá de este presente. Estos retratos, envueltos en un aire de persistente nostalgia, se hicieron antes y, seguramente, se volverán a hacer después. 

Exposición Individual: Magdalena Jitrik — imagen 1
Magdalena Jitrik. Anita Lasker - 1938, 2000. Óleo sobre tela. 22 x 27 cm. (8 ½ × 10 ½ pulgadas).

Individuales o en grupo, los semblantes que imaginó la artista provienen de varias fuentes. Por los colores de su cabello y por la vestimenta que lucen, algunos rostros parecen pertenecer a una urgente actualidad latinoamericana, con un Salvador Allende incluido. La figura del martirizado expresidente chileno es la única reconocida y, como tal, es la única que debilita al conjunto. Por su parte, por las líneas, los tonos y la composición, otras pinturas recuerdan a personajes provenientes de la Europa central de entreguerras, de la década de 1930. Parecen ser miembros de la pequeña familia del temprano socialismo ideal, y no necesariamente una contribución a la iconografía del masivo socialismo real. Sin embargo, lejos de toda acción, las imágenes de Jitrik captan un momento suspendido. En esos rostros hay cierta tensión, una pasión contenida detrás de una máscara de reposo. 

Lo interesante es que las imágenes de Jitrik se impusieron en un universo artístico porteño dominado largamente por juegos privados, recuerdos infantiles, el diseño, lo decorativo, la abstracción, los golpes de efecto que, al igual que los videojuegos, ofrecen gratificación instantánea y fugaz. La larga década presidida por el expresidente Carlos Menem fue una época de liviandad y de ostentación. El mundo del arte resultante entonces los artistas que hoy tienen un poco menos de cuarenta pareció refugiarse en una apretada intimidad, aportando una obra seductora y una energía diferente. Sólo una minoría apareció enrolada en la discusión explícita de asuntos sociales e intereses políticos, en la cuestión de género y en una toma de posición pública sobre el crucial debate cultural. Entonces, la mayoría de los artistas no parecían tener proyecto colectivo alguno ni interés en tomar al mundo en sus manos. 

La repercusión de los "socialistas" de Jitrik se explica mejor si, precisamente, se toma nota del estado de ánimo del mundo artístico prevaleciente y del momento por el que atravesaba el país cuando esos retratos fueron exhibidos. Fue un período de desencanto y frustración, de empobrecimiento y corrupción, que generó una enorme dosis de impaciencia, que hizo eclosión apenas un mes después de la muestra, como bien pudo verse en las pantallas de televisión. 

Como antecedente a su sorprendente giro hacia una consistente figuración es posible registrar la individual del año 2000, en donde instaló objetos y retratos de militantes anarquistas para un Ensayo de un museo libertario, en la sede de la Federación Libertaria Argentina. Aun cuando algunos provocadores títulos de sus obras abstractas aludían a hitos de luchas obreras la Comuna de París, la Revolución rusa, los mártires de Chicago, nada anticipaba esta opción que luce consistente por una pintura que aparece cargada de una de las experiencias divisorias de la historia. El rojo-rojo de los fondos de las telas remite inevitablemente a una estética y a una idealizada ética. 

Casi de una manera simultánea con Socialista, Jitrik mostró su compromiso con un arte generador de sentido y comprometido con su tiempo, al participar en Riesgo país. Ésta fue una obra colectiva realizada en la Galería Arcimboldo junto a Marcelo de la Fuente y Diego Melero que ironizaba acerca del presunto paraíso para todos que significan la economía de mercado y la globalización. Junto a ésta, la muestra individual de Jitrik contribuyó a marcar una tendencia en ascenso en el arte local por el camino del cuestionamiento, de la reflexión y de la conexión con los asuntos del momento.

VICTORIA VERLICHAK

Magdalena Jitrik, por Victoria Verlichak | artnexus