Los objetos cotidianos cobran vida en la obra de Heriberto Mora. En su reciente exposición en la Galería Praxis Internacional de Miami, Mora consolida su trayectoria artística con una equilibrada propuesta. Nacido en Cuba, estudió en la Academia de San Alejandro en La Habana, vivió en España y en la actualidad reside en Miami. Ha participado en importantes muestras colectivas y ha tenido varias exposiciones individuales.
En Marta y María, una muestra con carácter tradicional en su montaje, se vale solamente de lo genuino de la pintura para hacer su discurso. Cada cuadro presenta una composición perfecta, y colores neutros sobre la gama de los ocres, que permiten una total concentración en la escena. Mora apastela su paleta adicionando un alto porcentaje de blanco al color y logra una composición "iluminada" en toda su extensión. Hay presencia de luz aun en la sombra de más baja clave. "Represento una idea en cada cuadro....Quizás esto explique la sobriedad del color; las ideas no tienen color..."; con estas palabras se dirigía desde el catálogo el artista y dejaba entrever su poética. Consecuente con su filosofía budista, cada cuadro emanaba y propiciaba ambientes meditativos y contemplativos.

Los protagonistas fundamentales son objetos que por su significado y uso son considerados frágiles, pero que dada la filosofía del artista, cobran fuerza conceptual.
Así, elementos como el hilo pueden erigirse en triunfadores, al llevar amarrada una tijera, vitoreado por miles de carreteles. En La estabilidad del hogar, obra que de alguna manera resume varios elementos de la muestra, evoca nuevamente la fragilidad del hilo, pero a la vez su fortaleza: una casa cuelga y todo de-pende de una pareja que está ubicada en cada uno de los huecos de una tijera. Un movimiento en falso puede hacer que todo se derrumbe. Tras la aparente calma, hay una tensión sostenida por la convivencia que tantas veces pone en peligro la estabilidad. Su discurso busca dialogar sobre la unión de la pareja, la espiritualidad.
Otro punto a considerar en su obra, que se hace repetitivo y que, sin embargo, está muy bien ubicado es la luz: cada cuadro deja siempre una ventana, una posibilidad, una alternativa a otra salida, donde irrumpe una luz brillante. La figura humana aparece sólo en ciertos cuadros y generalmente sentada, en posición meditativa. Sin embargo, cada obra, aun sin la presencia del hombre, está en función de un mensaje.
En la obra de Mora hay un gusto por la buena pintura, y por hacer un discurso coherente. Parte de su propia vivencia y logra un resultado coherente que se permite recordarnos ciertos conceptos que por su significado están siempre ahí, como el tiempo, la fragilidad y la familia, todos explicitados desde la espiritualidad y la sensibilidad del artista.
MARISOL MARTELL
