Exposición Individualabr 2002 - jun 2002· Por Issa Ma. Benítez Dueñas

Francisco Toledo

Galería La Caja Negra

La Galería La Caja Negra, especializada en obra gráfica, ha presentado una selección de las últimas series de trabajos del artista mexicano Francisco Toledo. Por razones, aunque lógicas poco deseables, el acercamiento desde Europa a la riquísima obra de Toledo se ha inclinado sobre todo hacia lecturas indigenistas y folcloristas que en alguna medida han opacado su aspecto más universal y crítico. 

De ahí que haya causado cierta sorpresa encontrar esta serie de obras firmadas por Toledo en las que además de la ironía, el humor y la mirada incisiva tan características suyas, se renuevan los formatos y los soportes y se expanden sus referencias culturales. Así, la muestra está conformada por tres series recientísimas y bien distintas entre sí: en Sombra del deseo, Toledo recoge fotografías de revistas pornográficas hard-core sobre las que interviene oscureciendo algunas partes, dibujando sobre otras o introduciendo en ellas nuevos elementos. Una penetración se convierte en un gigantesco murciélago (Volaverunt III, 2000), la imagen a todo detalle del sexo femenino se transforma en una gallina (Gallina vieja, 2000). Mediante este juego de veladuras y transfiguraciones, Toledo obliga al espectador a ver y a asumir lo que probablemente despreciaría en otras circunstancias. Además de aludir a los fantasmas de la represión sexual adolescente, cada pieza se convierte en un juego de percepción que recuerda los ejercicios de la Gestalt, pero que sobre todo dan muestra de la inagotable imaginación de su creador. 

Exposición Individual: Francisco Toledo — imagen 1
Francisco Toledo. Gallina vieja, 2000. Collage y gouache sobre papel impreso. 27.5 x 19 cm. (10 ¾ x 7 ¼ pulgadas).

En un registro bien distinto, los Sueños de Durero están conformados por una serie de reelaboraciones del magnífico dibujo en el que Albert Dürer sugiere diferentes rostros sobre los pliegues de seis almohadas. La obsesión del alemán se corresponde con la del juchiteco, que mediante técnicas diversas y complejas (plata gelatina, ferricianuro, politoner, grafito y acuarela) recompone una y otra vez la disposición de las almohadas, además de introducir nuevos espectros y fantasmas en sus dobleces. Si en Sombra del deseo se privilegia la intuición, los Sueños de Durero responden a una investigación más consciente sobre la obsesión y el trabajo fino propios del dibujante y del grabador. 

La tercera serie, Bizancio, entronca con la tradición gráfica de Toledo, aunque da un salto hacia soportes más contemporáneos, como la gráfica digital. En esta serie, originada en un conjunto de collages realizados con libros ilustrados reciclados, Toledo altera con total irreverencia y aún más sentido del humor diversos mosaicos bizantinos. Como apunta Cuahutémoc Medina en su texto para el catálogo, el mosaico se presta, tal vez mejor que muchas otras técnicas, a la superposición y el montaje, al grado de que, a primera vista, las imágenes apenas parecen intervenidas, pero es en el detalle donde comienzan a surgir la parodia y la "herejía": armado de unos binoculares gigantes, Cristo reparte bendiciones a diestro y siniestro (Máquina de dar bendiciones, 2000) mientras la Virgen ha de dar cuenta de las suciedades de su mascota (Multa a la virgen y su perrito, 2000) o se prueba zapatos desesperadamente (La virgen que no encontró zapatos, 2000). Hay un contraste muy interesante en la combinación de temática y técnica: de las pequeñas teselas que conforman los mosaicos se ha pasado a la pixelización de la impresión digital. En ese trayecto, la ortodoxia del discurso teológico se ve violentada por la animalización y sexualización de sus temas y sus personajes, pero el resultado formal es mucho menos vehemente que el comentario y la crítica sutiles y corrosivos implícitos en cada estampa. Aquí también se demuestra la amplitud de registros de Toledo y la brillante inteligencia con que es capaz de manejarlos. 

Un último aspecto, no menos importante, pero sí más desconocido en estas latitudes, es la dimensión social de la labor de Toledo, que se despliega en la actitud crítica que permea gran parte de su obra, pero también en los proyectos sociales que ha impulsado en su entorno. En esta exposición este aspecto está representado por los cuadernos con portadas gofradas originales (en este caso de Toledo, pero en el proyecto han participado numerosos artistas) realizados en la fábrica de papel hecho a mano instalada a instancia suya en Etla, Oaxaca (México). La suma de todos estos elementos en la exposición de La Caja Negra, nos obliga a reconocer en Francisco Toledo a uno de esos contadísimos artistas que ha dado la historia del arte que son no sólo prolíficos y excesivos en sus temas y en sus técnicas, sino también capaces de contemplar el mundo siempre con una mirada nueva. 

ISSA MARÍA BENÍTEZ DUEÑAS

Francisco Toledo, por Issa Ma. Benítez Dueñas | artnexus