Las recientes fotografías de la artista mexicana Flor Garduño se concentran en el desnudo femenino como tema de naturalezas muertas y retratos. Las 17 copias en blanco y negro expuestas forman parte de una selección que será publicada esta primavera en un libro titulado Donna. Similares a sus famosas fotografías que representan pueblos indígenas, sus últimos trabajos nos recuerdan los evocadores desnudos de su profesor, el famoso fotógrafo mexicano Manuel Álvarez Bravo. Los limones, 1999, por ejemplo, nos trae a la memoria uno de los desnudos de Álvarez Bravo junto a espinosos cactus, The Good Reputation Sleeping, 1938-1939, aunque la fotografía de Garduño hace énfasis en los limones y sus texturizadas cortezas luminiscentes más que en la figura. Suavemente sombreada detrás de la fruta se halla la forma sensual del torso desnudo de una mujer reclinada; la delicada punta de su pezón imita los salientes extremos de los limones delante de ella. Es una naturaleza muerta cargada de contrastes evocadores: la carne sombreada de la figura enmarca suavemente el voluptuoso conjunto de frutas.

Un ejemplo clásico de la fotografía de Garduño es Medusa, 1998. Una mujer desnuda aparece de espaldas a la cámara, con sus caderas bamboleándose de manera provocadora y los brazos doblados en arco sobre la cabeza; sobre la espalda, en lugar de una espesa cabellera, se encuentran los largos y brillantes cuerpos de cinco pescados. Los ojos ciegos, las agudas quijadas y las bocas abiertas de las criaturas marinas desconciertan, suspendidos sobre sus vulnerables hombros y espalda desnudos. El dramático efecto creado por la incongruente cabellera de la mujer es amplificado por los oscuros alrededores y la dramática iluminación que muestra su carne en un resplandor.
Abrazo de Luz, 2000, ejemplifica el carácter intencional del proyecto de la fotógrafa mexicana. De pie, delante de una pared negra, está una figura desnuda que empuña fuertemente un ramo de lirios de agua nacarados cuyos tallos presiona con torpeza entre sus senos; la cara casi no se ve detrás de las grandes flores. Garduño deja ver una mínima parte del pubis de la figura entre los tallos, realzando así el provocador diálogo de los carnosos tallos encorvados y el torso desnudo. La precisión con la que la artista crea la composición, colocando estratégicamente las flores contra la figura, produce un efecto que, aunque seductor al principio, al final parece artificioso.
A la larga, la aparente forma calculada en la que Garduño construye sus fotografías debilita su proyecto. En Boa México, 1999, los pies y pantorrillas desnudos de una persona están retratados con una hermosa boa constrictor de piel negra y marrón asida donde las dos extremidades se tocan. Aunque en un comienzo los ojos del espectador son atraídos hacia la peligrosa serpiente cuya cabeza reposa amenazadora sobre los pies desnudos del modelo, y las sutiles diferencias de textura y tono entre las piernas y el fondo, la imagen no perdura más allá de la atracción inicial. Al final, la fotografía parece sobreestudiada y estática. Lo agudo, lo misterioso y las inesperadas cualidades visuales y temáticas que impregnaban algunas de las primeras fotografías de Garduño son rasgos ausentes en esta obra. En su lugar, un decepcionante carácter de predicción moldea muchas de estas fotografías.
MARY SCHNEIDER ENRÍQUEZ
