La pintura de Fabián Marcaccio en primera instancia parece emerger de la tradición que deja el artista chileno Roberto Matta, en la cual algas marinas, de verdes fluorescentes, explotan a grandes velocidades. También el pintor italiano Burri, quien en la década de 1970 texturizaba sus cuadros con telas de coleto, sirve de vaga referencia para comprender la memoria de la pintura actual. Es precisamente aquí, sobre esta apariencia, donde se requiere una nueva lectura sobre su trabajo.
Marcaccio aparece en la escena de Nueva York justamente cuando el grupo Neo-Geo comienza a ser parte de otra realidad. Sin embargo, en ese momento logra introducir su discurso, el cual gira sobre la dialéctica de la materia y el soporte de la pintura. Allí todo está elaborado convulsionadamente para una digestión y su posible evacuación.

En general, la naturaleza de la pintura es muy arbitraria. Tener un cierto control sobre su proceso es algo que muchos pintores han tratado de lograr desesperadamente. Incluso artistas como Gerhard Richter tratan de controlar o controlan el lenguaje de sus pastosos colores.
El control ejercido sobre el proceso pictórico y el deseo de saber por qué se están haciendo ciertas cosas han llevado a muchos artistas a encontrar soluciones en otros medios o a sistematizar el proceso de sus trabajos. Esto significa acercarse a una práctica "científica", pues desde allí se trabaja con datos realmente controlables (aparentemente).
De esta manera, Fabián Marcaccio se propuso formalizar el descontrol y la gestualidad que comúnmente vive en la pintura abstracta. Marcaccio inyecta en su obra una variedad de recursos técnicos para tridimensionalizar las características miméticas de sus brochazos, de la tela y del bastidor. El resultado final es que cada brochazo adquiere una significación lógica, según sus ideas biodegradables o biodinámicas.
La reciente muestra en la Galería Kevin Bruk fue ampliamente representativa de sus últimos trabajos.
En los últimos años, hemos visto cómo la fotografía se ha convertido en un medio equivalente a la pintura, y Marcaccio hábilmente hace uso de ella para sugerir una experiencia pictórica, para hacer que continuamente la materia exista entre paréntesis en su pintura. Si algunas décadas atrás el dilema del arte contemporáneo se debatía entre una pintura-escultura, hoy en día parece debatirse entre una pintura-fotografía.
Marcaccio ha logrado representar en sus pinturas atributos de carácter orgánico. Tanto el soporte como sus pinceladas buscan acercarse al elemento "Bio", que significa vida.
Continuamente sus obras parecen sufrir mutaciones, fermentaciones o infecciones que alteran la acuosa apariencia de su superficie. (Estética de la descomposición?).
Sí Fontana agredió el soporte para otorgarle una eterna herida, Marcaccio parece contaminarlo y convertirlo en un organismo autótrofo; sometiéndolo lentamente a un proceso de autofagia.
Cabe destacar que a pesar del interés que tiene Marcaccio en la materia, él no es un artista matérico. Su método está teñido de una actitud casi sarcástica. Sus pinturas abstractas no forman parte de una tradición filosófica, en la cual los valores estéticos se ven reforzados por una fuerte espiritualización. Todo lo contrario, Marcaccio se inclina a desarmar un poco esa tradición, actuando como cirujano plástico, construyendo la piel de su pintura, y luego, premeditadamente, se acerca al resultado final de su trabajo, que viene siendo una gran pantalla eléctrica de ciencia-ficción.
EUGENIO ESPINOZA
