El arte y la fe

Federico Uribe. Cactus Garden, 2001. Styrofoam, wooden sticks, kitchen rubber gloves, plastic dolls, plastic forks, fabric and baby bottle nipples. Variable dimensions. Galería Angel Romer.

Exposiciónabr 2002 - jun 2002· Por Antonio Zaya

El arte y la fe

en el vudú haitiano

En el contexto de la 4ª Bienal del Caribe celebrada el pasado mes de noviembre (2001) en Santo Domingo (República Dominicana), se inauguró en el Centro Cultural de España, que dirige Ricardo Ramón Jarne, la exposición ¿El arte y la fe en el vudú haitiano?, colección de objetos etnográficos, dentro del denominado VIII Festival Antropológico de Culturas Afroamericanas. Esta extraordinaria colección se presentó en la sala superior del centro, mientras la sala principal de la calle la ocupaban lienzos de gran formato y mejor resolución y magia, del cubano José Bedia, y en otros salones: Haití como hilo conductor del arte caribeño, con obras de Barbara Prézeau, Burtón Chenet, Paskó, Valerie Cristhelle St. Pierre, artistas que podríamos calificar como naïves o ingenuistas primitivos, si nos detenemos sólo en las apariencias. 

Exposición: El arte y la fe  — imagen 1
Espíritu fuerte. Objeto escultórico de resina cubierto con pigmentos naturales. Altura: 200 cm. (78 ¾ pulgadas).

Considerando que el tema central de esta bienal fueron las migraciones, esta exposición nos traía a primer plano la frontera singular que comparten en una misma isla Haití y República Dominicana, sobre la que ya había enfocado nuestra atención recientemente Alanna Lockward, en diversas ocasiones. "Este año, —según escribe Ricardo Ramón entendiendo la importancia que tiene el conocimiento y comprensión de los inmigrantes que habitan en República Dominicana—, el festival está dedicado a las aportaciones culturales haitianas, que como es sabido es el grupo de inmigrantes mayoritario. Miles de haitianos llegan a República Dominicana diariamente a través de la frontera —con la esperanza de que, en el lado dominicano, cambiarán sus precarias condiciones de vida—, la que cruzan cargados de sueños, esperanzas y de una compleja cultura, de la que han logrado trasplantar varios elementos, algunos mantenidos con férrea voluntad por sus descendientes, como es la religión, la cual ha influido de una manera notable en sus manifestaciones artísticas: danzas, música, artes plásticas y formas de adorno personal, entre las que se destacan elaborados peinados"1. 

Exposición: El arte y la fe  — imagen 2
Damajuana. Objetos escultóricos con vasijas cerámicas e indumentarias rituales. Altura: 80 cm. ( 31 ½ pulgadas). Diámetro: 50 cm. (19 ½ pulgadas).

Entre estas incorporaciones a la cultura dominicana destaca el culto al Barón del Cementerio, que goza de enorme arraigo, introduciendo en su ceremonial la adoración a la naturaleza, presente en el culto a los árboles y las deidades que moran en ellos. Pero la manifestación del vudú dominicano más conocida es el gagá, el culto a los dioses fuertes, agresivos y sanguinarios del panteón vuduista, a quienes durante la Semana Santa veneran para controlar su ira y contar con su protección y amparo, y en la que queda de manifiesto la fusión entre lo sagrado y lo profano. El arte haitiano sigue siendo fuente de inspiración de artistas dominicanos, como lo fuera en el pasado para Rubén Suro y Jorge Severino, y ahora para Miguel Gómez, Charo Oquet y Polibio Díaz. 

Pero ciñéndonos a la Colección Etnográfica de la Fundación para la Preservación, la Valorización y la Producción de Obras Culturales Haitianas, presentada en el Centro Cultural de España, este acervo lo componen piezas "reunidas con rara perseverancia —escribe Rachel Beauvoir— por la señora Marianne Lehmann, en la ciudad de Pétion-ville, Haití". Son parte de la colección de la fundación, que forma un conjunto. 

Exposición: El arte y la fe  — imagen 3
Mujer egipcia de 7 cabezas. Cerámica y pigmentos naturales. Altura: 170 cm. (70pulgadas).

Hay madera, piedra, tierra, todo ello espiritualmente cargado y lleno de ocultas intenciones, transferencias e interferencias casi visibles. 

Todas las piezas proceden del culto en los templos del vudú, recintos sagrados dedicados a las ceremonias llevadas a Haití por esclavos africanos, mediante las que expresan su devoción a los dioses, que se manifiestan mediante una amplia parafernalia escenográfica, espacios sagrados o altares, donde las banderas, las botellas, las sillas y otros objetos son vehículos llenos de vida espiritual. 

Exposición: El arte y la fe  — imagen 4
Ogúin. Cráneo humano, madera, tela ornamentada. Altura: 70 cm. (27 ½ pulgadas).

Algunos contienen dioses sanadores o curanderos, otros asociados a la sexualidad, a la guerra y a la muerte, y todos con sus atributos: cruces, espadas, cuchillos, collares, cráneos y colores, lentejuelas y brillantes u oscuros elementos decorativos. Son ricos ejemplos de obligada referencia para quienes estudiamos las religiones del área geográfica que conforma el Caribe. 

Las banderas son el saludo que merecen los dioses, los dibujos (el vévé) los hacen tangibles. Ambos son creados para que obedezcan las expectativas de un grupo particular, que ponen en comunicación los tambores, los toques radá, las estatuas Bizango, los altares Petwo (Congo) y una legión de oscuridad, en asociación con la iconografía cristiana. 

Exposición: El arte y la fe  — imagen 5
Arriba: Estatua Zazi-Maza. Enmedio: Barón. Abajo: Dios Damblewoun. Madera, cráneos humanos, tela, cerámica, papel y cuerda. Dimensiones variables.

Esta singular, atractiva y para algunos sobrecogedora colección sagrada nos trae a la memoria la excelente exposición Sacred Arts of Haitian Vodou de Donald J. Cosentino, que recorrió distintas ciudades norteamericanas y que nos dio acceso definitivo a estas manifestaciones artísticas populares, sagradas, en la segunda mitad de la década de 1990; como también nos ha hecho recordar Face of the Gods de Robert Farris Thompson, que nos enseñó la parafernalia religiosa africana, especialmente de origen yoruba, trasladada a las Américas hace siglos y aún viva. Desde luego, no recuerdo estas exposiciones por la dimensión o el tamaño, sino por la verdadera magia que las recorre, como la propia obra de los haitianos Duval-Carrié, Pierrot Barra y Serge Jolimeau, que nos familiarizaron con la simbología vudú. 

Cualquier espíritu sensible percibe en el transcurso de la observación de estos objetos una gran energía en ellos, a veces benéfica y más frecuentemente oscura y tenebrosa. 

Exposición: El arte y la fe  — imagen 6
Saint lacques-Santiago. Plástico, tela ornamentada, madera, pelo. 70 x 70cm. (27 ½ x 27 ½ pulgadas).

Junto a Agasu (el leopardo) y Dange Ayido Hwedo (pitón); el verdugo Ogún (Ogou), Saint Jacques (Sen Jak), Santiago; Legba (el falo); Danbala y Ayila Wèdo (suprema serpiente divina); Zaka (patrón de la agricultura); Agwe y Lasirén (el océano y las aguas); Gran Bwa (dios de la floresta); Ezili Freda (diosa del amor y la lujuria); Hevioso y Sagbata, Mawu y Lisa (camaleón); Age; Fa y Dan con Ezili Dantó (madre protectora), Gedes y Bawon Samdi y los Marasas (los gemelos). 

NOTAS 

1. Cita tomada del catálogo de la muestra.

ANTONIO ZAYA

Director de Atlántica. Editor y curador independiente. Girona, España.

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