El 7 de marzo de 1970, el joven artista venezolano Diego Barboza realiza en las calles de Londres la obra de acción titulada 30 muchachas con redes. En esa oportunidad, Barboza logró reunir a treinta jóvenes amigas a quienes cubrió con redes de colores que él mismo había elaborado. Vestidas así, las chicas salieron a caminar desenfadadamente por varios lugares importantes de la capital inglesa, causando incertidumbre entre los transeúntes. Habían recibido del artista la instrucción de permanecer inmutables y tranquilas ante el acoso y curiosidad de la gente.
Este evento, totalmente imbuido dentro de las poéticas experimentales en boga en la Europa de las décadas de 1960 y 1970, marcó, sin embargo, para el contexto venezolano, uno de los primeros pasos hacia la apertura a las corrientes artísticas contemporáneas conceptuales o no objetuales.
El propósito de esta acción fue, para Barboza, "... crear una atmósfera de juego, de misterio, de festividad, para integrar una idea de arte total a una situación cotidiana"1. Ciertamente, este evento de participación selectiva propiciaba una intervención en el entorno citadino cargada de connotaciones poéticas y constituirá el núcleo conceptual a partir del cual el artista desarrollará posteriormente toda la poética de sus obras de acción.
Barboza, quien nació y creció en Maracaibo (capital del estado del Zulia, conocida por su riqueza petrolera y su particular cultura), venía experimentando desde 1969 con obras que involucraban, por un lado, un alejamiento de la noción de la obra de arte asociada al objeto, y por otro, la participación del espectador como elemento fundamental de la experiencia artística. La primera de estas acciones, realizada en un ámbito privado, se llamó El cuarto plástico o Cámara, y fue llevada a cabo por el artista en su habitación de estudiante en Londres. Esta Cámara era un cubo de plástico transparente y flexible en cuyo interior se insertaba un cilindro vertical del mismo material. El artista invitaba a los participantes a entrar en el cilindro, colocando en sus cabezas sombreros, redes o máscaras, en una insistencia de hacer del acontecimiento la parte fundamental de la experiencia creadora.

Pero en realidad estas inquietudes tuvieron sus antecedentes en la etapa de formación y en los primeros años de la carrera de Barboza en Venezuela. Desde sus inicios, el artista había utilizado el collage de papel periódico en sus pinturas, mostrando un desenfado inusual para un artista en ciernes. Como un artista que rompe los moldes tradicionales fue reseñado su trabajo en 1963, durante su primera muestra individual realizada en Maracaibo. Pero será en Caracas, atizado por el efervescente clima sociocultural de la capital venezolana de entonces, donde el artista comienza a preocuparse por la participación del espectador y, sobre todo, por hacer de la experiencia artística un acontecimiento que superara la concepción y valoración artística basada en el objeto de arte.
En este sentido, su muestra de 1967 en el Ateneo de Caracas marca un hito dentro del panorama artístico nacional, siendo situada por algunos críticos como el germen de muchos de los trabajos de índole conceptual que el artista desarrollaría más tarde. Barboza exhibió en esta ocasión objetos que necesitaban la manipulación del espectador para completarse como tales. Gavetas, cuerpos móviles, esferas, requerían de esta intervención para desplegar toda su fuerza plástica y humorística. Así mismo, el artista repartió pequeños objetos e imágenes entre los asistentes, lo que constituyó "algo sin precedentes en Venezuela..."2.
Complementando de un modo singular las experiencias en la elaboración de objetos que había asimilado su amigo el gran creador venezolano Mario Abreu, y los trabajos en torno a la participación del espectador que conformaban el basamento teórico del movimiento expansionista (de raigambre en el geometrismo abstracto), Barboza había conseguido una vía de indagación inédita y de múltiples posibilidades. Es en una búsqueda de nuevos caminos para sus inquietudes creativas que marcha, por cuenta propia, a Europa en 1969. Inscrito en el London College of Printing, Barboza encuentra en la capital inglesa de finales de la década de 1960 el caldo de cultivo apropiado para sus preocupaciones. Visita numerosas exposiciones, pero será la muestra Tropical Eden de Hélio Oiticica, llevada a cabo en la Whitechapel Gallery, la que marcará definitivamente el curso de su creación dentro del campo del arte de acción. "Lo de Hélio es lo que me lleva a mí a la idea de romper con el objeto [...] el encuentro con Oiticica me hace consciente de eso, me termina de romper las trabas y me dio un impulso decisivo para mis búsquedas posteriores"3.

La época inglesa
Después de 30 muchachas con redes, Barboza realizará una serie de Expresiones (nombre que el artista dio a estos eventos de participación), en las que poco a poco irá involucrando la participación de la gente como elemento azaroso, dejando de lado los controles de selección y aun de comportamiento.
El 23 de octubre de 1970 se presenta el evento Put a net and come along (Ponte una red y acompáñanos), también conocido como Con redes y sombreros, en el que los participantes salieron a caminar con los rostros cubiertos con telas, redes y sombreros de flores de papel. El conjunto de personas se había reunido en el London New Arts lab, donde pintaron y expusieron sus trabajos, para posteriormente marchar como una masa anónima de allí los rostros cubiertos hacia Picadilly Circus, Trafalgar Square y St. James Park. Aunque el artista había propuesto un itinerario, fueron los participantes los que decidieron, a medida que se desarrollaba la acción, lo que se haría. Para Barboza, el colocarse redes y tomar la calle producía "una relación directa entre arte y hombre; el acontecimiento en la calle es también una demostración de arte que altera el comportamiento diario de la gente [...]. Esto desmitifica y rompe con la idea del arte hecho para pequeñas minorías"4.
En diciembre de ese mismo año Barboza realiza un evento similar al que llamó Expresiones en el mercado. En éste, la masa de participantes iba a lugares como barriadas, restaurantes y mercados, en busca de la participación del espectador medio, con miras a crear una expresión colectiva. Este evento será llevado a París, donde logra captar la atención del crítico Frank Popper.
En 1971, el artista irrumpe en la Speaker's Corner del London Hyde Park con la expresión denominada The centipede (El cienpiés). Ésta se realizaba con una especie de gusano de tela colorida, en el que se habían creado compartimientos para cada uno de los participantes. Era una expresión sincronizada, pues impedía a los participantes actuar de forma individual. Este año Barboza realizará su primera experiencia en relación con el arte correo: La célula humana, hoja numerada para ser repartida a través del correo, con miras a que los receptores establecieran contactos planificados entre sí. Al año siguiente se realiza People tied together (Gente atada), también conocida como Expressions at a Laundry (Expresiones en una lavandería), en la que un grupo de personas fueron atadas con trozos de tela, y caminaron hasta una lavandería para lavar y secar los lazos que las unían.
Justo antes de su retorno a Venezuela, Barboza crea Danger King-Kong (Peligro King-Kong) y Expressions in Oval House (Expresiones en la casa oval). Ambas experiencias (que prefiguran el cambio que su poética de acción tendrá al regresar a Venezuela) se desvinculan de las anteriores, en tanto son realizadas en espacios cerrados y no involucran la participación del colectivo. La primera se acerca a la noción de performance, y la segunda, muy asociada a las ideas de Oiticica, se ideó como una fiesta en la que se incorporaron elementos propios de la magia y la vida sudamericana, con gran acento en el elemento folclórico.
La etapa inglesa de la obra de Diego Barboza se caracterizará por lo que Frank Popper identificó como un intento por envolver la calle y el público en la experiencia estética, mientras el rol del artista se limita a provocar situaciones que permitan crear reacciones psicológicas entre los participantes.

Caracas
El regreso de Diego Barboza a Venezuela, con todo el bagaje de arte experimental y conceptual recabado en Europa, influye notablemente en el ambiente plástico nacional. Se tiende a olvidar, a la luz de la actualidad y después de vivido el boom de las corrientes conceptuales de la década de 1980, el solitario proceso de este creador que, ciertamente, abrió las puertas a un sinnúmero de posibilidades de creación que hasta hoy pueden ser rastreadas en nuestro contexto.
Fue Diego Barboza el que realizó la que considero una de las primeras instalaciones concebidas en el sentido actual del término en nuestro país: Vota vaso vasura (1973), una valla metálica en la que se leían en letras blancas sobre fondo rojo las palabras "vota vaso vasura", y que estaba acompañada de un filtro de agua con vasos desechables y papelera, con la cual el artista quería hacer alusión al ambiente electoral que vivía el país, y al acato, casi inconsciente, de votar. Esta obra sería posteriormente llamada por el crítico de arte Roberto Guevara "el filtro de consciencia".
Las acciones poéticas o Expresiones realizadas en Caracas cobran paulatinamente un carácter de participación popular muy cercano a algunas manifestaciones folclóricas. En 1973 había realizado una nueva versión de Danger King-Kong a la que llamó Cuidado King-Kong. En ella: "senté a una muchacha vestida de blanco que tenía una bandeja y allí tenía unas hojitas de papel que reproducían un afiche que había detrás y que decía ´¡Cuidado!´. La actividad consiste en atreverse a recortar la figura de King Kong; al recortarlo, éste cobrará vida, hay que conjurarlo..."5.
Cachicamo Uno, como se llamó otra de esas expresiones realizada en 1974, en el Ateneo de Caracas, fue una fiesta en la que el espectador (actuando como cocreador de la experiencia) interactuaba con varios elementos dispuestos en la sala a manera de estaciones, relacionadas estrechamente con la cultura popular venezolana. Esta experiencia fue concebida para estimular todos los sentidos, envolviendo al público en un universo visual, táctil, olfativo y gustativo.

También la muy conocida Caja del Cachicamo, aunque fue un trabajo de arte en la calle, hecho para incitar la participación del público, nos remite a algunos juegos o "diversiones" propios de nuestro folclor. En ella se disponía una caja de madera de cuyos lados salían unas largas tripas de tela roja en las que se leía la palabra "Cachicamo". Las tiras tenían cascabeles pegados y eran llevadas, al ritmo del baile, por dos personas que incitaban a la gente a participar.
Paralelamente a estas expresiones, Barboza exponía los bocetos que realizaba en el momento de diseñar estas acciones, así como las fotografías intervenidas de sus registros. En esto también actúa como precursor, al quitarse el lastre de las convenciones imperantes y utilizar la imagen fotográfica como documento y como imagen plástica autónoma, en cuya intervención el artista despliega, además, todo su talento como dibujante y pintor.
Pero quizás uno de los momentos más interesantes de esta trayectoria lo constituyeron el cruce de sentidos y el juego entre realidad y ficción que propició Barboza con su Proyecto Guarandol. En éste el artista proponía una acción en la que un helicóptero volaba sobre las torres del Parque Central (complejo arquitectónico situado en el centro de Caracas y cuyas torres este y oeste constituyen los edificios más altos de la ciudad), y dejaban colgar largas tiras de tela con la inscripción "Arte como gente/Gente como arte". Posteriormente estas tiras eran soltadas para caer libremente en la vía pública. El artista fotografió una maqueta y vistas fotográficas de un montaje de un pequeño helicóptero de papel dispuesto sobre el cristal de una ventana, mediante las cuales logró crear imágenes realistas que actuaron como registros fotográficos de una experiencia jamás realizada. De hecho, el Proyecto Guarandol constituyó una utopía, debido a la imposibilidad técnica de llevarse a cabo y a los grandes riesgos que revestía su realización.
Otra de las actividades llevadas a cabo por Diego Barboza en estos años fue la relacionada con el arte correo. La misma había surgido de un encuentro casual del artista con Julien Blaine, editor de la revista Doc(k)s, especializada en manifestaciones de ultra vanguardia. Blaine lo introduce en el arte de correo y Barboza, en 1976, decide crear el Buzón de arte, tabloide en el que reúne y publica los envíos más significativos. Para Barboza la experiencia del arte correo fue fundamental para redimensionar su concepción de los procesos artísticos y de la desmitificación de la figura del artista y de la obra de arte. El arte correo "es una expresión interpersonal en la que puede ocurrir cualquier tipo de experiencia, conceptual inclusive; lo importante es el acto íntimo de recibir algo. No tiene como finalidad ir a parar a un museo, ni el objeto artístico en sí, pues lo recibido puede ser transferible. Esa forma de expresión me ayudó mucho porque me liberó del egocentrismo del artista y de la tentación comercial. En el arte correo el artista deja de ser un emisor para convertirse en un receptor y la obra se despersonaliza"6.
En la década de 1980 Barboza ya forma parte de un grupo de artistas no convencionales que trabajan modalidades derivadas de las corrientes experimentales asociadas a lo no objetual. Así, lleva a cabo obras como Impresiones alrededor de un cilindro, realizada con cojines de formas orgánicas que descansaban al final de un gran cilindro de plásticos y Protestas, en la que el artista retomaba la idea de los sombreros con flores de papel, pero cuya estructura la acercaba al performance individual más que al evento de participación colectiva7.
El 28 de abril de 1985 Diego Barboza realiza la que será su última obra de acción: De la Escuela de Atenas a la Nueva Escuela de Caracas. Ésta será una obra de participación selectiva, plásticamente hermosa, cargada de alusiones poéticas y que, de algún modo, al estar inspirada en la obra pictórica de Rafael de Sanzio, actuó como una premonición del alejamiento que Barboza hará manifiesto respecto a las modalidades no objetuales, y de su paulatino, y exitoso, acercamiento a la pintura. El artista escoge un grupo de amigos a los que viste con túnicas griegas de colores. Se reunieron en el Parque Los Caobos de Caracas y caminaron lentamente hacia los espacios de la Galería de Arte Nacional. Allí se reunirían en una de las salas donde se proyectaba la obra de Rafael. Con esta obra, presentada nuevamente en el marco del XLIII Salón de Artes Visuales Arturo Michelena (Valencia), Barboza obtiene el Premio Fundación Banco Consolidado, para la especialidad de Arte No Objetual.

Retorno a la pintura
Parecería irónico que este artista a quien debemos una de las obras más sólidas en la tradición conceptual venezolana, y quien figuró como precursor de estas tendencias en nuestro país, desistiera de su trabajo no objetual y retomara la pintura.
Ciertamente el anuncio hecho por Diego Barboza en este sentido, a mediados de la década de 1980, levantó innumerables polémicas, sustentadas sin duda en la idea de evolución del arte, las cuales veían ese retorno como un retroceso. Hoy, a la distancia, el artista reconoce que su proyecto de hacer un arte de participación para las masas, en Venezuela se vio, paradójicamente, trastocado en un arte entendido sólo por las élites enteradas de los últimos movimientos de la vanguardia internacional.
Fue un largo trayecto el que llevó a Diego Barboza de vuelta a la pintura. En él Barboza se reveló como un talentoso dibujante y quizás como el más exquisito collagista de nuestro país. Siendo que el propósito de su creación fue siempre el lograr una vía de comunicación entre el arte y la gente, y una concepción totalizadora del hecho creador, el artista decidió replegarse en la pintura, medio de expresión en el que supo entrever una vía apegada a nuestras tradiciones creativas, y una posibilidad más directa de comunicación con el espectador. Diego Barboza, quien recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1997, es hoy uno de nuestros pintores más talentosos; ha logrado desarrollar un estilo personal, afianzado en el gusto por la pastosidad de la materia, el amor a las formas voluptuosas de seres y enseres y pleno de una profunda expresividad.
No obstante, su legado como precursor del arte de acción en nuestro país es innegable y merece ser rescatado, difundido y estudiado, con miras a sentar las bases de una verdadera historia del arte conceptual venezolano.
NOTAS
1. Diego Barboza, Expresiones, material diagramado e impreso por el artista, s/md.
2. Gioconda Espina, "Poemas de acción" y otras expresiones de Diego Barboza (1954-1984), Cuaderno No 9, Sociedad Dramática de Maracaibo-Consejo Nacional de la Cultura, Ediciones Pancho El Pájaro, Maracaibo, 1992, p. 20.
3. Entrevista a Diego Barboza realizada por Katherine Chacón el 22 de abril de 2000. Material mimeografiado.
4. Diego Barboza, Expressions. Volante impreso con motivo de la expresión Put a net and come along, Londres, 1970, s/p. (Original en inglés).
5. Entrevista a Diego Barboza realizada por Katherine Chacón el 22 de abril de 2000. Material mimeografiado.
6. Ibidem.
7. Por cierto, ésta obra fue presentada en Colombia, en el marco de la IV Bienal Internacional de Arte de Medellín.
KATHERINE CHACÓN
Venezuelan art critic and researcher.

