David Alfaro Siqueiros

David Alfaro Siqueiros. América tropical, 1932. Detalle. Fresco sobre cemento. 47 mt2. Plaza Art Center, Los Ángeles, California.

Nueva vision de Grandes Maestrosabr 2002 - jun 2002· Por Alejandro Anreus

David Alfaro Siqueiros

Dios entre nosotros, los Cristos de Siqueiros

Para Vicente Leñero.Las imágenes de Cristo que Siqueiros realizó en los años 1963, 1965 y 1970 son imágenes terrenales del sufrimiento de Dios. A través de estos trabajos el artista meditó sobre el diálogo cristiano-marxista que resultó del Segundo Concilio del Vaticano. Pero estaba, además, rindiendo homenaje a "Dios entre nosotros", el Cristo sangrante de los pobres y los marginados de América Latina.

Este artículo explora un acotado segmento de la producción artística de David Alfaro Siqueiros. Estas obras representan la imagen de Cristo, y en su mayoría fueron realizadas a principios de la década de 1960. David Alfaro Siqueiros (1896-1974) fue el más joven de los Tres grandes mexicanos. Pintor de caballete y muralista, artista gráfico, teórico y polémico; Siqueiros, además, sostuvo un renovado y permanente compromiso con la causa comunista; pagó un alto costo por sostenerse fiel a sus convicciones políticas siendo encarcelado varias veces durante su vida. Irónicamente, y a diferencia de Rivera y Orozco, cuyas convicciones políticas eran menos ortodoxas y más libertarias, Siqueiros no era anticlerical o un acérrimo anticatólico1. De hecho, después de fallecida la madre del artista, éste fue criado dentro de la religión católica por su abuela paterna, una mujer muy devota. El padre de Siqueiros, Cipriano Alfaro Palomino, sostuvo la religión católica, hecho no común entre los hombres mexicanos de su tiempo. Don Cipriano, de profesión abogado, era un francófilo que gustaba de la literatura católica francesa de fines del siglo XIX y principios del XX2. Estos datos indican que Siqueiros fue criado en el contexto tradicional del catolicismo romano de su tiempo.

En 1922, Siqueiros comenzó a asistir a la Academia de Bellas Artes de San Carlos, donde tuvo contacto directo no sólo con las premisas básicas de la educación artística, sino también con el ateísmo, el anarquismo, el socialismo y otras corrientes basadas en la libertad de pensamiento. Al poco tiempo, abandonó su casa paterna y se disgustó con su padre. A raíz de la huelga estudiantil de San Carlos en julio de 1911, la academia cerró sus puertas. Siqueiros continuó su educación artística en la Escuela al aire libre Santa Anita dirigida por Alfredo Ramos Martínez. En 1914, a la edad de 18, Siqueiros se unió a las fuerzas constitucionalistas al mando del general Dieguez. Desde 1910, la Revolución mexicana se encontraba en pleno fragor. Siqueiros participó fervientemente como soldado constitucionalista, luchando activamente en los últimos cinco años del conflicto bélico, donde se hizo merecedor del rango de capitán segundo. En 1919, Siqueiros se casó por primera vez y viajó a Europa como agregado militar. Para el momento de su retorno a México, el artista se había enfrentado al arte moderno europeo, había hecho amistad con Diego Rivera en París y publicado su primer artículo "Tres llamamientos de orientación actual a los pintores y escultores de la nueva generación de América". Ese mismo año, Siqueiros comienza la realización de sus murales en el Colegio Chico dentro de la Escuela Nacional Preparatoria San Ildefonso. Estos murales no fueron terminados; sin embargo, en un sector con el título Los mitos (Pintura encáustica, 1922-1923), Siqueiros representó un Cristo indígena flotando por encima de la hoz y el martillo, a un lado del entierro de un trabajador. Desde el comienzo se puede observar que Siqueiros no identifica la figura de Cristo con la tradicional religión burguesa en la que fue criado; más bien, lo hace con los elementos dentro de la sociedad mexicana que han sido marginados y explotados: los indígenas y los trabajadores. En 1923, el artista se une al Partido Comunista mexicano (partido del cual fue expulsado en 1930 y vuelto a aceptar en 1946); funda además junto con Rivera, Orozco y otros el Sindicato de obreros, técnicos, pintores y escultores (sindicato de artistas). Siqueiros es el principal autor responsable por el manifiesto del sindicato y la dirección editorial del periódico sindicalista El machete.

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David Alfaro Siqueiros. América tropical, 1932. Detalle. Fresco sobre cemento. 47 mt2. Plaza Art Center, Los Ángeles, California.

La década de 1930 se presenta como muy activa para el artista, perfilándose quizás como la etapa más significativa y experimental de su carrera. Fue durante 1931, bajo arresto domiciliario en la ciudad de Taxco, que Siqueiros produce un extraordinario conjunto de pinturas, tanto de caballete como grabados. Al año siguiente, Siqueiros visita la ciudad de Los Angeles, donde pinta Mitin obrero (Escuela de Arte Chouinard, destruida). América tropical (Centro de Arte Plaza, parcialmente destruida) y Retrato actual de México (residencia privada del director de cine Dudley Murphy), vendido en una subasta hace algunos años. En la realización de todos estos murales empleó técnicas experimentales para el fresco, como el soplete, el aerógrafo, etc. El bloque de pintores muralistas, un equipo formado por Siqueiros para trabajar en colaboración, lo ayudó en su tarea. De este conjunto de murales, el que nos interesa específicamente es América tropical. El motivo central del mural es una figura crucificada. Siqueiros retoma por segunda vez la temática de Cristo, esta vez en una versión de la crucifixión completamente secularizada. En esta obra, transformó la figura de Cristo en la de un indígena. Siqueiros señala que en vez de pintar "un contingente de hombres felices, rodeados de palmas y loros, donde los frutos voluntariamente caen de los árboles para terminar en las bocas de los felices mortales, pinté un hombre... crucificado sobre una doble cruz, que exhibe orgullosamente posados en su parte superior el águila de la moneda norteamericana"3; Este Cristo es un campesino indígena, posiblemente un trabajador golondrina. Siqueiros pintó la figura atada a la cruz, no clavada. Siete volúmenes de formas puras representan el cuerpo: dos brazos, cabeza, torso, taparrabos y dos piernas. Mediante una gran economía de recursos formales, Siqueiros logra una figura emocionalmente cargada, que transmite explotación, sufrimiento y pena. Desde la parte superior, el ave rapaz, el águila (símbolo de los Estados Unidos de América) observa a su presa. Después de la realización de este mural la imagen de Cristo desaparece de la iconografía de Siqueiros hasta 1960.

Durante el resto de la década del 1930, Siqueiros permaneció muy activo: viajando, dando conferencias y pintando en América del Sur. En la ciudad de Nueva York inauguró el Taller Experimental y Laboratorio para Técnicas Modernas del Arte, se casó con Angélica Arenal y peleó en la guerra civil española. En 1939-1940, Siqueiros realiza un mural en el edificio del Sindicato de Electricistas mexicanos, que es considerado por los expertos como su obra cumbre. Retrato de la burguesía. Esta obra es una síntesis formal y técnica del resultado de lo experimentado por Siqueiros durante la década de 1930. Al año siguiente, 1940, Siqueiros participa en el asesinato de León Trotski, y se ve forzado a partir a Chile (ayudado por su amigo Pablo Neruda), donde pinta un mural en la ciudad de Chillán. Durante 1943, Siqueiros viaja y da conferencias en países como Perú, Colombia, Panamá y Cuba. Es en este último país donde realiza dos murales más y varias pinturas de caballete. En 1944 retornó a México, donde con excepción de breves viajes a Europa, India o la Unión Soviética, permanecería por el resto de su vida.

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David Alfaro Siqueiros. Cristo del pueblo, 1963. Acrílico sobre madera. 80 x 61 cm. (31 1/2 x 24 pulgadas).

Entre finales de la década de 1940 y principios de la de 1950, la producción pictórica del artista se presenta en lo que podríamos denominar una fase afectada y reiterativa, sin contar algunas excepciones, y continúa así hasta su muerte. Las formas pierden su anterior estructura escultural; los colores son ácidos y hasta monótonos. La convulsión implícita y la calidad dramática que transmitía su obra en su mejor etapa del realismo "crítico" se transforman en una falsa monumentalidad y un heroísmo simplista. El punto culminante de su decadencia pictórica se materializa en el último ciclo de murales del Polyforum. Este ciclo fue analizado y criticado por el fallecido Luis Cardoza y Aragón como un trabajo de retórica vacía y gigantes pero nunca las monumentales formas son descuidadas4. Pero, ocasionalmente, Siqueiros es todavía capaz de producir un cuerpo de obra potente aunque irregular sobre las telas de caballete. Es ese el caso de una serie de imágenes de Cristo pintadas desde el 9 de agosto hasta el 13 de julio de 1964, época en que estuvo encarcelado. Siqueiros fue arrestado en 1960 y acusado de "disolución social". Dos años más tarde es sentenciado a ocho años de prisión5. Al mismo tiempo, se estaba realizando en Roma el Segundo Concilio del Vaticano. Convocado por el papa Juan XXIII en octubre de 1962 y continuado por su sucesor el papa Pablo VI durante diciembre de 1965; el Segundo Concilio del Vaticano se proponía preservar y vitalizar la fe heredada del pasado, así como también adaptar la Iglesia a las necesidades actuales de la humanidad, abarcando a creyentes y no creyentes. De acuerdo con el papa Juan XXIII, la Iglesia debía abrir sus ventanas para que la nueva luz y el aire fresco del siglo XX penetraran en ella. Tanto clérigos como periodistas llamaron a este movimiento Aggiornamento. Un componente fundamental de este Segundo Concilio del Vaticano fue el llamado al diálogo con no católicos, no cristianos y no creyentes, todos por igual, en la búsqueda por encontrar terrenos comunes donde trabajar por el bien común. En esta búsqueda, tanto en Europa como en América Latina, se integró el diálogo con los marxistas. Durante el período de reclusión, Siqueiros siguió con curiosidad el desarrollo de las noticias de la escena internacional. En particular el progreso del Segundo Concilio del Vaticano, la nueva apertura de la Iglesia y el llamado a la justicia social para las personas más pobres y marginadas de la sociedad6. Mientras permanecía en prisión, Siqueiros entabló amistad con dos católicos romanos practicantes, el arzobispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo, y el periodista Julio Scherer García. Siqueiros tenía un hogar y un taller en Cuernavaca y Méndez Arceo era un firme partidario de las reformas del Segundo Concilio del Vaticano, no sólo en su México natal, sino en toda América Latina. Estaba particularmente comprometido con la cuestión de la justicia social y el diálogo con los marxistas. El y Siqueiros compartían geografías comunes y las mismas preocupaciones por la justicia social.

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David Alfaro Siqueiros. El redentor vencido, 1963. Acrílico sobre madera. 80 x 61 cm. (31 1/2 x 24 pulgadas).

Julio Scherer García era en ese momento un importante columnista del diario Excélsior; luego se convirtió en el editor del diario hasta el 8 de julio de 1976, cuando renunció como forma de protesta, puesto que el gobierno prácticamente tomó el control del diario7. Al poco tiempo, Scherer García y sus colegas formaron una revista semanal llamada Proceso, que hasta nuestros días sigue siendo el medio independiente más significativo del periodismo mexicano. Ambos, Méndez Arceo y Scherer García, visitaban a Siqueiros en la penitenciaria regularmente. El producto final de estas visitas fue el libro de conversaciones con Siqueiros que escribió Scherer García, La piel y la entraña (México, DF: Ediciones ERA, S. A., 1965). Es muy posible que tanto Méndez Arceo como Scherer García conversaran con Siqueiros, no sólo de su reclusión y de la situación política de México, sino también de sus propias posturas, tanto desde el ala izquierda como desde el catolicismo romano progresista8. Es durante esta época que le entregan a Siqueiros una de ambas: la fotografía, o la estatua original neo-colonial llamada Hombre de los lamentos (Man of Sorrows). ¿Quién entregó esta estatua a Siqueiros? Es posible que le haya sido entregada por Méndez Arceo9. En definitiva, lo que es importante es que, haya sido fotografía o estatua (cuyo paradero es desconocido), fue la fuente de inspiración para las propias imágenes de Cristo de Siqueiros.

Entre agosto y septiembre de 1963, Siqueiros pintó cuatro telas de caballete con Cristo como tema. La primera Cristo del pueblo, seguida de el Viacrucis de Cristo, El redentor vencido y Cristo negro. Las cuatro obras fueron realizadas en acrílico sobre madera y miden aproximadamente 80 x 61 centímetros.

Cristo del pueblo representa una exhaustiva descomposición de la figura. El fondo es de un blanco austero que proyecta la figura a un primer plano. El color de la piel de Cristo es una combinación de blanco, amarillo y ocres. La cabeza, el rostro, el cuello, los hombros, los pectorales y brazos están representados con violencia, en una mezcla de negro, marrón y rojo. Diseminadas entre estas formas, chorreaduras y gotas de color rojo rubí: la sangre de la corona de espinas y los latigazos. La expresión del rostro de Cristo es de sufrimiento digno y estoica resistencia al dolor. En la parte trasera del panel, Siqueiros escribió: "Que sólo aquel que crea en Cristo pinte a Cristo, escribió Fra Angélico; por eso yo lo he pintado pensando —sin duda— en aquellos terribles Cristos mexicanos de pueblo en que creí cuando niño". La inscripción remite al impacto que el sufrimiento físico representado a través de estos Cristos populares tuvo sobre Siqueiros cuando era niño.

Esta imagen es parte del acervo popular católico, no sólo de México, sino prácticamente de toda América Latina. La gente encuentra en la religión, profunda y emocionalmente cruda, el reflejo del sufrimiento de ese Cristo sangrante en su propia miseria y sufrimiento diarios. El título con el que Siqueiros nombró a esta pieza hace referencia directa a la imagen de la gente, del pueblo.

El redentor vencido representa la figura desde el punto de vista del pájaro, comenzando por la cabeza, y acortando dramáticamente el resto del cuerpo en el recorrido hasta los pies. La figura está parada sobre un suelo blanco sucio que se mezcla con rosa y gris. El rostro está inclinado, mirando para abajo y hacia un costado, de su rostro sólo podemos ver una ceja, la nariz y el final de la barba. Los colores que el artista utilizó en el cuerpo se basan en un enfermizo amarillo pálido con toques de verde. Las manos están ausentes, han sido mutiladas y los muñones están sangrando. Líneas negras y púrpuras delimitan casi la totalidad del cuerpo, y como en el trabajo anterior, chorreaduras de un intenso rojo rubí y cortes sobre la superficie del cuerpo definen las heridas del hombro, la cabeza, el codo, el torso, las rodillas y los pies. El dramático ángulo que deforma la figura le confiere al cuerpo una poderosa y monumental cualidad. Sin embargo, es la imagen misma de la derrota. En la parte posterior del panel, Siqueiros también escribió: "Su doctrina de 'Paz en la Tierra' fue sepultada en la sangre y cenizas de 2.000 años de guerras cada vez más devastadoras". En opinión de Siqueiros, aquellos que en su nombre practicaron la guerra causaron la derrota de su propio redentor.

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David Alfaro Siqueiros. Cristo negro, 1963. Acrílico sobre madera. 80 x 61 cm. (31 1/2 x 24 pulgadas).

La inscripción detrás de Viacrucis de Cristo también otorga significado a este conjunto de obras: "Primero sus enemigos lo crucificaron (hace 2000 años), después sus amigos lo mutilaron (a partir de la Edad Media), y hoy sus nuevos y verdaderos amigos lo restauran bajo la presión política del comunismo (post Concilio Ecuménico) Esta pequeña obra está dedicada a los últimos".

La última de estas imágenes de Cristo, realizada en 1963, es Cristo negro. Esta pintura nos presenta la imagen de un hombre negro, con el torso desnudo y arrodillado, sus brazos a ambos lados tienen los puños firmemente cerrados, su cabeza se inclina hacia el suelo. De su frente, sus brazos, torso y piernas gotea sangre. Este hombre está rodeado de un paisaje árido de rocas y plantas amarillentas. Es muy probable que esta figura esté esperando ser linchada. Siqueiros ya había incluido a un hombre de color que había sido linchado, en su mural de 1940, Retrato de la burguesía. El hecho que un Cristo de tez oscura haya sido pintado a principios de la década de 1960, es un vivido reflejo de que Siqueiros conocía y compartía la lucha por los derechos civiles de los hombres de color en los Estados Unidos de América, como también la lucha de los africanos por independizarse del colonialismo reinante en el continente africano. A la luz de estos acontecimientos históricos, es significativo que Siqueiros adaptara la figura de Cristo al momento histórico: ya que los hombres de color en América y los africanos se encontraban entre los oprimidos y los que luchaban en 1960, entonces Cristo era uno de ellos.

Propongo, pues, que estas pinturas de Siqueiros son el equivalente visual del diálogo cristiano-marxista. Son, en parte, fruto de sus discusiones con monseñor Méndez Arceo y Julio Scherer García. Son sus meditaciones, sus respuestas a los acontecimientos del Segundo Concilio del Vaticano. Como comunista ortodoxo, aliado del estalinismo, Siqueiros pudo haber recorrido dos posibles razonamientos o ángulos para la creación de este conjuntos de obras. En primer lugar, el estalinismo difunto desde principios de la década de 1950, no proveía a Siqueiros del marco de pensamiento ortodoxo, y quizás también se sintiera atraído por la ortodoxia del catolicismo romano. En segundo lugar, es muy probable que se haya sentido auténticamente conmovido por la posibilidad de entablar diálogo entre católicos y marxistas, diálogo que desarticularía la rigidez de ambos extremos a favor del entendimiento y las áreas comunes.

En 1965, Siqueiros realiza una litografía, Calvario; en ella se encuentra representada literalmente la figura neocolonial del Cristo mutilado flotando sobre un monte con tres cruces. La figura en carne viva, manos y piernas mutiladas después de las rodillas, está completamente cubierta de sangre. Los rojos oscuros contrastan con el pálido gris del cielo y el verde del monte del resto de la composición. A la distancia, las tres cruces aparentar estar vacías, como si el martirio hubiera sido en vano y no hubiera posibilidad de resurrección ni acto supernatural que redima a la humanidad. Es una imagen de vacío, desesperación que remite visualmente a las oscuras tinieblas del alma.

Todas estas imágenes de Cristo realizadas por Siqueiros en la década de 1960, vuelven a apropiarse del sentido escultórico de la forma que el artista lograba con tanta potencia en su mejor pintura de caballete de la década de 1930. Estos trabajos son dueños de un limitado uso del color y composición simple, donde lo substancial de la forma está representado a través de ángulos con perspectivas dramáticas que crean un intenso impacto emocional.

La última imagen de Cristo representada por Siqueiros fue realizada en 1970, bajo el título de Cristo de la paz (Museo de Arte Sacro Moderno del Vaticano). En este trabajo, las manos atadas y sangrantes de Cristo son dramáticamente proyectadas al primer plano, seguidas del torso deformado y minimizado en sus dimensiones, y de la cabeza de perfil que ocupa el paño del medio y el fondo del cuadro. Siqueiros aplica pintura a este trabajo como si estuviera esculpiendo un relieve, las texturas resultantes acentúan los volúmenes. En cuanto a la utilización del color, la figura es de un pálido y grisáceo blanco con gestos amarillos. Detrás de la figura, las notas de verde y rojo delinean y subrayan las formas del cuerpo. Este Cristo, majestuoso y rebelde, solamente ofrecerá paz a través de la justicia. En el reverso del panel, Siqueiros nuevamente escribió un comentario: "Cristiano: ¿Qué has hecho de Cristo en más de dos mil años de su doctrina?". El comentario refuerza la rebeldía de la imagen del cuadro.

Las imágenes de Cristo que Siqueiros realizó en 1963,1965 y 1970 son imágenes terrenales del sufrimiento de Dios. A través de estos trabajos, el artista meditó sobre el diálogo cristiano-marxista que resultó del Segundo Concilio del Vaticano. Pero estaba, además, rindiendo homenaje a "Dios se encuentra entre nosotros", el Cristo sangrante de los pobres y los marginados de América Latina. Este mismo Cristo reaparecerá como libertador en la Teología de la Liberación en la década de 1970.

NOTAS

1. Raquel Tibol, en el prólogo del libro Palabras de Siqueiros (México, DF: Fondo de Cultura Económica, 1996), afirma que Siqueiros nunca fue anticlerical o anticatólico, aunque fuera miembro del Partido Comunista. En una larga conversación que sostuve con Tibol en 1995, ella reconfirmó lo dicho.

2. David Alfaro Siqueiros, Me llamaban el coronelazo, tercera edición (México, DF: Editorial Grijalbo, S. A., 1997) pp. 11-32.

3. David Alfaro Siqueiros, La historia de una insidia (México, DF: Ediciones de "Arte Público," 1960), p. 32. "Un continente de hombres felices, rodeados de palmas y loros, donde las frutas caen voluntariamente en las bocas de los felices mortales, yo pinté un hombre... crucificado en una cruz doble, la cual lleva orgullosamente posada encima el águila de las monedas de Norteamérica”. Esta y todas las otras traducciones al español son del autor.

4. Luis Cardoza y Aragón, "Polyforum", en Antología (México, DF: Lecturas mexicanas, Secretaría de Educación Pública, 1987), pp. 113-136.

5. Edgardo López y Luis Alamillo, David Alfaro Siqueiros, cronología mínima (México, DF: Museo-Sala de Arte Público Siqueiros, 1991), p. 22.

6. Raquel Tibol, Conversaciones con el autor; 23 de junio de 1995.

7. El diario Excélsior, durante la dirección editorial de Scherer García, había ejercido una crítica sistemática a la corrupción y abusos perpetrados por la administración de Luis Echeverría. El gobierno orquestó una suerte de "golpe" a los accionistas, y Scherer García y sus colaboradores renunciaron como forma de protesta. Para más información, véase Vicente Leñero, Los periodistas (México, DF: Joaquín Mortiz, 1978).

8. Tibol, 23 de junio de 1995. Aunque traté de comunicarme dos veces con Scherer García por medio del correo, todavía no he podido lograrlo. Monseñor Méndez Arceo, nacido en 1907, ya había fallecido cuando comencé la investigación para este artículo, en 1995.

9. Ibidem. María Balderrama, quien trabajó brevemente en el catálogo razonado de Siqueiros, confirmó la presencia de una fotografía de la estatua neocolonial Man of Sorrows entre las pertenencias del artista.

ALEJANDRO ANREUS

Historiador de arte y profesor asociado de historia del arte, William Paterson University.

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