Exposición Individualabr 2002 - jun 2002· Por Pablo Helguera

Carlos Garaicoa

Lombard Freid Fine Arts

Como bien se vio en su retrospectiva en el museo del Bronx el año antepasado, la obra del cubano Carlos Garaicoa adquiere una resonancia especial en la ciudad de Nueva York, que lo ha inspirado e informado en su actividad creativa. Cómo lo vuelve a demostrar en su nueva exposición en Lombard Fried, Garaicoa es un artista interesado en confrontar, y quizá reconciliar, polos opuestos de las realidades urbanas. 

Su exposición, titulada Porque cada ciudad tiene el derecho de llamarse Utopía, sin ser específicamente dirigida a una ciudad en particular, resume, sin embargo, una serie de obras de varios impulsos que han existido entre los neoyorquinos, y su fetichismo hacia su ciudad: por un lado, fomentar el mito de la ciudad ideal, la utópica, promovida por la industria turística y míticamente representada en innumerables películas, novelas y obras de arte; por otro lado, la violencia, el desorden y el caos urbano originado por la tensión social, racial y política. 

Exposición Individual: Carlos Garaicoa — imagen 1
Carlos Garaicoa. Puedes construir tu propia ciudad bajo tu propio riesgo, 2001. Estanterías de metal y plexiglass, papel de arroz japonés, alambre y luces. 25 x 9,4 x 63 cm. (64 x 24 x 160 pulgadas).

Garaicoa muestra dos instalaciones: la primera originalmente hecha para la trienal de Yokohama, que representan vistas aéreas de esta ciudad, así como de Nueva York y de La Habana en unas pequeñas proyecciones hechas en dvd. La segunda consiste en una estantería con imágenes de lámparas de papel, que representan un paisaje urbano. Otras obras incluyen una serie de fotografías de edificios de La Habana con imágenes añadidas, y un grupo de dibujos hechos con hilo suspendidos con alfileres directamente en la pared, que representan paisajes arquitectónicos con perspectivas dramáticas de estilo renacentista. 

Es inevitable, después de los incidentes de septiembre en la ciudad de Manhattan, no interpretar la obra de Garaicoa y particularmente sus fotografías de calles de La Habana como una reflexión sobre la "poesificación" de las ruinas en las ciudades como heridas monumentales que promueven una nostalgia colectiva. De la misma manera en que en La Habana existe una fascinación romántica y una manía por idealizar sus casas descarapeladas y sus calles envejecidas, en Nueva York las ruinas del World Trade Center son ahora sitio de peregrinación turística. En ambos casos, el paisaje resultante de una cierta situación social promueve no ya la reflexión sobre los aspectos negativos que conllevaron a ese deterioro, sino que se convierte en un instrumento para la promoción comercial. En otras palabras, como parecen recordarnos estas imágenes, incluso las imágenes de mayor deterioro pueden ser sujetas a la idealización. 

Es posiblemente a través de este interés de retratar el escapismo idealista que Garaicoa presenta su instalación titulada Puedes construir tu propia ciudad bajo tu propio riesgo. La instalación, que asemeja más bien el muestrario de una tienda de lámparas japonesas, es un escenario imaginario digno de Las ciudades invisibles de Italo Calvino. Siendo a la vez objetos de diseño sofisticado y gran atractivo, las lámparas de Garaicoa son metáforas de la sociedad y su contenedor. 

La arquitectura y la utopía han ido históricamente mano en mano desde los escritos de san Agustín y Tomás Moro, puesto que los edificios ofrecen el marco ideal donde la sociedad perfecta puede coexistir. Sin embargo, esta alianza también ha dado lugar a la desafortunada unión de la estética al servicio del dogmatismo. En esta instalación, la referencia de Garaicoa a la arquitectura es mucho más que un divertimento imaginario sobre la ciudad de Dios. Su yuxtaposición de la ruina y la utopía en el contexto más amplio de su obra (como se tituló su retrospectiva en el Bronx) alude a las dos dolorosas caras de la moneda de la realidad cubana; por un lado, la argumentación de los pasos a seguir para llegar a un mundo mejor, y por otro, la contundente realidad de carestía y deterioro. Como lo sugiere el título mismo de la obra, Garaicoa nos advierte el riesgo de soñar con una realidad perfecta, una advertencia realmente con connotaciones políticas. 

Es en esta sofisticada orquestación de obras, y en sus simples y refinados dibujos arquitectónicos, donde Garaicoa elabora un nuevo capítulo de su crítica sobre las utopías urbanas.

PABLO HELGUERA

Carlos Garaicoa, por Pablo Helguera | artnexus