Del 11 de noviembre de 2001 al 3 de febrero de este año se presentó en las salas de la Fundación Corp Group, la exposición Cruz-Diez. De lo participativo a lo interactivo que, bajo la curaduría de Víctor Guédez, reunió una serie de obras del gran maestro del cinetismo, en las que se verifica su interés por propiciar la participación activa del espectador, llevando ésta a las últimas consecuencias a partir del uso de la tecnología.
Como bien lo ha apreciado Guédez, el trabajo creativo de Cruz-Diez se asienta en una investigación constante sobre las relaciones existentes entre el hecho creador y el acto perceptivo. Para el artista venezolano siempre ha sido importante deslastrar al espectador de lo que ha llamado la "sumisión perceptiva", creando obras participativas en las que el espectador "completa" de diversos modos (manualmente, por desplazamientos, o, como ahora, por intervención de su creatividad a través de medios tecnológicos) la experiencia estética.

El tránsito conceptual recorrido por Cruz-Diez va desde un estudio de lo perceptivo, en el que el color y su comportamiento como agente conformador de espacio y movimiento cobran importancia sustancial; pasando por la inquietud por la manipulación de la obra de arte, hasta acceder a la experiencia digital. No obstante, estas etapas no han sido "superables", sino que se contienen unas a otras, en lo que Guédez ha llamado "la resonancia expansiva de una misma inquietud estética".
La muestra contiene algunos ejemplos de obras manipulables realizadas entre 1955 y 1965, piezas articulables de formas abstracto-orgánicas hechas en madera pintada.
Uno de los espacios de la exposición muestra una serie de "Inducciones" y "Adiciones cromáticas", series que han conformado los ejes en donde se ha basado la investigación de Cruz-Diez en torno a las posibilidades visuales del color. "Los juegos de inducciones cromáticas", señala Guédez, "persiguen alterar las realidades estáticas y bidimensionales en acontecimientos dinámicos y pluridimensionales, en una situación en continua evolución". El artista logra, a través de la tecnología digital, impresiones de inyección de tinta realizadas en gran tamaño, creando obras cuya escala acentúa las posibilidades de permutación de los colores, la concreción de efectos y, en fin, la transformación visual de la pieza.
Las fisicromías, otra de las series fundamentales de la investigación cromática de Cruz-Diez, se hallan presentes en tres grandes propuestas digitales dadas por impresiones de tinta. Las fisicromías actúan en relación con el desplazamiento del espectador, quien activa las posibilidades cromáticas y formales de cada pieza. En este caso, los grandes planos están asociados a formas geométricas, que ponen en evidencia una serie de transformaciones, desmaterializaciones y combinaciones.
El Espacio cromointerferente (1974) es un ámbito en cuyas paredes se proyectan imágenes de franjas cromáticas. Un juego de formas geométricas tridimensionales interfiere con la proyección. El espectador puede colocar estas piezas aleatoriamente, convirtiéndose él mismo en parte del juego de interferencias y relaciones visuales que permite el ámbito.
El Espacio cromosaturado (creado en la década de 1960) es un espacio dividido en tres cuartos iluminados con luces fluorescentes azules, verdes y rojas. El color envuelve y satura cada recinto, propiciando una saturación retiniana que hace que lo percibamos como un ámbito total. A la vez, al caminar hacia el otro recinto de color, las relaciones cromáticas se relativizan, produciendo una serie de eventos que parten de lo visual pero que hacen de la experiencia una totalidad corporal y sensorial.
Al crear el Espacio interactivo, en el que el espectador se vuelve co-creador de la obra de arte, Cruz-Diez se ha valido de la tecnología digital para llevar la participación del espectador hasta nuevos derroteros. Una sala con computadoras con programas en los que se pueden escoger múltiples opciones combinatorias de color, forma y relaciones, se ofrece al espectador-partícipe para que cree su propia obra de arte. "De esta manera", apunta Guédez, "el espectador puede resolver sus propias imágenes a partir de los registros y pautas procedentes de la nomenclatura creada por el artista. Mediante esta incorporación de lo digital, Cruz-Diez ratifica su permanente interés por sacar al arte de sus confines tradicionales".
En Cruz-Diez. De lo participativo a lo interactivo se verifica la tremenda verdad de un artista que ha sabido interpretar las circunstancias del tiempo que le ha tocado vivir, integrarlas y recrearlas en una obra de extraordinaria vigencia: una obra que, en palabras del artista "intenta ampliar el conocimiento y modificar los conceptos y nociones existentes".
KATHERINE CHACÓN
