Exposición Individualabr 2002 - jun 2002· Por William López

Beatriz González

Fondo Cultural Cafetero y Galería Sextante

Las últimas dos exposiciones de Beatriz González (1938) en Bogotá estaban, nuevamente, referidas al tema de la muerte. Este tópico, tal como lo señala Álvaro Robayo en el fragmento de su libro La crítica a los valores hegemónicos en el arte colombiano (SECAB, 2001), que fue reproducido en el catálogo de la exposición del Fondo Cultural Cafetero, está presente casi de forma obsesiva en la obra de esta artista desde 1965.

Con Los suicidas del Sisga (1965), uno de sus más famosos óleos y, según Marta Traba, el punto de partida más evidente de su carrera, González incorporó a su obra dos elementos que luego van a aparecer recurrentemente a lo largo de sus posteriores trabajos: el tema de la muerte y la reinterpretación de lo que Carolina Ponce de León llama "el repertorio visual de las imágenes cotidianas de los periódicos y los cromos populares". (Beatriz González una pintora de provincia, Carlos Valencia Editores, Bogotá, 1988, p.p. 18).

Exposición Individual: Beatriz González — imagen 1
Beatriz González. Ventana entreabierta, 2001. Óleo sobre lienzo. 150 x 150 cm. (59 x 59 pulgadas).

El conjunto total de las pinturas y dibujos que presentó en el Fondo bajo el título de Dolores. Obra reciente, y el papel de colgadura y las bancas presentadas en la Galería Sextante, pueden interpretarse, entonces, dentro de la preocupación por reflexionar sobre la iconografía de la muerte que, en la obra de González, tiene ya una larga tradición. Por otra parte, tal como lo previó en la entrevista que dio a Katherine Chacón, con ocasión de la retrospectiva que organizó el Museo de Bellas Artes de Caracas en 1994, González también está interesada en explorar la intensidad del drama. En sus propias palabras: "(...) quisiera expresar esa intensidad. Esta realidad tan fuerte que estamos viviendo quisiera volverla metáfora. Deseo trabajar un lenguaje metafórico, pero no de manera intelectual sino muy sentida. Alcanzar una metáfora visual que sea sensual, pero que tenga la intensidad del drama." (Beatriz González. Retrospectiva. Museo de Bellas Artes, Caracas, 1994, p.p. 20).

Esta intensidad, en estas dos últimas exposiciones, de nuevo está relacionada con la forma como los medios impresos en Colombia han ido construyendo un código visual de la muerte violenta y de la expresión del dolor que sobreviene después de que ésta aparece. En este sentido, los óleos de gran formato, como Dolores, Empalizada y Ventana entreabierta, pueden interpretarse dentro de la preocupación de González por los rituales del duelo que protagonizan los familiares de los asesinados que, al ser captados por la lógica visual de los medios masivos de comunicación, empiezan a convertirse en estructuras repetitivas.

En unas obras están el féretro y los que lloran, en otras, los cadáveres de quienes son asesinados masivamente. En Predicadores, por ejemplo, González, a diferencia de muchos de sus trabajos anteriores, en donde los cadáveres de quienes son asesinados y el contexto en el que estos aparecen están envueltos en un gran caos, ha representado tres cadáveres "racionalmente" ordenados: el rostro cubierto y las manos cruzadas sobre el pecho. Precisamente, a la "lógica" de las matanzas, su brutal estructura repetitiva, se alude en forma irónica, en el papel de colgadura que reproduce este trabajo en la Galería Sextante.

De la misma forma como la muerte en Colombia tiene una historia particular, ligada necesariamente a las formas como los diferentes ejércitos involucrados en el conflicto armado van elaborando simbólica y físicamente el exterminio del enemigo, las formas como se representa la muerte violenta y el profundo dolor que sobreviene después de ésta han ido creando una iconografía que González ha reinterpretado, rescatando su intensidad.

Estas dos últimas exposiciones, aunque no nos muestran la mirada intelectual, humorística y corrosiva a la que nos tiene acostumbrados Beatriz González, nos señalan, nuevamente con mucha lucidez, los códigos del dolor y de la muerte que, en el ámbito colombiano, se han venido elaborando en medio de una guerra que ya cumple medio siglo. Pareciera que González ya no es capaz de reír, aunque sigue reflexionando emotivamente sobre la muerte.

WILLIAM LÓPEZ

Beatriz González, por William López | artnexus