Olfato visual, muestra de Santiago Pol en el Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez, presenta una amplia selección de afiches, estampillas, bocetos y cuadernos de apuntes, realizados en el período comprendido entre 1968 y 2001. La exposición, curada por Juan Carlos López Quintero, distingue tres grandes momentos en la trayectoria del autor: la década de 1970, marcada por la influencia pop y cinética; la década de 1980, centrada en la exploración de la tridimensionalidad y el empleo de la fotografía; y la década de 1990, dominada por la presencia del dibujo.

En conjunto, los trabajos en exhibición evitan las soluciones fáciles, caracterizándose por su ingeniosidad, economía de recursos y coherencia gráfica. Pol nace en Barcelona, España, en 1946. Se residencia en Venezuela en 1954. Entre 1962 y 1964 asistió a la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas Cristóbal Rojas de Caracas donde fue discípulo de Jacobo Borges y Régulo Pérez. En 1966 viaja a Francia para estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes de París. En 1968 regresa al país e inicia su trayectoria como diseñador, actividad que comparte con la docencia y el desempeño de labores directivas en el Taller de Diseño del Inciba y, posteriormente, del Conac. Su trabajo ha sido reconocido en importantes eventos internacionales como la Bienal del Afiche de Varsovia, Polonia (1968, 1976 y 1978) y la Trienal de Toyama, Japón (1994).
Los años iniciales de su carrera se enmarcan dentro del fuerte impulso que reciben las artes gráficas en Venezuela, fenómeno estimulado por la creación de diversos espacios creativos y formativos como el Instituto de Diseño Neumann-Ince, el Taller de Artistas Asociados, (Taga) y el Centro de Enseñanza Gráfica (Cegra). En el ámbito latinoamericano se destaca la presencia de la gráfica cubana, mientras el cartel polaco constituye una referencia mundial. La fecundidad de este panorama deja una profunda huella en su trabajo, el cual sintetiza diferentes aspectos de la cultura visual foránea.
Considerado como uno de los diseñadores más importantes de Venezuela, Pol ha centrado su actividad en la creación de carteles donde confluyen las leyes de la comunicación y los principios estéticos. Entre ellos figura la serie Objetos imposibles, en la cual conviven el humor, el absurdo y la crítica. Combinando escultura y fotografía, el artista puede convertir unos trozos de cinta cinematográfica en un nido, un lápiz en una lanza o un puñado de soldaditos de juguete en una cifra. Estas imágenes están construidas a partir de una poética que, como en la tradición dadaísta, altera la función original de los objetos para otorgarles un significado diferente.
Pol también ha explorado las posibilidades del afiche múltiple, estrategia que permite trascender los formatos tradicionales para crear formas complejas que se despliegan en el espacio. Utilizando una matriz que se repite, el cartel se transforma en mural gráfico, es decir, en un grito “amplificado” sobre la pared. Este procedimiento supone la conquista de una escala mayor y el reforzamiento de la función comunicativa de la propuesta.
Otro aspecto a destacar en el alfabeto gráfico de este diseñador es su afinado sentido del color, abarcando desde los matices planos y contrastantes (herencia del pop art), hasta la combinación de tonalidades vibrantes (reminiscencia del arte óptico), pasando por gamas de mayor sobriedad y sutileza como las que prevalecen en los objetos volumétricos. Manejados con inteligencia y sensibilidad, estos elementos aparecen en los diversos ámbitos en que ha incursionado el autor, ya sea en afiches concebidos para festivales, exposiciones, bienales y campañas institucionales, como en carátulas de discos, estampillas y logotipos.
En los trabajos de Pol, como en los de Nedo M. F., Gerd Leufert y Álvaro Sotillo, sobrevive el oficio del diseñador como artista. En la actualidad ya no se distinguen autores, sino grandes corrientes de diseño, fuertemente condicionadas por las maquinarias empresariales y el impacto de los programas de computación. Pol, por tanto, es uno de los últimos representantes de una estirpe de diseñadores que comienza a desaparecer, tanto por el empleo de procedimientos artesanales como por la originalidad de su lenguaje gráfico.
Para este creador el diseño gráfico no es un “arte menor” como se consideraba antes del advenimiento de las vanguardias del siglo XX, ni tampoco un simple medio propagandístico al servicio de una ideología. Su sensibilidad y erudición visual lo condujeron a la producción de auténticas piezas de arte, respetando, claro está, las exigencias comunicacionales del medio. Pol, como muy pocos en el país, elevó el diseño de carteles a lenguaje autónomo, aunque no por ello se desvinculó de otras artes como la pintura, el dibujo, la fotografía y la escultura, disciplinas de las que tomó elementos y aprovechó recursos en función de su propuesta. Su trabajo, en fin, responde a las exigencias del cliente, sin perder de vista al público.
FÉLIX SUAZO
