Exposición Individualnov 2001 - ene 2002· Por Naief Yehya

Pablo Helguera

INTAR

En la nueva exposición de Pablo Helguera (ciudad de México, 1971) no había ni una sola computadora a la vista, ni siquiera un indicio de tecnología computarizada. Sin embargo, su título, Everythingness (unfeeling), transmitía la tendencia de nuestra era tecnológica y las contradictorias emociones que afrontamos mientras navegamos en el espacio virtual, en donde se nos confronta con la ilusión de ser capaces de alcanzar todo en el universo, y el aturdimiento que experimentamos al no poder (al menos hasta hoy) intercambiar sensaciones físicas a través de un módem. Nuestra persona (o personas) en línea son nuestros clones insensibles, que pueden ser independientes y capaces de desarrollar su propio sentido del yo, pero incapaces de sentir. La fluidez de la identidad en línea es una de las innovaciones más radicales que la red ha introducido en la cultura, y la posibilidad de fabricar personalidades digitales alternas es una estrategia para extender el yo y para aumentar, intensificar y multiplicar las capacidades de experiencia y placer. Esta búsqueda de sensaciones mejores y superiores es lo que Helguera quiere explorar con su obra reciente.

Exposición Individual: Pablo Helguera — imagen 1
Pablo Helguera. Lo fugitivo permanece y dura, 2001. Dibujo en arena de color. 83, 82 x 38,1 cm.

Al igual que en sus exposiciones anteriores, Helguera jugó allí con la intertextualidad, la yuxtaposición de elementos y significados, y una especie de discurso dialéctico entre las diferentes piezas de su instalación. Al entrar a la galería, el visitante era recibido por las palabras del poeta español del siglo XVII, Francisco Quevedo: “Efímero aunque permanente y duradero”, escritas con polvo de colores, como si fueran una mandala tibetana pintada con arena. Esta breve frase resume lo que parece ser el significado olvidado de éxtasis como algo que no puede ser almacenado o modificado. En el centro de la galería había una montaña hecha con 1.500 vaciados de yeso hechos con moldes de gelatina, que representaban volcanes, todos los volcanes existentes en el planeta. Un registro con los nombres de todos estos volcanes en orden alfabético se proyectaba sobre una pared. La pila de volcanes en miniatura era bañada por brillantes y teatrales luces rojas que añadían un elemento de drama casi caricaturesco. También había un generador Van de Graaf que descargaba electricidad electrostática sobre las manos de los visitantes. Y, finalmente, testimonios anónimos sobre el uso de la droga éxtasis estaban inscritos con píldoras. 

Everythingness (unfeeling) giraba alrededor de la noción de éxtasis, y era una reflexión sobre nuestro incesante y obsesivo deseo de conseguir y capturar lo efímero. O, como lo dice el artista: “es una reflexión general sobre las motivaciones de nuestra conducta, una exploración de las raíces de nuestro razonamiento detrás de las cosas que hacemos para obtener lo que deseamos”. Todas las piezas eran comentarios irónicos o metáforas sobre los esfuerzos hechos para preservar la experiencia extática, ya sea generando continuamente electricidad estática, o tratando de preservar la memoria de la experiencia con la droga, escribiéndola sobre tabletas falsas de éxtasis (la droga por excelencia de la fiesta y la euforia): “Esto fue lo mejor que haya sentido en mi vida”, “Me dio nostalgia del momento que estaba viviendo”. Se supone que el éxtasis es un momento de placer supremo, corporal y espiritual, un sentimiento que no podemos atrapar ni repetir a voluntad. Y, como lo explica Helguera, el sólo intento de controlar el éxtasis provoca la eliminación de su singularidad. El elemento central y más destacado de la exposición eran las representaciones en yeso de los volcanes. Estos podrían considerarse como la personificación del éxtasis telúrico, son fuerzas de la naturaleza siempre amenazadoras e impredecibles, y en la exposición eran los lazos entre nuestro deseo de atrapar el éxtasis en un estado latente, y los orgasmos más esquivos de la naturaleza. El estado extático es problemático porque, por una parte, es una obsesión cultural de nuestro tiempo pero, por la otra, representa una aterradora pérdida de control, el abandono de lo racional y la sumisión a lo primigenio, a los orígenes de las especies o, como lo expresa Camille Paglia, al mundo de los muertos o a las entrañas de la Tierra, el abismo incandescente que se conecta con la superficie a través de la chimenea volcánica. 

La instalación de Helguera podía percibirse como una exhibición de un museo científico, aunque parecía deliberadamente de baja tecnología; incluso el generador Van de Graaf le añadía un elemento de nostalgia por un ideal de futuro desaparecido hace tiempo. No obstante, la exposición es una reflexión sobre nuestra sociedad mediatizada al extremo, sobre el poder insensibilizador de la esfera de los medios y su interminable bombardeo de infotainment. Everythigness es, según Helguera, la impertérrita lucha por conquistar estados mayores y la ilusión de alcanzar un sentimiento perpetuo de felicidad absoluta en una sociedad dominada por el ideal de posibilidades ilimitadas. Mientras que la insensibilidad es lo que G. H. Ballard podría haber llamado "el suburbio del espíritu": la desaparición del afecto en un “mundo casi infantil en donde cualquier exigencia, cualquier posibilidad, ya sea de estilos de vida, viajes, papeles sexuales o identidades, puede satisfacerse inmediatamente”. 

Everythingness (unfeeling) fue la segunda parte de un proyecto en desarrollo que se presentó primero en Basilea bajo el título Everythingness, para el cual el artista creó una corporación dedicada a la comodificación del tiempo.

NAIEF YEHYA

Pablo Helguera, por Naief Yehya | artnexus