La muestra Mareas en movimiento: fotografía cubana postrevolucionaria inaugura un nuevo espacio de reflexión sobre Cuba, su gente, sus sueños y sus luchas de manera nunca vista antes en los Estados Unidos de América. La exposición fue inaugurada en el mes abril en Los Ángeles, a finales de agosto viajará hacia Nueva York y luego en noviembre partirá hacia Chicago. En un recorrido de casi cuarenta años, presenta el trabajo de 16 fotógrafos cubanos. La exhibición reconoce cuatro ejes temáticos para el acercamiento a la fotografía, los cuales se aproximan al descubrimiento de las décadas del tiempo. A pesar de las diferencias políticas, sociales y económicas entre los Estados Unidos y Cuba, estos trabajos contemporáneos de fotografía provenientes de esta isla construyen diálogos que se entrelazan y relacionan en completa sinergia con trabajos creados en otros lugares de la escena artística internacional.

El Hall de entrada presenta una serie de imágenes tempranas de carácter germinal de los fotógrafos Alberto Díaz Gutiérrez (Korda) y Osvaldo Salas, quienes crearon algunas de las imágenes más célebres de los héroes revolucionarios cubanos. En imágenes icónicas como las de Fidel Castro o del Che Guevara convergen la utopía y el idealismo inicial de la revolución. El curador de la muestra, Tim Wride, afirma que estas fotografías forman parte de un sustrato conceptual para futuros desarrollos de la fotografía.
Posteriormente, en respuesta a aquella idealización, un grupo de fotógrafos, activos desde mediados de las décadas de 1960 y 1970, desplazaron el foco de sus cámaras de los rostros famosos hacia los desconocidos. Las fotografías de Iván Canas, María Eugenia Haya (Marucha), Enrique de la Uz, José Figueroa y Rigoberto Romero dan cuenta de la vida cotidiana y actividades de hombres y mujeres comunes de la sociedad cubana postrevolucionaria. La muestra incluye las inolvidables imágenes del cosechador de granos de Canas y la atractiva serie Camino de la Sierra, donde distintas percepciones, captadas en secuencias estáticas, se conectan con cambiantes interpretaciones de personas, objetos e imágenes.

Los complejos trabajos de Figueroa exploran no solamente el objeto fotografiado, sino también la manera como distintas perspectivas son capaces de significar. La obra de Figueroa es el nexo conceptual que presenta las dos salas siguientes. En éstas se exhiben trabajos de fotografía intervenida de Rogelio López Marín (Gory), José Manuel Fors, Marta María Pérez Bravo y Juan Carlos Alom.
Estos trabajos, fechados en su mayoría en la década de 1980, dialogan con el desarrollo artístico internacional, mientras que exploran las tensiones entre los individuos y el Estado, utilizando alegorías, yuxtaposiciones e ironía como medio para criticar a la sociedad cubana. De carácter onírico, la serie de nueve fotos de Gory, titulada Es sólo agua en la lágrima de un extraño, presenta diferentes tomas de la misma piscina, en yuxtaposición con enfoques distintos de añoranza y desprecio. Subvirtiendo la certeza de lo verdadero y real que implica la fotografía, este trabajo presenta alteraciones de una misma imagen que construye narrativas relacionadas tanto con la esperanza como con la desesperación. Las imágenes de Fors, montadas sobre una cuadrícula, son también mordaces. Estudian y parodian los procesos de colección y clasificación. Fors investiga los sistemas que legitiman el orden de la sociedad y la historia; sus trabajos sugieren que, a pesar de adjudicarse la razón y el orden, estas estructuras sociales no se dirigen a cuestiones de significación individual y mortalidad.

En las últimas dos salas de la exposición encontramos los trabajos de fotógrafos que emergieron en la década de 1990, entre los cuales se encuentran Pedro Abascal, Manuel Piña, Carlos Garaicoa, Abigail González y Ernesto Leal. Las fotografías llenas de color, de Leal, donde las imágenes de los callejones son mayores que su tamaño natural describen parafernalias, como una zapatilla de tenis abandonada, un panel del piso roto y un rincón lleno de polvo. La propuesta de significación de lo abyecto dialoga de manera irónica con las poéticas fotos en blanco y negro de Piña. Dispuestas en la sala final, las imágenes de Piña, del tamaño de la pared, Aguas Baldías, muestran al Malecón, muro de contención marítima de La Habana, en diferentes estaciones: inundado, dominado por el agua, o de pie, monumental, en forma de inmenso obstáculo para el mar. Mediante la fusión de naturaleza y cultura, beneficencia y despojamiento, libertad y confinamiento, la serie sugiere las condiciones sociales que soportan los artistas que trabajan en la Isla, que tienen que ganar su sustento en la escena y realidad nacional. Las imágenes se compenetran con la escena artística internacional, a la vez que sufren una total desconexión del resto del mundo; forman una metáfora angustiante de los movimientos de las mareas, endémicas a la fotografía cubana contemporánea.
COLLETTE CHATTOPADHYAY

