Exposición Individualnov 2001 - ene 2002· Por Ana Paula Cohen

Lenora de Barros

Galería Millan

Una vez que el espectador se haya sentado en la instalación Cadeiras Pussy (Sillas Pussy), toda la exposición de Leonora de Barros ya habrá sido recorrida. La última obra consiste en nueve sillas equipadas con espejos retrovisores, audífonos, y con el respaldo colocado para la proyección de un video. Por el espejo, buscamos mirar la proyección, sin poder visualizar la totalidad de la pantalla. Aunque el video fue realizado a partir de imágenes de obras anteriores de la artista, la edición, el montaje y el sonido generan un nuevo trabajo, que no revela con claridad los antiguos. En el medio de innumerables imágenes, es posible identificar hitos de la historia del arte brasileño: un autorretrato de Geraldo de Barros, importante figura del movimiento concreto paulista y padre de la artista, en una fotografía que fue apropiada por ella (En forma de familia, 1995). La rápida secuencia de imágenes de Cadeiras Pussy y el acto de, literalmente mirar para atrás por el espejo retrovisor remiten a la idea de rever el pasado, por medio de imágenes fragmentadas por la memoria. La concentración del espectador en los estímulos visuales y sonoros puede generar una sensación de desconexión con el espacio de exposición y de falta de presencia para un plano mental —la velocidad y el encadenamiento de las imágenes remiten al pensamiento—, provocando una suspensión en el tiempo “real”. La experiencia lleva a una reflexión sobre el paso del tiempo, y sobre las formas de percibir y retomar la historia. Cuando paramos, por un momento, de buscar imágenes por el espejo retrovisor, recordamos que estamos sentados frente, a la exposición: mirando para atrás, vemos las obras antiguas de la artista, y para adelante, la obra actual. 

Exposición Individual: Lenora de Barros — imagen 1
Leonora de Barros. ¿Qué tiene de nuevo, de nuevo el pussyquete? Sillas pussy, 2001. Video de Grima Grimaldi.

La banda sonora de la instalación está formada por samples musicales y palabras recitadas en un ritmo semejante al juego de ping-pong: novo, de novo? novo, de novo? nada de novo no ar... nada de novo no ar... nada a ver com nada a ver com nada a ver... De a poco las palabras podrán ser reconocidas: todas ya habrán sido leídas en el recorrido de la exposición, tanto en los títulos como en las propias obras. La expresión nada de novo no ar (nada de nuevo en el aire) trata la cuestión presente en toda exposición —no hay nada de nuevo en la producción artística contemporánea—, al mismo tiempo que nomina una obra con tres bolitas de ping-pong suspendidas en el aire, sobre una placa de vidrio, con la frase impresa: nada de novo no ar. La obra Nada a ver también está formada de bolitas con palabras impresas, suspendidas en una placa de vidrio. La expresión nada para ver, que en portugués significa no tener relación con cosa alguna, gana en la obra en un sentido literal: no hay nada para ver en el trabajo más allá de bolitas de ping-pong con las propias palabras inscritas: nada para ver. Así como estas dos, las 17 obras expuestas distribuidas en los dos pisos de la galería son elaboradas a partir de elementos del juego de ping-pong. Cajas de plástico translúcido montadas en estructuras de metal, con tapas abiertas o cerradas, están llenas de bolitas de ping-pong con palabras impresas, como en el caso de novo de novo, dividir imagens multiplicar idéais ou me pese me leve. Los objetos Pussycat1 y Pussycat2 están formados por dos o tres raquetas dispuestas paralelamente en una estructura vertical adosada a la pared, en una situación de juego impedido por la gravedad. El nombre de pussyquete es una combinación de la palabra raqueta con la referencia a la música pop que da nombre a la exposición: What´s new Pussycat?; por más que la ortografía sea en portugués, la pronunciación de esta palabra es en inglés. Hay, además, entre otras obras una que consiste en una mesa blanca de ping-pong, raquetas y dos palabras hechas en acrílico naranja sobre la mesa. Ping de un lado de los jugadores, y Poem, del otro. 

La obra visual, contenida en el título y en la formalización de las mismas expresiones con sentidos diferentes, se transforma, en la última instalación, en una combinación de sonidos y ritmos, adquiriendo nuevos significados. El elemento apropiado de ping-pong, en este caso, es el sonido continuo y repetitivo del juego, usado como ritmo para las poesías (Ping-Poem). La obra de Leonora hace referencia directa a la poesía concreta paulista de las décadas de 1950 y 1960 y a su juego poético con el lenguaje. En la exposición ella lidia con algunos de los diversos sentidos y formatos inherentes al lenguaje —visual, textual, sonoro— resaltando siempre el hecho de no haber, en esta elaboración, nada nuevo. Pero, finalmente, ¿qué debería haber? La obra trata con ironía las críticas reaccionarias sobre arte contemporáneo que necesitan encontrar valor en la novedad y la originalidad, y que resumen la producción de hoy en una sucesión de pastiches. 

En conjunto, la muestra, connota la elaboración de un posicionamiento crítico e irónico frente a la cuestión de lo nuevo, a ser comprendido en la práctica: por el público. Ella construye todas las obras a partir de fragmentos de la(s) historia(s) —la historia del arte brasileño, su historia familiar, sus trabajos anteriores— y de las apropiaciones del mundo del arte, del juego y del lenguaje. En el transcurso de la exposición, el contacto con diversas formas de presentar las mismas expresiones nos hace reconocer las innumerables posibilidades de entender un objeto o un asunto, dependiendo de su contexto. Al presenciar la instalación, las palabras leídas en la exposición, o incluso los trabajos antiguos de la propia artista, resignificados, proporcionan una nueva experiencia. Aún no partiendo de nada nuevo, Leonora demuestra que las diversas formas de recontextualizar y resignificar ideas, imágenes y palabras pueden darle un nuevo sentido a su obra.

ANA PAULA COHEN

Lenora de Barros, por Ana Paula Cohen | artnexus