En el pequeño catálogo de la muestra titulada Descendencia de Javier Rodríguez (Venezuela, 1975), leemos: "Tarde conmigo mismo, / En la barca de mi ser, / Sin luz, / Sin tierra, / A la redonda. / Intento apenas / Mantenerme a flote, / Más, ya sumergido / En el océano". existo... Bellísimo poema de Jalaludin Rumi (siglo XII), que bien mucho puede definir el contenido de sus collages y cajas, todas de pequeño formato, realizadas entre 1999 y 2000, en técnica mixta sobre papel o madera. Primera exposición de un joven, residente en Londres desde hace cuatro años, que demuestra talento para tratar las superficies pictóricas trabajando a partir de varios medios.

Lo lírico y lo lúdico resultan de una voluntad plástica evocativa e incisiva resuelta a partir de dos procesos que opera la mano del joven artista. Produce así, simultáneamente, dos realidades significativas y dos climas plásticos. Una, la del collage y otra, la de la pintura. Lo primero se resuelve en la apropiación y el uso de imágenes preexistentes extraídas y recortadas de obras icónicas de la historia universal del arte, y lo segundo en el trabajo pictórico de los fondos brumosos y ricos en tonalidades donde se posesionan los personajes, emergiendo desde sus planos más profundos hasta superponerse sobre los más superficiales. A partir de aquí ya podríamos definir la dualidad como una característica fundamental de su trabajo. Contraposición y dialéctica de lo pintado y lo apropiado, de la figuración y la prefiguración. Como en ritual iniciático ubica a los personajes en un nuevo orden, tanto plástico como de significado. En su nuevo contexto, ellos asumen otra personalidad.
La dualidad también se manifiesta en dos operaciones que el artista ejerce. La primera está referida al acto agresivo, y casi sacrílego, de cortar y recortar esas figuras emblemáticas de lo religioso, para, acto seguido, encajarlas amorosamente en una superficie de ensueño y envolverlas en atmósferas poéticas. Manifestación de lo masculino y lo femenino. Los intereses plásticos de Javier Rodríguez se centran en la mutilación y el reordenamiento de los elementos sobre el soporte, y los significados se expresan como un acto purificador de los personajes que vuelan y se interrelacionan amorosamente. La composición es singular. Opone espacios vacíos a espacios llenos, siguiendo ejes determinados sobre los que se mueven las figuras. Por ejemplo, en Trascendencia, la dualidad es evidente, manifestándose en la contraposición de las figuras recortadas de Adán y Eva en el momento de ser expulsados del paraíso, en la derecha, con el vacío que ocupa lo que pareciera ser un grupo imperceptible de personajes o de manchas informes, como las almas inconclusas de los expulsados. Algo similar ocurre en la dicotomía de los pares, en El circo, la figura circense a la derecha y la mancha informe y misteriosa a la izquierda. Para Rodríguez, la separación y reconciliación de las formas es un hecho mágico creativo.
Al observar el resultado que obtiene con la técnica collage-pintura, una opinión definitoria, poética y técnica, de Max Ernst sobre su obra collagista viene a la memoria. Ernst planteaba que "si son las plumas las que forman el plumaje, no es la “colla” la que hace el collage". En su caso, Javier Rodríguez incorpora el collage en el juego de elementos visuales y texturales dentro del proceso pictórico. Todo ello deriva en una composición íntima y misteriosa. El se sirve de un repertorio heteróclito de imágenes; mezcla lo sagrado con lo profano en fondos subliminados por manchas brumosas de color pobladas por personajes que en su desnudez, sus expresiones faciales y posiciones, en muchos casos de desfallecimiento, interpretan un dolor místico. El papel de seda arrugado por la mano y por el color apaisado en tenues ocres, dorados, azules, rojos o amarillos, es determinante en la temperatura afectiva del espacio. Nada es estático. Significado y contenido se resuelven en atmósferas y tiempo infinito, en el misterio y la intimidad.
BÉLGICA RODRÍGUEZ
