Exposición Individualnov 2001 - ene 2002· Por Itala Schmelz

Daniel Guzmán

Galería Kurimanzutto

Dentro del garaje techado de una casa de la década de 1950, ubicada en la colonia Condesa, México, D.F., la Galería Kurimanzutto encontró el espacio adecuado para presentar la exposición individual de uno de sus artistas, Daniel Guzmán. Hijo de puta (te he estado observando, ya sé quién eres) es el título de una reunión retrospectiva de dibujos, recortes de periódico, fotografías, textos y otros objetos creados o encontrados, a partir de los cuales el artista articula su intimidad. 

Exposición Individual: Daniel Guzmán — imagen 1
Daniel Guzmán. Fe, esperanza y caridad, 2001. Materiales diversos. Dimensiones variables.

En esta exposición, Guzmán se muestra despojado del prejuicio y desnudo del miedo a ser visto. La intimidad, despersonalizada, se vuelve algo compartible y no algo vergonzoso. A sus 36 años, el artista revisa su labor terapéutica y casi inconsciente de reunir las imágenes y las frases que, a lo largo del tiempo, han conmovido su atención, ahí donde el discurso gregario ha detonado un significante personal. La constancia coleccionista y la apropiación, mediante algunos de los recursos del arte actual (dibujo, diseño, collage, objeto encontrado), ha guiado, dentro de una cultura dominante, la búsqueda de una identidad subjetiva. 

 Foucault señalaba que la libertad es la posibilidad de crearse a sí mismo, es la incoercibilidad de la imaginación ante los discursos del poder. Si bien la identidad no es algo en sí y para sí, y si bien el sujeto no es más que el conjunto de sus herencias y determinaciones sociales y genéticas, la forma particular de elaborar toda esta información siempre será el producto de una subjetividad, identidad reunida por la individualidad de un nombre propio. El valor sígnico o simbólico de cada uno de los materiales que arman esta exposición puede ser aleatorio, pero la reunión y el acomodo son singulares. 

Fe, esperanza y caridad, una de las tres piezas que conforman esta exhibición, es un tríptico a tres muros, compuesto como collage sobre la pared, donde cada dibujo, recorte o frase que lo compone, cualquiera sea su proveniencia, embona con el resto para formar una narrativa heterogénea que retrata a un sujeto desencantado, pero cuya mueca de ironía abre la posibilidad de redención para la conciencia. 

Además de esta pieza, el artista realizó un video, en el cual se filma cantando los temas que lo han marcado sentimentalmente, acto de memoria, guiado por la melodía de fondo, que acompaña la actividad plástica del taller; intervención en el ánimo, frases en el aire que atrapa su corazón. La tercera pieza es una montaña de casetes, cadáveres del consumo de identidad mediática, íconos, ritmos y nombres que han constituido los gustos musicales de un par de generaciones, imponiendo estilos, modos de vida, valores con qué identificarse y crecer. Arriba de esta pirámide del culto secular, en un trozo de cartón se lee: “Sólo lo falso permanece”. 

Autorretrato y espejo, el conjunto de este trabajo deja ver el rostro con crudeza, el sentimiento se despierta más por el dolor que por el placer y, sin embargo, en resumen, la experiencia no es amarga, por el contrario, es reconciliadora. Lo curioso es que sea el propio escepticismo el que a fin de cuentas alimente la fe, la esperanza y la caridad; que sea la ironía y no la piedad o la culpa, lo que pueda hacer de la introspección un arte. Que la dignidad se encuentre en la contradicción y que la redención sea la expresión misma. 

Fe, esperanza y caridad fue el título, también, de una trilogía fílmica realizada en 1972 por tres directores considerados como cineastas independientes. Cada una de estas tres máximas, es interpretada a partir de la realidad social de la clase baja mexicana, la más religiosa. Para que estas tres virtudes surjan, el individuo que las experimenta tiene que enfrentarse a la fatalidad; sin resignación no hay revelación. Con estas tres bases de la dignidad cristiana, Guzmán, a su vez, estructura su propia búsqueda del saber, el amor o el sexo, pero es la desilusión, el aguijón, el veneno, lo que conduce a la espiritualidad, la pérdida es motor del arte y la frustración, impulso creativo. 

Con la bandera contracultural, el beat, el punk, con la estética y la dicción del cómic, la filosofía de la rola de rock and roll, Guzmán compone un rostro contemporáneo, polifacético, desorientado, más informado pero más deformado, interdisciplinario, multimediático. El artista de hoy debe estar cerca del mundo del consumo y el entretenimiento, es ahí donde las masas alimentan su necesidad de identidad. El artista tiene que tener una gran sensibilidad respecto a su medio ambiente, captar, como termómetro, la emergencia de los valores simbólicos del momento, hacer dobles lecturas de los hechos, quebrantos aparentemente insignificantes del orden, pero que, a fin de cuentas, mantienen vivo el ánimo diversificador del individuo.

ITALA SCHMELZ

Daniel Guzmán, por Itala Schmelz | artnexus