Cartografías imprecisas fue el título de la exposición que Carola Bravo (Venezuela, 1961) presentó en la sala de exposiciones del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Celarg. No fue pintura, tampoco escultura ni instalación. Fue, definitivamente, la conjunción en dibujo de esas modalidades plásticas. Conjunción resuelta en un todo que logró su propósito: activar un espacio a partir de una compleja intervención. En dos grandes salas expositivas, la propuesta se cumplió en una resolución plástica que necesitó de la participación de diversas maneras de analizar y a la vez poblar un espacio físico real. En solo blanco y negro, dentro del más puro minimalismo, la propuesta, enmarcada desde su enunciación en la dualidad que contempla la definición precisa de cartografía (arte de trazar cartas geográficas) y la aleatoria de, precisamente, ser imprecisas, entrando en la contradicción de que una cartografía, por naturaleza, no puede ser imprecisa. En consecuencia, Bravo se arroja una licencia plástica y construye una obra, prácticamente efímera, siguiendo el más puro sentido de aquellos artistas que con sus intervenciones en el espacio han creado nuevas herramientas formales.

Uno de los aspectos fundamentales es el dibujo. Se trata aquí de un dibujo en el espacio real, físico, que sigue los pasos de una maestra como Gego, en Venezuela, o Robert Smithson, en los Estados Unidos. La línea conducida por la mano que recibe una orden del cerebro y del espíritu de la artista recorre el espacio, incesante e infinitamente. Tiene también la virtud gestáltica de escapársele al espectador hasta hacerse invisible en los dominios de su alma. La línea vibrante y dinámica, valorizada, recorre los muros, los pisos, los fragmentos de mármol que completan una realidad visible, "como el topógrafo que describe y delinea detalladamente la superficie de un terreno". En el plano afectivo y conceptual, el terreno que interesa a Carola Bravo es el del espectador, de allí que podríamos inferir un comportamiento similar a la construcción de un penetrable del maestro Jesús Soto. No sólo es la propuesta plástica que invade el campo conceptual más absoluto, sino su derivación hacia el campo de lo sensorial. Carola Bravo se apropia del espacio, lo interviene a su manera, en una exploración casi metafísica, y lo devuelve en un mapa en donde lo artístico se enreda con lo espiritual. Lo plástico lo resuelve en la clara e inteligible manera de ocupar el espacio dado con la línea y con el volumen de los pedazos de piedra; lo espiritual está dado en la manera de presentarlo al espectador como una catedral, como una cueva de Altamira, como la bóveda celeste y sus constelaciones, o como un lugar donde se encuentra la belleza sin estridencia, sin sensiblería. Por eso es una belleza abstracta, pero dada a ser aprehendida. Podría aquí, en Cartografías Imprecisas, hablarse de una belleza clásica sustentada por la unidad armoniosa de la línea que lo recorre todo, formando un dibujo en simetrías curiosas de círculos temblorosos, de ejes que se encuentran, de líneas que desaparecen en un infinito, en una realidad plástica donde sólo cuentan la fantasía y la creatividad de quien la ha generado.
En su obra, Carola Bravo (artista y arquitecta) insiste en las relaciones espaciales de los elementos formales, en este caso línea, no color y espacio, poniendo en el plano de la discusión el valor de concepciones tradicionales, en las que hoy hasta las mismas instalaciones se han hecho estéticas viejas. La Bravo arriesga en juego, tanto la concepción científico-filosófica del espacio como el sentido común y la sensibilidad del espectador. El espacio artístico que crea propone la materialización de ciertas preocupaciones culturales de nuestro tiempo. Con este trabajo nos devuelve a lo espiritual en el arte (recordemos a Kandinsky y su famoso libro, De lo espiritual en el arte), y plantea unos cuantos enigmas e interrogantes al futuro. Una de estas interrogantes se refiere precisamente a la reflexión del hombre y su espacio, a la arquitectura como espacio social y al hombre como ser gregario que vive en un espacio, convive con él y se nutre de él.
BÉLGICA RODRÍGUEZ
