Exposición Individualago 2001 - oct 2001· Por Valeria Piccoli

Tunga

Centro Cultural Banco do Brasil

Era casi imposible circular por la sede del Centro Cultural Banco do Brasil en São Paulo el día de la inauguración, el pasado 21 de abril. El performance Tereza, que hace parte del evento Rescate concebido por Tunga, invadió las tres plantas del edificio ubicado en el centro de la ciudad, diseminando por sus corredores cobertores de tejido barato, platos de aluminio, instrumentos musicales, cajas de sonido. En calderos, hervía una sopa aguada y colorida que era distribuida entre aquellos visitantes que se aventuraban a probarla. En el patio central se presentaba una escenificación en la que actores y bailarines, durante cerca de ocho horas seguidas, manchaban de pintalabios las grandes esculturas/campanas que ocupaban el espacio iluminado por reflectores de teatro. De lo alto de este patio pendían trenzas hechas con cobertores. Formas inflables fluctuaban junto a la claraboya. El sonido era ensordecedor. 

Exposición Individual: Tunga — imagen 1
Tunga. Rescate, 2001. Performance del artista con la participación de Arnaldo Antunes y coreografía de Lía Rodríguez.

El lenguaje con que Tunga viene trabajando en sus instalaciones y performances desde la década de 1970 se reafirmaba a cada paso. Así, se encontraban las campanas y las trenzas, formas continuamente re-elaboradas en la carrera del artista, en materiales como hierro, fieltro y vidrio. De la misma forma, todo el conjunto de su intervención parecía apostarle a un objetivo dado y literal: el artista introducía en la institución cultural el caos de las escenas con que nos encontramos todos los días en las calles de la ciudad, y que nos causan incomodidad y repudio. Era el espectáculo en vivo y a todo color de la exclusión social, de la batalla desleal y cruel que se entabla todos los días por la supervivencia en las calles de São Paulo. Sin embargo, a medida que transformaba la miseria y la degradación en espectáculo, el sentido de la obra de Tunga parecía ocultarse. 

Al recorrer corredores, escaleras y salas, el radicalismo y la vehemencia de la propuesta perdían mucha fuerza. En el CCBB, los protagonistas de la miseria de las calles paulistas eran personificados por actores bien alimentados y de buena apariencia, que usaban ropa rasgada y sucia, recostados contra el pavimento, enrollados en cobertores. El palco en que se transformó el patio central del bello edificio de fin de siglo sólo permitía asistir a la puesta en escena, como se asiste a una pieza teatral. Después del aturdimiento inicial, daba la impresión, al final, de que todo continuaba como antes, de que estábamos todos tranquilos, protegidos en el interior de la institución, en la comodidad de la compañía de nuestras parejas o acompañantes, tomando parte en un evento con tono de denuncia social. Luego, sólo había que caminar un poco por las calles desiertas y descuidadas del centro de São Paulo, llegar hasta el automóvil, salir de allí, y dejar todo atrás. 

El recuerdo más vívido era el de una música que sonaba ininterrumpidamente, alterada por los sonidos metálicos que los “miserables” producían al golpear los platos de aluminio con cucharas. Aunque las palabras de la canción no siempre se entendían, un verso repetía la expresión brasa acesa (aviva la brasa), una de las rimas posibles para Tereza. Una buena metáfora para el espacio cultural recién inaugurado. Una “brasa se aviva” en el corazón de la ciudad. Falta saber si habrá combustible suficiente para mantenerla así y hacer que la institución cumpla el papel que se propone: el de ser un núcleo que irradia la transformación y recuperación de esa región tan degradada y, al mismo tiempo, con tantas referencias para los paulistas. 

VALERIA PICCOLI

Tunga, por Valeria Piccoli | artnexus