Exposición Individualago 2001 - oct 2001· Por Juan Carlos Palenzuela

Rafaela Baroni

Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber

La exposición antológica de Rafaela Baroni realizada en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber fue importante porque contribuyó a redefinir el arte y a mostrar al público cuán amplio es el hacer artístico. Rafaela Baroni nació en la andina población de La Mesa de Esnujaque, en 1935, y a primera vista su obra pasaría como “arte popular”. Sin embargo, las coordenadas que ella ha ido estableciendo a lo largo de los años, su carácter si no autobiográfico, al menos de su propia representación, su misticismo y catolicismo, su barroquismo, su policromía, su sentido del collage, sus escalas y, en fin, sus soluciones propias de una gran escultora llevan a considerarla como una artista que desborda pequeños juicios en los que, además, no hay lugar para sus instalaciones y sus performances. En esta última categoría, por ejemplo, Baroni ha actuado en diversas ocasiones el ritual de su propio velorio, con ella descansando en el ataúd. Todo ello con una intensidad emocional y una sinceridad en la expresión, que hacen de su autoría un gesto original. Así Baroni, que es en su origen una artista popular, también debe considerársele como una artista de vanguardia. Fundamentalmente, Rafaela Baroni es tallista. Está activa desde mediados de los años setenta. Su repertorio es sacro, el santoral y pasajes divinos. Otra vertiente es Simón Bolívar, donde ella se ve en el papel de Manuela Sáenz; cuando no, su rostro es el del Libertador. Son tallas, relieves y polípticos de intenso colorido, de múltiples detalles, en los que las figuras están en un jardín y por lo general rodeadas de aves, particularmente de loros y guacamayas. Baroni se autorrepresenta desde el inicio de su hacer plástico y tridimensional. En Rafaela en apariencias con sus crinejas, de 1983, un busto en pose de escolar y un retrato cívico, hallamos el rostro que pronto se multiplicará a lo largo de su obra, incluso en modelos masculinos. Ella es virgen, ángel, heroína. Sus esculturas-tallas en un primer momento toman el ejemplo de la talla colonial (abundante en las iglesias andinas). La figura es como un muñeco que se ensambla, se pinta, se le colocan atributos y actitudes. Ella dirá que se pasó “parte de la vida tallando palito traspalito, observando su olor y dejando penetrar dentro de mí el amor a la naturaleza”. Ello nos revela una conciencia que enlaza la cultura popular y la conciencia de los grandes solitarios del siglo XX. En esta etapa hay sobriedad y sentido de lo decorativo. Igualmente, ya se distinguen sus rasgos propios: sus zarcillos son loros, su traje es estampado de flores, el rostro es el suyo, la escala es natural. Aleafar y las flores es un ejemplo singular. Aleafar es la inversión de Rafaela. Luego, sus volúmenes son troncos tallados, trabajados por todos sus lados, de modo que son amplísimos sus puntos de interés. Entre tantas obras de la artista, El poder de la imaginación (1999) es sorprendente por la capacidad de metamorfosis: el rostro de la mujer es también la cabeza de un loro y su cuerpo es al mismo tiempo el lugar del edén. El espacio mítico es persistente, La Guacamaya del nacimiento (1995), con un relato sucesivo, en aumento, hasta envolverlo todo, como en las fachadas de las catedrales. Años antes, a mediados de los setenta, había creado su dos Virgen del espejo, de rica pedrería, totalmente cubiertas de fantasía y, una de ella, con pelo natural. Dos antiguas piezas de Baroni nos permiten reconsideraciones sobre los nutrientes de lo popular y las posturas más radicales de la vanguardia: El rostro de Aliz, como si fuese una talla colonial, con pelo-sisal, y los ojos, fotografías recortadas de sus propios órganos. Y, El zapato de Aliz, calzado femenino de medio tacón, encontrado quién sabe dónde, al cual le talló el detalle del pie. En fin, los performances de Rafaela Baroni, algunos de los cuales desarrolló en el museo, y para los cuales requiere la participación de muchos extras, sea para sus bodas o velorios. Son representaciones dramáticas, intensas, con trajes de riquísima factura cosidos por ella misma, en eventos que Nelson Garrido ha fotografiado en varias oportunidades. 

JUAN CARLOS PALENZUELA

Exposición Individual: Rafaela Baroni — imagen 1
Rafaela Baroni. Mis manos. Madera tallada.
Rafaela Baroni, por Juan Carlos Palenzuela | artnexus