Exposición Individualago 2001 - oct 2001· Por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD

Pedro Vizcaíno

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Como una aventura fantástica por un mundo de objetos animados, colorido y articulado, podemos describir la última muestra de Pedro Vizcaíno. Como él mismo explica, hacía mucho que no trabajaba una serie y ésta ha resultado ser una verdadera explosión de personajes caricaturescos que hilan una trama con nombre de película1. 

Basadas en dibujos previos, estas nuevas pinturas sobre tela y papel reproducen personajes imaginarios, aviones, automóviles, tijeras, barcos, cafeteras y tanques, que transmiten en forma humorística una visión caricaturizada del entorno, de la sociedad y de la historia. 

 Si bien no hay referentes específicos, es claro que cada uno de los cuadros representa un motivo, una crítica y un descontento. A primera vista, los objetos se muestran como juguetes inertes, decorativos y hasta divertidos. Sin embargo, al observarlos detalladamente, es posible ver en ellos facciones que los convierten en seres sensibles que demuestran enojo, rabia, disgusto, nostalgia... 

Cada una de las obras presenta una sensibilidad distinta, difícil de adivinar y al mismo tiempo fácil de apropiar. Lo que el artista piensa no es necesariamente visible. En El tanque, por ejemplo, el rostro enojado del vehículo representa la guerra que el artista siente que existe entre el arte y el coleccionista. De no ser por que, al visitar la muestra, Vizcaíno da esta explicación, jamás pasaría por la mente del público dicha interpretación. Hay, sí, una referencia a la violencia y seguramente otras lecturas pueden relacionar la obra con la guerra, el armamentismo o incluso la violencia infantil. Pero de ahí a interpretar la imagen en el contexto del coleccionismo... sólo el artista. Lo importante es que éste considera que toda interpretación es igualmente válida. El público tiene la libertad de captar a su manera la sensibilidad de los personajes y de leer sus historias a partir de su propia experiencia. 

A nivel estético, composiciones sencillas y fondos monocromáticos brillantes enriquecen y favorecen el lenguaje visual de Vizcaíno. Tonos cobaltos y azules marinos, cielos estrellados y paisajes costeros (en algunos casos, con clara referencia a Miami) sirven de fondo a los personajes caricaturescos. Elementos sencillos dibujados en blanco, con referencias claras a las tiras cómicas que disfruta desde niño (estrellitas, punticos, rayitas y espirales), complementan el lenguaje fantástico con el que pinta mundos oníricos (muchos de ellos nocturnos, cargados de pesadillas). Los tonos rojos-naranja de los personajes-objetos contrastan con los azules de fondo y simbolizan, quizás, el enojo y el descontento de su creador por la destrucción que traen consigo la tecnología y la violencia. 

Exposición Individual: Pedro Vizcaíno — imagen 1
Pedro Vizcaíno. Barco de Noé, 2000. Acrílico sobre lienzo. 149,8 x 142,2.

En la serie se ve una clara influencia del grupo Figuración Libre de la década de 1980, particularmente de Combas. Algunos elementos de Di Rosa, Haring y Basquiat también se hacen presentes, tanto en la forma como en la crítica social. Como niño rebelde, Vizcaíno expresa su descontento a través de un lenguaje sencillo, desarrollado mediante el uso de la gráfica, la caricatura y el color. El suyo es un mundo infantil que subsiste a pesar del peso de fuerzas negativas. 

NOTA 

1. La cité des enfants perdus, película francesa en la que un grupo de niños es secuestrado por un hombre que no puede soñar. 

FRANCINE BIRBRAGHER

Pedro Vizcaíno, por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD | artnexus