Exposición Individualago 2001 - oct 2001· Por Francisca Rivero-Lake

Pablo Vargas-Lugo y Melanie Smith

Galería OMR

Pablo Vargas-Lugo. Piramid Panoram

Pablo Vargas-Lugo (ciudad de México, 1969) expone individualmente por primera vez en la ciudad de México, después de haberlo hecho en septiembre de 1998 en el Museo Carrillo Gil de la misma ciudad. 

En esta muestra Vargas-Lugo limita a papel y cartón los materiales con los cuales crea piezas bidimensionales y tridimensionales, usando lenguaje esquemático, en el cual minimiza los elementos y crea imágenes que desbordan en narrativa. La exposición se puede dividir en tres núcleos determinados por el material con el que están hechas las obras, es decir, cartón corrugado, papel fotográfico y collages de papel calado. Cada una de las obras forma parte de una serie. 

Exposición Individual: Pablo Vargas-Lugo y Melanie Smith — imagen 1
Melanie Smith. Popsicle (rosa), 2000. Esmalte acrílico sobre macocel. 120 x 140 cm. Cortesía Galería OMR.

El recorrido comienza con Piramid Panoram, 2001, seis estructuras piramidales de cartón corrugado que salen del muro. Detrás de cada elemento surge un reflejo de color creado porque en la parte separada de la pared, la cual da el volumen a las pirámides, está recubierto con un papel brillante de color, en cada caso diferente, que genera un sutil efecto luminoso. El volumen logrado por el reflejo y la iluminación es sorprendente; el color del cartón y la agrupación de las 6 pirámides, remite directamente al paisaje en El Cairo, en el cual está basado. Viajero, pionero y marinero, producidas en 2000, constan de una impresión fotográfica, en la cual el fondo plano es de un color, y el dibujo de un árbol es de otro. La rama del árbol, que en cada caso es diferente, se extiende por varias hojas creando un patrón por las mismas, las cuales están sujetadas a la pared por tachuelas. Dos versiones de Visión estrábica, 1999 y 2001, piezas hechas también de cartón corrugado y papel brillante de color, al igual que Piramid panoram, usan el mismo recurso de los reflejos luminosos. Creadas a partir de cajas de cartón del tipo más común y empleadas para un sin fin de usos, sin perder su forma básica, encuentran con las modificaciones de Vargas-Lugo nueva vida e interpretaciones. Finalmente una serie de collages, o dibujos, como él mismo prefiere llamarlos, con los títulos Golgotha y Mapa Roto, de 2000 y 2001 en los cuales una delicada línea crea imágenes llenas de movimiento, tanto de implosión como de explosión, sobre fondos monocromos, todos de paleta similar. 

En el catálogo publicado para la exposición Congo Bravo, en el Museo Carrillo Gil, Magali Arriola, curadora de la muestra, plantea que "... Al trastocar la apariencia de las cosas —e implícita y perversamente, al atentar contra nuestras expectativas visuales—, Vargas-Lugo nos conduce a preguntarnos en dónde reside el significado de una imagen. Busca delucidar cómo es que las cosas son como son, aun cuando aparenten ser otra cosa, y más aún cómo pueden aparentar ser otra cosa, sin nunca dejar de ser ellas mismas". Este planteamiento es central en la investigación plástica del artista. Al crear sus piezas con materiales de uso cotidiano y al jugar con la forma de las mismas, como en el caso de las cajas, que sin cambiarles la estructura radicalmente, y al agregar componentes, como en el caso de Visión estrábica (figura G) crea la ilusión, como si se tratara de varias cajas embonadas, y aprovecha una vez más el recurso de los reflejos luminosos, resultando más compleja, por lo mismo, que su homónima. 

Los collages, o dibujos que desde 1994 viene realizando, toman en esta muestra como tema los mapas rotos, idea que ha llevado a cabo también en cajas de luz, piezas que han sido expuestas anteriormente. Las cajas de luz representaban las relaciones de México con diferentes países, como México-Italia, México-Japón, etc. Los mapas rotos son un juego gráfico, en el cual toma el contorno geográfico en plano aprovechando hasta el más mínimo accidente natural de islas y costas, traslapando o jugando con el orden de las líneas resultantes, creando nuevos contornos que siguen siendo reconocibles como territorios. En el caso de las piezas expuestas en la galería, no se trata de geografías específicas; sin embargo, las imágenes siguen pareciendo territorios. 

Melanie Smith, 100% acrílico

Melanie Smith (Reino Unido, 1965) llegó a vivir a la ciudad de México a principios de la década de 1990, la obra que ha producido desde entonces ha basado su discurso en la misma ciudad, en la cual trata de encontrar elementos que pudieran estar en cualquier otra, procurando el concepto de megalópolis, más que un discurso local centrado en la cultura mexicana. Su constante enamoramiento con el modernismo, el plástico, la acumulación y los espacios masivos han sido traducido en instalaciones, esculturas, video y pintura. 

Exposición Individual: Pablo Vargas-Lugo y Melanie Smith — imagen 2
Pablo Vargas Lugo. Panorama piramidal, 2001. Cartón corrugado. 255 x 200 x 56 cm. Cortesía Galería OMR.

 En 100% acrílico, pinturas y fotografías producidas en su totalidad en 2000, son presentadas en yuxtaposición, proponiendo lecturas cruzadas, y aunque las pinturas no son una interpretación literal de las fotografías, si tienen una estrecha relación con ellos. Con títulos que localizan geográficamente el sitio en el que fueron tomadas, como Comercial Mexicana Mixcoac (tienda de autoservicio), Telas la Parisina o Vista desde el ABC (Hospital), las fotografías de gran formato que van desde 100 x 100 cm hasta 120 x 170 cm muestran paisajes urbanos genéricos, más que específicos. En cada imagen, la acumulación, el exceso y la repetición de elementos similares se ven parafraseados en las pinturas, también de gran formato. Estas llevan como títulos Car-Jam 85°, Suburbia 2.1 (tienda departamental), Authentic Atzcapotzalco tardío II (zona de la ciudad de México) títulos que dan pauta a la lectura de las imágenes, que podrían catalogarse como Op art, o Hard-Edge paintings, ambos estilos estereotipados en la estética de la década de 1960. Los colores intensos conseguidos por esmalte acrílico aplicado con increíble precisión sobre una especie de aglomerado de madera logran que las formas hipnóticas y repetitivas tengan increíble movimiento y vibración. 

Aunque, aparentemente, Melanie Smith y Pablo Vargas-Lugo no comparten en cuestión temática, conceptual o estética, son artistas cuyas obras conviven en armonía. Ambos son obsesivos en cuidar las técnicas que utilizan, su manufactura es impecable; la calidad de la línea, el manejo cromático son primordiales en ambos casos, características raras en la producción contemporánea. Ambos artistas también demuestran un gran conocimiento de la historia del arte y toman de la misma puntos de partida y referencia en sus obras. En el caso de los collages y los árboles de Vargas-Lugo, mantienen estrecha relación con la chinoiserie, apropiación europea de la estética oriental popular en el siglo XIX, o con los techos pintados por Tiepolo o Ticiano. Mientras que Smith hace un constante homenaje a Victor Vasarely, Ellsworth Kelly, etc., en las pinturas, y a artistas como Andreas Gursky, en las fotografías. 

Al recorrer ambas muestras perfectamente delimitadas, la noción de lo popular mas no de lo folclórico y del momento presente, se hace evidente. Gracias al proceso intelectual y estético que cada uno de los artistas hizo de estas realidades, logran que al salir de la muestra se haga una relectura de lo que dentro y fuera de la galería une o separa al arte de la vida cotidiana y a los comunes ciudadanos que dan por hecho lo que está ahí a la vista, de lo que Pablo Vargas-Lugo y Melanie Smith toman como tema de creación y reflexión. 

FRANCISCA RIVERO-LAKE

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