La instalación de Milton Rosa-Ortiz Objects of Desire, 2001, fue creada con la participación de la audiencia en la noche de su inauguración. El artista invirtió los papeles usuales, el espectador se convirtió en participante y la obra de arte existió sólo después de que el público la “creó”. A 66 personas provenientes de distintas partes del mundo se les pidió que trajeran consigo su “objeto de deseo”, los cuales Rosa-Ortiz fue colgando de cuerdas azules que pendían del techo, uno tras otro, en arcos azules paralelos calibrados con precisión, que serpenteaban a través de la galería hasta el vestíbulo. El conjunto se cernía en lo alto como la caja torácica de una bestia. El artista unió los distintos objetos que iban desde revistas Playboy y ropa interior femenina hasta una naranja, un erizo de mar, una barra de chocolate y un diente, empleando el color azul. Los objetos que no eran de este color fueron pintados o guardados en plástico azul. Por último, a las personas que habían aportado su objeto de deseo se les pidió que llevaran puesta ropa interior azul para el performance y se les animó para que, mientras estaban en la galería, se pusieran overoles blancos traslúcidos de los que usan los pintores; entonces, ellos se volvieron “objetos de deseo” con su ropa interior azul revelada en forma sugestiva.

Muy poco es dejado al azar en las creaciones de este artista organizadas con precisión. Una cualidad demostrada por lo más destacado de la exposición, la serie de esculturas titulada Vieques is Burning. Rosa-Ortiz nació y se educó en Puerto Rico, y estas piezas, móviles minuciosamente construidos con pedazos de vidrio encontrados en las playas de Vieques, son discordantes aunque hermosos testimonios del estado actual de la isla. Cada móvil alcanza seis pies de alto y contiene más de 250 líneas transparentes, de cada una de las cuales pende un trozo de vidrio. Los fragmentos cuelgan en un orden increíble exhibido en Map, Vieques is Burning I, 2000, en el cual cada trozo está trazado en un diagrama sobrepuesto sobre una fotografía aérea en blanco y negro del sector de Vieques ocupado por la armada de los Estados Unidos. En la escultura delineada por el mapa, Vieques is Burning I, 2000, los fragmentos tienen un tono lechoso y sus bordes están suavizados por efecto del mar, de modo que el móvil se ve como una suave nube de formas traslúcidas que van disminuyendo hasta llegar al piso en diminutos fragmentos. Una delicada curva de fragmentos verde pálido pasa a través de la suave masa de blanco en donde brilla tenuemente un solo trocito de vidrio ámbar.
Vieques is Burning 3, 2000, es un tosco aunque encantador móvil que incorpora fragmentos irregulares de color café que crean una banda del mismo color, con unos pocos trozos que van disminuyendo por encima y por debajo, como volutas de humo. Colgando paralela a la masa café, una delicada estela de vidrio verde-azuloso pálido se esparce hasta el piso. Las esculturas de Rosa-Ortiz, a pesar de las advertencias colocadas sobre las paredes de la galería, invitan a que se las toque, debido a su etérea belleza. Es precisamente el acentuado contraste entre la delicada imagen del vidrio que se precipita en una cascada y el peligro que representan los cortantes bordes de los fragmentos, lo que la serie Vieques trata; los peligros originados en la tranquila comunidad que habita en las playas del puerto por la presencia de la armada de los Estados Unidos, tal como las esculturas de Rosa-Ortiz, transmiten la belleza superficial y el peligro físico inmersos en sus fluidas aunque lacerantes formas. Las fachadas de Rosa-Ortiz, construidas en forma muy exigente, ocultan los complejos lazos que hay detrás de ellas, en términos tanto técnicos como temáticos.
MARY SCHNEIDER ENRÍQUEZ
