Lía Bermúdez es una escultora de pocas exposiciones individuales. Sin embargo, ese dato no disminuye la atención sobre su obra. Desde mediados de la década de 1980 su creación se distingue por sus planos semicurvos, expansivos, de fuerte color primario, carente de pedestal y fundamentado todo ello en concepto de espacialidad. Ya advertía Hugo Figueroa Bret, en 1976, que esta obra comenzaba a reconocerse en su carácter de “levitadas, sus alas simples, compuestas (...) lo que hemos dado en llamar sus mariposas”. Ciertamente esta obra se asocia a la naturaleza y especialmente a alas, pero más bien se trata de una escultura que desde lo estructural aborda ritmos en el espacio, ámbitos en crecimiento, relaciones de líneas, planos, luz y sombras. La sombra es un factor principal en esta obra y quizás ello le resta peso físico, pues aunque sean piezas de enormes dimensiones, de 1,50, 1,80 ó 5 metros de largo y en hierro y con soldadura, parecen ligeras. Son ligeras.

El vuelo es una idea asociada a esta obra. Vuelo de algún elemento de la naturaleza, un ave o una hoja, los cuales son síntesis, concepto y nunca forma figurativa. Para Lía Bermúdez, la materia es una forma alada, dibujada, elevada.
La exposición El volar de la materia, de 12 esculturas de Lía Bermúdez en la Fundación Provincial, es la ocasión para reflexionar sobre la escultura geométrica, el color y el hierro en el hacer de esta artista. Estas cuelgan del techo, están adosadas a la pared, colocadas en el piso y sólo las más pequeñas ( y esto es un decir, pues llegado el caso, sus medidas pueden ser de 100 x 60 x 30 cm, como en Roja vertical) disponen de un pedestal.
Regularmente sus piezas son cuerpos en dos o más partes que apenas algún extremo hace las veces de pie. Bélgica Rodríguez acierta, en el texto del catálogo, al decir que en esta obra “No hay tema”. Luego todo se concentra en el hecho mismo del volumen y su disposición a moverse en el aire.No en vano algunos de sus títulos son Inventando el vuelo y Horizontal azul, en las que evidencia cuerpos en elevación. Ello lo logra la artista por medio de planos de triángulos, algunos agudos y otros escalenos, en los que cada figura se despoja de toda retórica y vale por su propia cualidad.
Del conjunto destacaría dos obras en particular: Petrolia, voz inventada por la artista, que suponemos variante del petróleo (recordemos que ella viene de Maracaibo). Petrolia es de color negro oscuro con matices y, hacia el centro, tiene un cuerpo semicircular que podría corresponder a la imagen de torre, y Dibujo en el espacio, que acentúa aún más la sensación de vacío, de formas que se compenetran y, en el contexto de este ejemplo en específico, de una escultura conceptual: despojado del cuerpo que le caracteriza, sólo queda, sólo escoge y sólo presenta sus líneas constitutivas. Así, la obra experimenta en sí misma, para buscar otros senderos expresivos.
JUAN CARLOS PALENZUELA
