Exposición Individualago 2001 - oct 2001· Por Pablo Helguera

Joshua Okón

Modern Culture at the Gershwin Hotel

Dos chicas adolescentes, de aspecto burgués mexicano, y con vestido escolar, nos confrontan provocadoramente en un video, esperándonos toda clase de frases sexuales obscenas, propias de un obrero de la calle. Esta videoinstalación de 1998 de Joshua Okón se presentó recientemente como parte de su más reciente exposición individual en Nueva York, bajo el nombre de Cockfight (Pelea de Gallos). La obra confronta de la manera más directa, al estilo clásico de los fundadores de La Panadería, la colisión entre las dos caras de la sociedad mexicana: por un lado, la clase adinerada con todas sus afectaciones y rígidas estructuras sociales, y por otra, la clase proletaria con sus instintos animales y su única arma para ponerse a mano con los demás: el lenguaje. 

Exposición Individual: Joshua Okón — imagen 1
Joshua Okón. Cockfight, 1998. Aspectos de la instalación.

Aparentemente, las protagonistas del video no son sino conocidas que el artista encontró en una fiesta y que llevó a su estudio después de unos tragos para que actuaran toda clase de insultos y obscenidades frente a la cámara. Fuera esto cierto o no, de todas formas el contexto de la obra, y la atmósfera que se percibe en el video, son demasiado poderosos para ser ignorados. El comportamiento de las dos chicas en el video sugiere que en efecto no han sido preparadas para la escena, sino que se han lanzado a ella a la brava, con instrucciones mínimas, al estilo de las películas de la Factory de Warhol. 

La extrañeza de la situación — el poder gritar ante la cámara los insultos más inimaginables— genera un curioso y sutil nerviosismo e incomodidad en las adolescentes, quienes se dedican a encontrar los insultos más imaginativos posibles. La grosería mexicana, dicho sea de paso, es un deporte formidable de creatividad y giros verbales. Gana siempre el que resulta más ocurrente e ingenioso, y pierde el que no es capaz de responder a los ataques al mismo nivel e intensidad. En el caso de las niñas “bien”, el video se convierte en un juego humorístico sobre la superficialidad del contenido y de los patrones sociales de comportamiento. Quizá esto va más allá de lo que originalmente buscaba Okón, cuya obra se caracteriza sobre todo por desacralizarlo todo, y en el proceso, asegurándose de incomodar al espectador. 

Por otra parte, en el video L’artiste Mexicain, también hecha hace un par de años, pero en este caso para una exposición en Francia, vemos un personaje de espaldas con los pantalones bajados, en pleno acto de fornicación y con su complemento sonoro de la voz extática en francés de una mujer. La explicación que se nos da es que esta obra se hizo para desmitificar el exotismo del artista, en particular el artista mexicano que viaja a Europa. La obra, en efecto, es un comentario burlesco a la actitud de ambos lados del océano a la idea del artista bohemio y su experiencia aventurera, así como la inevitable mención sobre el machismo mexicano como producto exportable. Pero también el video encuentra perfecta afinidad con otro estereotipo artístico que, por cierto, precisamente se originó en Francia gracias a un tal Rimbaud: la del enfant terrible. 

De cualquier forma, Okón se regodea en su propia antisolemnidad, un antídoto que le ha servido bien a los artistas de su generación para contrarrestar las actitudes rígidas sobre el arte y la sociedad que nos han marcado por tanto tiempo en Latinoamérica, que no dejan de invitar a la parodia. 

PABLO HELGUERA

Joshua Okón, por Pablo Helguera | artnexus