Exposición Individualago 2001 - oct 2001· Por Raúl Zamudio

Javier Téllez

Museo Rufino Tamayo

La exposición de Javier Téllez en la Sala Siete del Museo Rufino Tamayo, que es su vitrina para arte contemporáneo, fue un tour de force que ejemplificó la antítesis de lo que se ha convertido en la tecnodependencia del video. Lo anterior se puede ver en el video reciente que sucumbe al espectáculo, en donde el hechizo tecnológico se convierte en un fin en sí mismo. Sin embargo, esto no sucedió con la exposición de Téllez, que logró minar las históricas estrategias del video para transformarlas en frescas configuraciones. La exposición consistió en dos obras en video que estaban tangencialmente ligadas mediante las combinaciones de cordura/locura y racional/irracional que están ideológicamente arraigadas en la dialéctica filosófica del yo/otro de la Ilustración. Las dos obras exhibidas fueron The Last Supper (2001) y Bedlam: I Am Happy Because Everyone Loves Me (2001). Ambas enfocaban sus temas individuales aunque convergentes, pasando por distintos modos formales y conceptuales. 

Exposición Individual: Javier Téllez — imagen 1
Javier Téllez. Bedlam .Soy feliz porque todos m e quieren, 2000. Instalación.

The Last Supper fue presentada en un formato convencional de video, y consistía en residentes de un sanatorio venezolano que fueron reunidos como en la obra de Da Vinci citada en el título del vídeo. Además del reparto de los personajes del Nuevo Testamento, Téllez insertó en el cuadro vivo a otro personaje cuyo papel sólo se puede considerar como una especie de coro griego. Su ininterrumpido monólogo de conciencia cantado a cappella se convirtió en el incorpóreo Espíritu o Palabra hecho carne; reminiscencia de lo que Jacques Derrida llamó el Significado Trascendental. El personaje le agregó un interesante contrapunto a los tímidos gestos comunicativos de las otras figuras. Los demás “actores” del video estaban narrativamente divididos entre su sublime representación de la narrativa cristiana y aquella de su condición social: alteridad. Este dilema existencial no estaba presente con condescendencia, sino con un aire subversivo de lo carnavalesco, que es también un elemento de su otra obra. 

Bedlam: I Am Happy Because Everyone Loves Me estaba basada en el famoso Hospital Bethlem de Londres, del cual se deriva la palabra bedlam. La instalación consistía en un interior negro con una proyección de video, y en la mitad del salón había una enorme pajarera cuyas paredes interiores estaban cubiertas de pajareras más pequeñas hechas por los residentes del Hospital Bethlem. Los orificios de cada una de las pajareras proyectaban una pequeña luz a la cual le hacía eco la apertura de la pajarera más grande, desde donde el espectador podía ver el video presentado en la pared exterior. El video mostraba sesiones de capacitación en técnicas de restricción enseñadas por el personal de Bethlem. Al video se le redujo la velocidad para dar la apariencia contradictoria de violencia o, posiblemente, de gestos eróticos. Junto con el video había una pista de sonido de la canción Volare, que más o menos traduce volar. La ironía de tal estrategia es enfatizada dentro del contexto de la pieza de video, aunque la articulación formal general de la obra está brillantemente ligada a su empuje conceptual. 

La instalación se centra en la construcción discursiva de la locura que está incondicionalmente arraigada en la modernidad occidental. Bedlam implica que la manifestación histórica de este discurso ha aparecido en diversas formas. La alegoría de Platón sobre la caverna —por ejemplo, adquiere ahora un significado diferente, ya que las sombras proyectadas sobre el muro de la cueva, que resonaba una dicotomía de conocimiento/ignorancia—, es expuesta ahora ideológicamente como referida a cordura/locura y salud/enfermedad. Sin embargo, Téllez también involucra otras teorías de la adquisición del conocimiento o epistemologías como igualmente problemáticas. La metáfora del teórico del Renacimiento León Battista Alberti, de la pintura como una ventana es no sólo acerca del ojo como ayuda estética, y la noción de que la perspectiva es universal, sino también acerca de lo que el historiador Martin Jay llamó una visión ocular céntrica del mundo. El óculo-centrismo es también algo que Marcel Duchamp refutó, pero él lo calificó de condición del modernismo y su tendencia hacia lo que él denominó arte basado en la retina. El privilegio del ojo también se puede percibir en el mecanismo penal de vigilancia de Bentham llamado el panopticon. En esta tecnología de vigilancia, los internos son custodiados por una torre central que permite vigilarlos constantemente. Como la torre está en las sombras y las celdas de los internos están iluminadas, los efectos sociales del auto-monitoreo se elevan al punto de convertirse en tortura física. 

Lo que Bedlam parece estar transmitiendo es que la torre es intercambiable con la ventana albertiana, a manera de visión. De la misma forma, el privilegio que Platón le concede al ojo y las metáforas que él emplea para construir su modelo de condición filosófica humana son analogías para el discurso de la locura. Al final, Bedlam es una obra compleja que está formal y conceptualmente compuesta de un vocabulario visualmente poético, y manifiesta la inteligencia de un artista experimentado. Será interesante ver cómo madura el relativamente joven Javier Téllez. 

  RAÚL ZAMUDIO TAYLOR

Javier Téllez, por Raúl Zamudio | artnexus